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Un monstruo de la sinrazón (I)
09-06-2007, Juan González Febles

Se ha dicho que el sueño de la razón produce monstruos. Entonces: ¿Qué queda para la pesadilla de la sinrazón? El teniente coronel Rodolfo Pichardo Olano, de la Seguridad del Estado, es un caso digno de estudio sobre el estrago real del totalitarismo en el alma humana.

Un colega describió al coronel Rodolfo Pichardo como un lombrosiano diplomado por partida doble. Yo, que dispongo de conocimiento de primera mano, agregaría: con jerarquía castrense por añadidura. Vamos a exponer de forma somera al monstruo formado por la sinrazón castrista.

De acuerdo a lo que he podido investigar sobre este personaje, procede de un medio académico-intelectual. La Dra. Hortensia Pichardo cuenta en su parentela al coronel Rodolfo. Es graduado de Derecho y Psicología en 1971 en la Universidad de La Habana.

Se le conoce entre su círculo de "segurosos" como "Pichi". En la actualidad, vive austeramente con su familia. Lo hace en zonas no segregadas y en contacto con la población.

Reside en La Víbora. No se trata de algo simbólico o de alguna alusión metafórica. El reparto se llama La Víbora, con o sin el teniente coronel Pichardo. Su modesta vivienda se encuentra en la calle Vista Alegre, entre Párraga y Poey.

Clasifica como el clásico "monstruo tierno". Esto es, alguien capaz de conjugar funciones de torturador con la atención devota a su familia y un trato afectuoso y fraternal a su círculo de amistades y allegados.

Es el mismo estilo criminal inaugurado por el nazismo, el estalinismo y otros sistemas totalitarios. La estirpe de Reinhardt Heydrich, Adolf Eichman y Lavrenti Beria. Ellos, y el resto de sus colegas de aquel momento, también amaron a su manera a la familia, a la patria y por supuesto a su fuehrer. No fueron tan malos como la gente piensa, quizás peores.

Sobre Rodolfo Pichardo sobran testimonios. Sabe torturar, eso nadie lo duda. Destruye el alma y deja el cuerpo intacto. Una suerte de bomba neutrónica, letal, silenciosa y verde olivo. Cuesta trabajo recuperarse cuando se sale de las manos de Rodolfito. Pero se hace. Que no siempre salen las cosas como se planean.

Sus habilidades como torturador las desarrolla en la tiendecita de horrores establecida por el régimen en el cuartel general de la Seguridad del Estado. Me refiero a Villa Maristas.

En torno a ello, me remito, y exhorto a todos a hacerlo, a los testimonios que legaron la poetisa y periodista Tania Díaz Castro y la también poetisa Maria Elena Cruz Varela. Ellas aportaron su testimonio sobre el refinado sadismo de este personaje. Lo que ambas en su momento dejaron escrito da la medida de la clase de persona sobre quien estamos tratando.

Pero no basta. Sobre Pichardo, Elizardo Sánchez-Santa Cruz, reconocido activista de derechos humanos y director de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, nos dice:

"Parece sentir predilección por las poetisas. Se ocupó de los interrogatorios de las Tania Díaz Castro y Maria Elena Cruz Varela. Se trata de un frío torturador. Sobre todo en el empleo magistral de procedimientos sicológicos. Hasta donde sé, interrogó también al sindicalista Jesús Escandel. Antes de ser purgado, fue por más de veinte años, secretario de Relaciones Internacionales de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC). Contra Maria Elena Cruz, usó sicópatas para agredirla físicamente. Lo hizo mientras Maria Elena estuvo retenida bajo la custodia de la Seguridad del Estado. Cuando fue ingresada en el hospital militar."

* Diseminado por Cubanet


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