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SOCIALISMO Y BUROCRACIA
08-06-2007, Jorge Olivera Castillo

SOCIALISMO Y BUROCRACIA: LA FATAL REDUNDANCIA

Se quiere dar con la clave de los milagros. Imponer pautas en la solución de un conflicto que nadie ha podido encontrarle un cauce satisfactorio. ¿Acaso es posible, a estas alturas de la función, pensar en un triunfo frente a las huestes que fomentan la indisciplina y el descontrol administrativo?

No tengo de referencia a ningún sistema de gobierno con sede en el primer mundo. Estoy con mi interrogante justo en las entrañas de una isla donde se presume desde podios y tribunas que la práctica del socialismo es la antesala de la felicidad y el éxito.

Aquí se formulan las estrategias para derrotar una invasión de vicios y tradiciones que han logrado penetrar en las profundidades del tejido social.

Los planes se diseñan en las sedes del casi cincuentenario partido comunista. En todo el entramado institucional se barajan propuestas. Políticos de diversos rangos, funcionarios de los ámbitos laborales y ex–militares convertidos en ministros, afinan sobre el papel la puntería de sus propósitos. Otros modelan con su voz, un tono que anuncia de antemano uno, dos, muchos laureles.

Los burócratas alistan las armas para luchar contra su propia sombra. Sí, no es mentira que ahora sacan lo mejor del arsenal para hacer picadillo a la burocracia.

Amagan con una batería de procedimientos reciclados y otros de reciente factura, el resto queda en el limbo del secretismo. Más que buenas intenciones, sobresale la retórica y el interés de proclamar victorias desde posiciones que arrancan, de espectadores críticos e infortunados moradores del hastío, miradas piadosas y suspiros que aportan válvulas adicionales para disipar los vapores de la ira.

Lamentablemente, llegan tarde con unas iniciativas vaciadas de contenido. Antes, quizás con menos pasión, hubo declaraciones de guerra como preámbulo de operativos para fulminar el descontrol, inspecciones avisadas y sorpresivas, decretos, amenazas de fuertes castigos a los transgresores, llamados a la conciencia de jefes y subordinados, redoblamiento de la vigilancia mediante las guardias obreras.

A 48 años de distancia, el panorama es el mismo. Las mejorías en las condiciones de vida y laborales, el control de los recursos, la proscripción del fraude y el soborno, continúan en el plano de lo quimérico. Sería absurdo comparar a Cuba con países que aún conservan un subdesarrollo con muchas aristas medievales. A menudo se suelen hacer comparaciones con el fin de resaltar los logros impulsados por una revolución urgida de una terapia que la saque del soponcio.

Sin dudas, en la actualidad, hay más médicos e ingenieros per capitas, el analfabetismo ha sido erradicado. Casi el 100 % de los cubanos puede leer y escribir.

Son signos indudablemente favorables desde la óptica de nación pobre, pero que distan de una integralidad donde estén contemplados equilibrios, disponibilidades objetivas y proyecciones que converjan en fórmulas coherentes y desprovistas del voluntarismo y otros desenfrenos dados en complicar, revertir y entorpecer el presente y el futuro.

El manejo de las cifras deviene en un arte. Dentro de la frialdad numérica queda oculta una realidad que corta tanto como una guillotina. Hoy el obrero, el doctor, el científico, la ama de casa, los jubilados, son unos miserables que duras penas sobreviven con unos salarios de servidumbre.

En gran mayoría son huéspedes de hogares destartalados o víctimas del hacinamiento. Carecen de garantías de transportación para llegar a tiempo a sus centros de trabajo. No pueden, aunque posean el dinero, hospedarse en un hotel donde se le da la bienvenida sólo a los extranjeros.

Eso sí, son útiles para mantener la imagen idílica. Piezas de un juego que se mueven al gusto del competidor.

Todos trabajan porque en un edicto, se anatematizó el desempleo, no porque realmente existan las condiciones y el deseo de hacerlo. La lógica indica que sin políticas de estímulo y expansión de los medios de producción, es imposible dar un empleo grato y decente a los más de cuatro millones de trabajadores existentes en Cuba.

De ahí el parto. La burocracia con una descendencia saludable, husmeando en los más insospechados rincones del país. Ahora entre sus más aguerridos oponentes, se encuentran quienes le lanzan las provisiones y dan el beneplácito para sus correrías a través de la indiferencia y la irresponsabilidad.

Deberían reconocer que se preparan para otra batalla perdida hasta tanto no decidan la vía hacia una reforma que traiga la coherencia y la objetividad como premisas. A mi modesto entender la burocracia hace bastante tiempo se almorzó a la revolución y al socialismo

Es sano conocer que muy poco o nada funciona en Cuba. Los laureles se marchitaron.

Afirman analistas que el impulso se perdió desde 1968, cuando se llevó a cabo la llamada Ofensiva Revolucionaria. Fue un huracán que deshizo lo que quedaba de la iniciativa individual llevándose también en el torbellino los últimos despojos de la dictadura de Fulgencio Batista (10 de Marzo de 1952 – 1 de Enero de 1959). Era el alumbramiento del totalitarismo. El padre de la burocracia. El fenómeno que no pierde los bríos, ni las esperanzas de seguir en ascenso y desde la cima continuar con los hilos del descontrol, la ineficiencia, los robos y cuanto sirva para echarle a perder la fiesta al partido único.


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