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Cuba y su Realidad Social 23-04-2017

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LA FALACIA DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI*
31-05-2007, Américo Martín (Venezuela)

I- EL CAUDILLO NECESARIO

 

El Napoleón de nuestro tiempo

Un poco de sociología de segunda mano anda revuelto con adulaciones rastreras en páginas que pagó e inspiró la dictadura de Juan Vicente Gómez. Mariano Picón Salas

“¿Qué papel juega Hugo Chávez en un Nuevo Proyecto Histórico para la Humanidad, y sobre todo, por qué socialista?” Es la pregunta que formula Heinz Dieterich antes de explanar su propuesta sobre lo que deba entenderse por Socialismo del Siglo XXI. En su disertación, plagada de citas filosóficas y científicas, Chávez es un deux ex machina. Por eso le confiere a lo que diga o haga la distinción de una piedra filosofal. Sus frases serán glosadas y aviadas conceptualmente por el profesor Dieterich, como apreciará el lector independiente al leer su libro (1). De más está decir que epígonos de Marx procedieron de la misma forma, al igual que los de Lenin, Stalin, Mao Zedong, Kim Il Sung, Enver Hodja y Fidel Castro. Dado que el marxismo y el socialismo han sido tomados por muchos cual verdaderas ciencias, la supeditación absoluta del movimiento a un líder, fuente de verdades apodícticas, es la primera prueba de la inanidad de semejante pretensión. No lo merece un saber atado a la infalibilidad de un individuo.

Es importante resaltarlo porque los dos autores que serán estudiados de seguidas son quizá los únicos que a nuestro juicio han tratado de proporcionar una visión totalizadora, desde el punto de vista del gobierno, acerca del socialismo del siglo XXI. Dieterich pierde credibilidad con estas sofocadas loas que afortunadamente son prescindibles, pero creo que su argumentación podría sostenerse sin ellas. Pensemos entonces que son sólo adornos retóricos en busca de indulgencia.


Escribe Dieterich:

“Pues es él, el presidente que lucha por la dignidad de un pueblo, quien se atreve públicamente a hacer una convocatoria mundial para definir las bases de la sociedad postcapitalista, con un basamento esencialmente marxista y con aportes cargados con las ideas de Jesús el de Nazareth, de Simón Bolívar, de Simón Rodríguez, de Ezequiel Zamora, de José Martí, de Ernesto Che Guevara”

Pretende Hugo Chávez –a tenor de la obra in comento- erradicar la enfermedad del siglo, como la definió Simón Rodríguez en 1828; “es una sed insaciable de riqueza que se declara por tres especies de delirio: traficomanía, colonomanía y cultomanía. Chávez se afilia a las ideas originales de Marx y Engels”… pero igualmente a Cristo y Bolívar, quienes según el presidente –glosado con entusiasmo por HD- serían socialista el primero y en camino de serlo, el segundo. Inútil recordar que hacer de Jesús un militante político es un milagro de la Providencia, si consideramos que ni siquiera aspiraba al poder terrenal, raison d’etre de este oficio. Mi reino no es de este mundo, cita el evangelio según San Juan. De Bolívar, ¿qué decir? Su pensamiento se mueve, todo él (fuera de algunos retrocesos quizá inducidos por la necesidad) en el marco de la Ilustración, suprema revolución ideológica promovida desde mediados del siglo XVIII por la burguesía en ascenso. Y su condición social era la propia del régimen señorial. ¡Qué socialismo ni qué niño muerto puede haber entonces en la ideología y praxis de Bolívar y sus compañeros de generación!

HD se las ingenia para encontrar (sin citarlas, por supuesto) pruebas de socialismo en el discurso de Angostura y afirma por su cuenta –de nuevo sin precisar la fuente- que Simón Rodríguez “le agregaba al programa de la Independencia una dimensión universal y estratégica: la liberación de la humanidad a través del socialismo” ¿Qué podemos decir de estas graciosas tergiversaciones?

Ya lanzado sin frenos por la autopista del ditirambo, nuestro profesor jura que Hugo Chávez es el más grande de los líderes mundiales de todos los tiempos, porque: “no sólo trasciende el alcance geopolítico de la praxis de liberación de Simón Bolívar…sino que actúa objetivamente a semejanza de Napoleón Bonaparte”. Evocando a Hegel, repite que el gran corso fue el “alma de su época”, mientras que Chávez lo sería de la nuestra, lo que opaca severamente la obra de Napoleón porque éste apenas vivió el momento histórico de la burguesía emergente ¡Pobre Bonaparte! Su obra terminó contraída a los estrechos límites de una clase minoritaria, en tanto que su aventajado sucesor venezolano, más universal, es la especie humana en cuerpo presente. Dieterich dixit.

Dudas inquietantes

El gobierno bolivariano cumple 8 años. Y aunque según sus autores el socialismo siempre fue la meta definitoria, razones pertenecientes al orden de la estrategia aconsejaron no anunciarlo de una vez. Será con la victoria electoral del 3 de diciembre 2006 cuando, sin remilgos e interpretando a su manera el dictamen de las urnas, el presidente proclame el carácter socialista de su revolución. ¡Tuvo ocho años para definir sus contenidos y sin embargo sorprende que sea ahora cuando, en medio de tanteos y diferencias notables, aparezcan las primeras aproximaciones conceptuales! En general se trata de ideas confusas que relacionan el socialismo con programas asistencialistas o con supuestas formas de participación popular, lo que viene a ser un error de mucha monta. Otro problema, reconocido por los pensadores bolivarianos, es la propensión a eludir definiciones ocupando el grueso del discurso en encontrar lo que no es el nuevo socialismo. Se nos regatea de esa manera el conocimiento de lo que sí es. Haimas El Troudi, por ejemplo, recomienda mesura y prudencia dado que es mucho lo que debe tantearse, porque “se sabe lo que no debe hacerse (neoliberalismo, socialismo real, capitalismo) pero se desconoce a ciencia cierta lo que deba hacerse” (sub nos) (2)

Cada vez que pueden, los voceros del presidente recalcan que su socialismo no se asemeja a ningún otro de los conocidos. Se separan insistentemente del socialismo real, que feneció con la caída del Muro de Berlín, aunque queden dos declinantes sobrevivientes: Cuba y Corea del Norte. A partir de esa premisa se esfuerzan por subrayar diferencias. No contemplamos la dictadura del proletariado, ha dicho el presidente Chávez, inmediatamente coreado por sus subalternos. Parece un paso original e impresionante, pero no lo es si recordamos que dictadura del proletariado no hubo en ningún momento del siglo XX, más allá de la pura frase.

Si en cierta circunstancia, efímera por lo demás, pudo pensarse que en la Rusia de los albores de la revolución bolchevique los soviets ejercieron influencia importante en las determinaciones del gobierno y el partido comunista, ya en 1920 habían sido integrados plenamente al poder soviético, cuya dictadura ejercía el partido de Lenin. Había sido ésta una organización de debates internos genuinos, sobre todo en sus primeros Congresos, pero ni siquiera entonces el proletariado tuvo mayor peso en las decisiones. Aplastada la oposición obrera en el X Congreso del PCUS, no hubo –para decirlo con la gráfica expresión de Bujarin- dictadura del proletariado sino del secretariado. Y después, ni eso.

A partir de 1926 el círculo siguió cerrándose hasta que en 1929 la totalidad del mando recayó en el líder absoluto, el despiadado georgiano Iosif Stalin. Irrumpió así una feroz dictadura personal, afincada en una estructura estatal militarizada, con un Estado hiper-dimensionado y una sociedad civil estrangulada. Al “renunciar” a la “dictadura del proletariado”, el proyecto bolivariano no rompe con tortuosas adulteraciones del pasado. Por el contrario, como veremos, repite manifestaciones perversas del socialismo real.

La peliaguda cuestión del mercado

Lo que confiere significación a Dieterich y El Troudi es que son los únicos que afrontan el asunto del mercado como hecho real, así sea para lo que llaman la transición. No lo resuelven, pero ya es algo que lo intenten. No deseamos reproducir abstractas polémicas sobre el mercado y el Estado, que pueden encubrir situaciones en lugar de despejarlas. Decir que los sistemas neoliberales lo dejan todo al mercado es tan falso como afirmar que –fuera de excepciones históricamente aniquiladas- el socialismo entrega todo al Estado. En la vida ordinaria las realidades son más matizadas, aunque por supuesto el antagonismo es muy real y determinante. Es cosa de saber dónde se coloca el énfasis (3) Dudando de la utilidad de los debates puros nos limitaremos a enfatizar -a los efectos de este libro- la forma como el mercado está incidiendo en procesos concretos del socialismo real, tanto en el pasado como en el presente.

Haiman El Troudi, acepta la inevitable permanencia cuando menos temporal de mecanismos de mercado, pero inmediatamente se contiene, sin duda para evitar que recaigan sobre él cargos de apostasía doctrinaria. Para evitar que se dude de su fe socialista, se siente obligado a arremeter contra el viejo sistema cada vez que quiere proponer aperturas: “Hay que hacer ver –subraya- que el capitalismo es un mal negocio, pues es cortoplacista, no sustentable, explotador” (4) En el mismo sentido se pronunció Fidel Castro, a propósito de los mercados campesinos en Cuba y ciertas flexibilizaciones de signo capitalista en el inicio del Período Especial en tiempos de paz.

Al igual que El Troudi, las admitió a regañadientes, cuidándose de calificarlas como “mal inevitable”. No tocar este tema en una propuesta de socialismo que deba aplicarse sobre la marcha, la condenaría a flotar en el limbo de las utopías inalcanzables. or eso, porque Dieterich y El Troudi son –hasta donde sepamos- los únicos que se atreven a hacerlo, vale la pena tomarlos como referencia para analizar el proyecto de socialismo bolivariano o del siglo XXI Pero como El Troudi osa decir que ese tratamiento del mercado es una de las “originalidades” de la revolución bolivariana, creo útil recordar las dos formas de respuesta que el socialismo real dio al indicado tema. Se diferencian entre sí porque una considera el mercado como un retroceso obligado por las circunstancias, y la otra cree más bien que es un paso de avance, en tanto que parte estructural del socialismo mismo. Resumiré brevemente los casos de la URSS y Cuba (y Venezuela), dentro de la primera, y de Yugoslavia y China, dentro de la segunda.

1.1 URSS: NEP y reforma de Liberman durante el deshielo jruschovista

Después del desastre del comunismo de guerra, y colocado el país al borde de la destrucción, Lenin postuló la Nueva Política Económica en el X Congreso del PC (1921). Se restauraba la propiedad privada en la agobiada agricultura, aunque no “en la tierra” sino “en la producción”; se aplicaría un impuesto en especie a los productores y ya no la requisición forzosa de sus cosechas, quedando aquellos en libertad, luego de liquidado el tributo, de acudir al mercado. Los campesinos pudieron arrendar, contratar obreros y acumular excedentes. Fue una yuxtaposición de socialismo y capitalismo en la agricultura, el comercio y la industria.

Este “retroceso” reveló que no era fácil librarse del mercado. Lenin dijo, resignado, que los soviéticos no eran aún suficientemente civilizados para el socialismo. Muerto el jefe de la revolución, lanza Stalin en 1929 la industrialización acelerada. En ella no cabía la suave reconciliación urbano-rural de la NEP, y por eso fue oficialmente derogada, pero posiblemente Bujarin y Lenin le hubieran dado una vida más larga (5)

En la década de 1960, se inicia con el premier Jruschov lo que se ha llamado el Deshielo. El nuevo gobierno pretende superar a EEUU tanto en volumen de producción como en ingreso por habitante, y para mejorar el rendimiento de su industria aprueba la reforma del economista Jevsei Liberman. Se introducían en la cerrada economía soviética criterios de beneficio capitalista e incentivos materiales, no morales, para mejorar la productividad de los trabajadores. Se organizó una estricta contabilidad de costos en cada empresa en el marco de la planificación nacional y con el límite de las cifras de control proporcionadas por el GOSPLAN (Comité Estatal de Planificación)

Inmediatamente 400 empresas se sometieron al nuevo discurso. Lograron algunos avances, pero pronto la reforma fue abandonada, hasta que desde 1970, en medio de una honda crisis, comenzará a decaer el sistema soviético, hasta fenecer durante la perestroika de fines de los años 1980. Dejaba una estela de carencias en abastecimiento energético, estancamiento siderúrgico y petrolero, colapso de las plantas y líneas de transmisión eléctrica (apagones, averías), 2/3 de los equipos agrícolas inservibles, pudriciones de cerca del 50% de la cosecha de papas, cereales, remolacha y frutas. Y luego la plaga de las colas, el acaparamiento, la escasez, el racionamiento y la corrupción. ¿Qué había pasado? Algo que Chávez, Dieterich y El Troudi parecen ignorar. No fue fácil liberar “una parte” de la economía, dejando incólume la otra. Las distorsiones fueron de vértigo. Pero tanto Dieterich como El Troudi incurren, como se verá, casi exactamente en lo mismo

1.2 La nueva NEP fidelista.

Ha quedado fuera de discusión que las medidas de flexibilización desaparecieron en Cuba cuando Chávez se echó al hombro su jaqueada economía. Antes de que ocurriera eso, la necesidad había obligado a Fidel, un hombre acostumbrado a imponer su voluntad, a retroceder hacia lo que creía haber dejado atrás. Cuba había edificado su socialismo con la bombona soviética. La URSS le había suministrado el 80% de su capital fijo industrial y absorbía en condiciones preferenciales el 64% de las exportaciones cubanas, además de entrenar y armar sus Fuerzas Armadas, su aparato de inteligencia, la organización de su sistema de salud y su extraordinario desarrollo deportivo. Un subsidio anual de miles de millones de dólares cubría con creces el crónico déficit de las cuentas fiscales, en un país convertido en un erial desde el punto de vista de la producción de bienes y servicios.

El objeto de esa ruinosa transferencia de recursos era convertir la isla en una dudosa “vitrina socialista” empotrada en Latinoamérica. Pero a fines de los años 1990 la URSS, abrumada por su propia crisis, no pudo seguir manteniendo la carga cubana ni garantizarle su seguridad en caso de conflicto con EEUU. Se inició entonces el Período Especial en tiempos de paz, incluyendo el retorno parcial al mercado y el uso de ciertas recetas capitalistas. Brotaron como hongos miles de negocios privados. En La Habana surgieron por todas partes puestos de venta de alimentos, kioscos de pizza y pastel de guayaba. Más de 200 mil ingeniosos cubanos se instalaron por “cuenta propia”. Peluqueros, fontaneros, electricistas, talleres de reparación versátiles, restaurantes familiares (paladares). Fue una explosión que mejoró en algo la condición de los cubanos, a los que adicionalmente se les permitió adquirir dólares debido a la liberación de la divisa norteamericana.

La tímida apertura duró hasta que Venezuela decidió asumir el antiguo papel de la URSS. Con la ayuda caudalosa de la revolución bolivariana y los abundantes créditos chinos, Fidel le puso fin a semejantes liberalidades; y fue más lejos todavía: debilitó la inversión extranjera en turismo y otros negocios. En el año 2002 cuatrocientas empresas extranjeras abandonaron Cuba. Un gerente turístico español declaró en Londres que era imposible hacer negocios con Cuba, por la caótica situación económica, la absurda reevaluación del peso y los cambios constantes en los reglamentos


2.1 El socialismo de mercado en Yugoslavia


Fue en la Yugoslavia de Tito, no en la China de Deng Xiaoping, donde por primera vez se habló de socialismo de mercado. A diferencia de los casos mencionados antes, el mercado no era para los comunistas yugoeslavos “un mal necesario” o un episodio “transitorio”. La Liga Comunista (LCY) se propuso construir una economía autogestionaria de mercado, y en consecuencia los bienes producidos se destinaron al libre intercambio. A juicio de los comunistas yugoeslavos era en el mercado donde podían relacionarse eficazmente los vendedores y los compradores. “A través de las leyes de mercado en la economía yugoeslava, aparte de ciertas características generales, se manifiestan otras especiales de la economía auto gestora y socialista” (6)

Los yugoeslavos no solo no renunciaron al marxismo-leninismo, sino que se creían sus mejores intérpretes. Pensaban que en su sistema social, el mercado era el corolario lógico de la autogestión, y a su vez que la autogestión sería la fórmula para evitar la brutal expansión de la burocracia estatal que, no sin razón, consideraban una desnaturalización del marxismo. Observaron que en todos los países del socialismo real el Estado no hacía sino hincharse dando lugar a una poderosa burocracia que se convertía en nueva casta dominante. El proletariado no gobierna en socialismos de ese tipo, insistían los teóricos yugoeslavos; su lugar lo ocupa la burocracia, con métodos de exclusión social y auto-perpetuación.

En fin, estamos frente a la gran paradoja del socialismo real, que hacen de este sistema una misión imposible. No habrá socialismo donde el proceso revolucionario hipertrofie la esfera estatal, pero sería iluso intentarlo sin apoyarse en un poderoso aparato estatal. Marx sostenía que en la transición socialista el Estado iría desapareciendo gradualmente, al transferir sus funciones a los trabajadores autogestionarios. En realidad ocurrió lo contrario: mientras más se consolidaba la revolución, más se expandía una burocracia usurpadora que, pregonando el socialismo, no hacía sino pervertirlo. Para tratar de evitar la morbosa expansión del Estado, los comunistas yugoeslavos no estatizaron las empresas expropiadas a los antiguos dueños capitalistas. Las pusieron bajo directo control de sus propios trabajadores, que guardaron autonomía frente al Estado. Cada empresa autogestionaria salió a “competir” libremente, en el marco de un gran acuerdo nacional. Y el resultado fue que al calor de la competencia esas unidades productivas racionalizaron su contabilidad, redujeron sus costos, procuraron vencer a sus competidores. Vale decir, comenzaron a funcionar como nuevas empresas capitalistas.

Desde el punto de vista de la ortodoxia, los titoístas creían haber resuelto el problema de la hipertrofia del Estado, pero ni siquiera eso pudo lograr pues el fenómeno también se hizo presente en ellos, aunque sin los extremos de perversidad de sus colegas soviéticos. No obstante queda en pie la fuerza de la oposición titoísta a otra forma de convertir el socialismo en una mascarada, cual es la del monopolio estatal de la gestión empresarial, lo que aparte de incubar una nueva clase social hegemónica, incorpora la ineficiencia adiposa de la burocracia convertida en fin en sí mismo.

En Venezuela se ha ido haciendo visible tal fenómeno, pero ningún ideólogo bolivariano se atreve a denunciarlo. No se percatan –o no quieren percatarse- que están retomando en los hechos el cauce del abominado socialismo real, del que creían distanciarse. Temen referirse a la obesidad del sector público en el territorio nacional, engrosada más aún con la ola de estatizaciones caprichosas ordenadas por el discurso presidencial. Basta recordar que el gobierno chavista, una de cuyas promesas había sido la radical reducción de la burocracia estatal, llevó los 17 ministerios que heredó en 1999 a 27, y las 17 direcciones generales a más de 80 vicepresidencias.

En el resto de la Administración Pública semejante aberración ha sido mucho más grave. Para el año 2006 el sólo gasto ministerial y viceministerial sobrepasó los Bs 86 billones (millones de millones) Según el BID el gasto público venezolano aumentó más del doble de lo que creció el PIB. Lo más pernicioso es el surgimiento de un nuevo estamento social dominante, emanado del socialismo bolivariano cuyo componente principal no son los capitanes de industria o de agroindustria, de la electrónica y la informática, sino ciertos jefes del movimiento, altos funcionarios públicos y el sector bancario y de seguros, enriquecido como en ninguna época anterior. Sí, el mismo al que tradicionalmente la izquierda solía llamar oligarquía financiera, expresión que utilizaba para referirse a la más poderosa fracción de la clase hegemónica en la era del imperialismo. Las ganancias extraordinarias del sector financiero venezolano provienen de su estrecha conexión con el gobierno. Pocos, es verdad, pero prestigiosos banqueros, se han arriesgado a condenar esta súbita riqueza que ha pervertido la función tradicional de las Instituciones de crédito en Venezuela.

El socialismo de mercado en China

Deng Xiaoping habló del socialismo a la China, con la misma fruición que se observa en Ecuador o Venezuela cuando mencionan el socialismo a la ecuatoriana o a la venezolana. Del caso chino hay que resaltar su influencia sobre Vietnam, que en este mismo momento sigue su camino con aparente éxito. Decir socialismo de mercado es incurrir en un absurdo a sabiendas, porque socialismo es –bajo cualquiera de sus definiciones- la negación del mercado. Por eso, los clásicos lo aceptaban pero sólo como sobrevivencia parcial y momentánea, convencidos de que a medida que el sistema se consolidara los restos del mercado languidecerían hasta desaparecer por completo. Eso nunca ocurrió, claro está, y es la razón por la cual los proyectos socialistas no tienen muy claro lo que deban hacer con el mercado.

El cambio que ha experimentado China, después de las reformas iniciadas por Deng Xiaoping y Xu Ronhi, ha sido prodigioso. Un pequeño y miserable barrio –para tomar un caso al azar- como Pudony, frente a Shangai, es hoy una especie de esplendoroso Manhattan. El consumismo se ha disparado en China, donde brotan por doquier los negocios de comida rápida norteamericanos, las bicicletas ceden a los automóviles y los farolitos de papel a las rutilantes luces de neón y carteles luminosos.

En 1997 el XV Congreso del Partido Comunista Chino ordenó masificar la privatización de empresas del Estado. Y si en 1978 el 76% de la producción industrial provenía de ellas, en 1999 la cifra se redujo al 28%. Y en 2004 el 80% de la población activa estaba empleada en el sector privado. En 2002 quedaban 370 mil empresas estatales, que para 2006 se redujeron a 150 mil. ¡Nada menos que 220 mil pasaron a la iniciativa privada, y suma y sigue!

Es verdad, los viejos líderes del partido no se sienten cómodos con la palabra “privatización”.Prefieren cubrirse perorando sobre la “desestatización”, mientras alegan que la transferencia no era de la propiedad. Pero en marzo de 2007 el Congreso de los comunistas se dejó de ambigüedades y otorgó por primera vez a la propiedad privada la misma protección que a la pública, todo con el fin de darle más seguridades a los inversionistas foráneos. En el país los sindicatos no cuentan. No se ha impuesto salario mínimo en ninguna parte del territorio. Acotemos que el embajador de China en Venezuela, Hu Yijie, se permitió declarar: “El socialismo no puede divorciarse del mercado. Tiene que vivir con la economía y la economía tiene sus propias leyes de funcionamiento” (7)

La política de los líderes chinos tiene un fuerte asidero popular. Dos acreditadas empresas de opinión lo ponen de manifiesto. En una encuesta internacional organizada en 2005 por GlobeScan, un 74% de chinos manifestó creer en el mercado, y en un estudio en 2006 elaborado por Chicago Council on Global Affairs, 87% de los chinos considera que la globalización ha sido beneficiosa para su país. Son los porcentajes más altos del mundo. En comparación, el 60% de los norteamericanos simpatiza con la globalización.

El gobierno de Hu Jintao proclama la economía social de mercado en China. ¡Ni la democracia cristiana lo diría con tanto entusiasmo!

 

 

II: EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI POR DENTRO


Las cosas no valen lo que parece

Dieterich proclama “…la inviabilidad estructural de la economía nacional de mercado” (8). Su posición es tajante. Nadie imaginaría que la realidad lo obligará a encontrarle un lugar en su esbozo socialista, modesto es verdad. Pero no nos adelantemos. Por lo pronto, en su criterio no caben las leyes de mercado en un nuevo socialismo digno de ese nombre. Una de las cosas que más le molesta es que las mercancías se vendan según precios formados por la oferta y demanda. Si la oferta se eleva y la demanda permanece estable, los precios suben, y en caso contrario bajan. Eso no debe ser así, reclama con vehemencia. Los productos deberían venderse por sus valores y no por sus precios y los valores se miden por la cantidad de trabajo que se ha gastado en producirlos.

Venezuela tendría que protestar por el alto precio a que se está cotizando su canasta petrolera. Siguiendo a Dieterich, ese precio se ha incrementando por el poderoso aumento de la demanda de países como China, la India y otros. Deberíamos en cambio exigir solamente el pago equivalente al tiempo que invertimos en producir crudos y derivados. Es una distorsión, según Dieterich, que el intercambio se logre espontáneamente en el juego oferta-demanda. ¿Cómo aceptar moralmente que la gente pueda estar dispuesta -impulsada por motivaciones puramente subjetivas- a “pagar más” por un bien que “valga menos” Y vale menos, insiste Dieterich, si se ha gastado un tiempo más reducido en manufacturarlo.

Podríamos darnos a especular lo que ocurriría si proyectamos esta teoría a todas las mercancías, desde un kilo de maíz hasta un avión, sin dejar por fuera las obras de arte. Muy “injusto” sería pagarle más a Soto, Cruz Diez o Borges que a pintores seguramente menores, pero que se hayan tomado más tiempo pintando o creando estructuras. ¿Estamos interpretando de mala fe la teoría del valor equivalente de Dieterich? (9). A ver, démosle la palabra. Citando a Arno Peters, a quien considera su maestro, transcribe: “El salario equivale al tiempo de trabajo invertido; en otras palabras: equivale directa y absolutamente al tiempo laborado. Los precios equivalen a los valores y no contienen otra cosa que no sea la absoluta equivalencia del trabajo incorporado en los bienes. De esta manera se cierra el circuito de la economía en valores, que sustituye a la de precios. Se acabó la explotación de los hombres por sus prójimos”

Pregunta para Arno Peters: ¿Qué papel tiene el mercado?

Respuesta: “En la economía equivalente no habrá mercado. El precio no saldrá de oferta-demanda sino del valor de los bienes y del salario”.

P: ¿La medida del valor que se está elaborando se expresará en una matriz muy complicada?

R: “bajo el principio de equivalencia tiene que haber completa sincronización de todos los valores dentro del circuito económico global”

P: ¿En qué categorías se basará su matriz de valores?

R: “Exclusivamente en la cantidad de trabajo. El valor de un producto que incorpore seis horas de trabajo valdrá el doble del que

incorpore tres”


Transición para pasar el trago

Dieterich, podemos apreciarlo, ha sido casi maniqueo en su convicción. Cree en lo que llama la economía de equivalentes, fórmula pretendidamente novedosa de la que espera el inmediato fin de la explotación del hombre por el hombre. Los productos de cada uno serán pagados ahora exactamente por lo que valen, y ya sabemos que la gente no podrá ser inducida a engaño pues para conocer el valor exacto de sus bienes le bastará sumar el número de horas invertidas en producirlos.

Si se me fueron 60 horas en fabricar una cesta de mimbre nadie podrá oponerse a que la cambie por tres collares de perlas auténticas, confeccionados por pescadores y artesanos en 20 horas de trabajo. El principio defendido por Dieterich, que rudimentariamente lo ha tomado de Marx, lleva el nombre de valor objetivo. Junto a otros dos principios, el de la equivalencia y el de la planificación democrática, constituyen los ejes de la economía equivalente, llamada por el vulgo “Socialismo del siglo XXI”. Inútil recordar que tantos principios y ejes no podrían venir sino de Arno Peters (10), la cabeza mejor amueblada del socialismo, según la opinión de Dieterich, quien aparte de los casos de Chávez, Fidel, Peters y pocos más, no se siente a gusto alabando a la gente.


A toda filosofía le llega la hora de la verdad, tanto más próxima si se encuentra en la posición de mando. En la acera opositora los programas pueden sobrevivir durante años, pero ya colocados en la sartén del poder no queda sino resolver bien la fritanga pues los comensales quieren soluciones ya y piden que se cumplan las promesas. Como flamante asesor de los gobiernos de Cuba y Venezuela, el profesor Dieterich debe aterrizar, y allí comienzan las abjuraciones.

Se está en el poder, sí, pero las cosas imponen un ritmo más moderado que el aconsejado por el entusiasmo sin compromisos. Dieterich, y también El Troudi, regresan pues a la ortodoxia del socialismo real, descubriendo el agua tibia. Resulta que aunque los gobernantes sean socialistas todavía no hay un sistema de esa naturaleza y en consecuencia estamos situados en la etapa de la “transición”. El mercado morirá, pero no todavía. Las empresas privadas desaparecerán, pero aún no les ha llegado la definitiva.

El Troudi había dicho que el capitalismo es ineficiente, crea pobreza y es de corto plazo: pan para hoy –son sus palabras- y hambre para mañana. Resulta entonces extraño que lo invoque cuando quiere evitar un colapso, como cree que ocurriría si impusiera medidas socialistas precipitadas. Pero en fin, la moderación transicional la mencionó por primera vez Marx y luego Lenin, lo que fue suficiente para ser adoptada como dogma oficial, ilustrado en todos los manuales marxista-leninistas.

Dieterich y El Troudi consideran que la transición supone economía mixta, colaboración entre la iniciativa estatal y la iniciativa privada. Es lo que extrañamente el presidente no aceptó a las primeras en la vital nacionalización de los hidrocarburos de la zona petrolífera del Orinoco. Al hablar de los cinco motores dijo en alta voz que las transnacionales no serían socias del Estado venezolano, no tendrían ni una sola acción porque la industria pasaría en su plenitud al dominio soberano de la Nación. Pocos días después tuvo que regresar, contrito, a la teoría de las empresas mixtas. Al borde del abismo resolvió morderse la lengua.

Y no sin razón, porque el grave peligro que nos amenaza es que aunque en la doctrina administrativa se le reconocen al Estado prerrogativas exorbitantes en los contratos bilaterales, la otra parte sencillamente conserva su derecho de obligarse o no a hacerlo. Nadie le puede impedir que decida irse a pescar en aguas más propicias.

 

El gobierno puede poner los términos para contratar, puede modificar unilateralmente cláusulas y hasta abolir el contrato mismo, pero no puede obligar a los co-contratantes a consignar su firma si no están de acuerdo con tales cambios. Si todavía no ha ocurrido claramente eso en la Faja del Orinoco, está más que comprobado el fuerte proceso de desinversión que viven la industria, la agricultura y la agroindustia venezolana, incluida, por supuesto, la petrolera, donde se está haciendo sentir en forma alarmante el peso de tantas decisiones absurdas y hasta brutales

En la guerra competitiva intensificada por la globalización o capitalismo global (expresión preferida por George Soros) resulta imprescindible captar cuanto antes tecnología avanzada y capitales foráneos o nativos de inversión. Las nuevas economías emergentes, hasta ayer hundidas en el subdesarrollo, lo tienen muy presente. China, India, Vietnam, Nueva Zelanda, Corea del Sur redujeron drásticamente la pobreza y modernizaron sus sistemas. Y en América Latina pretenden lo mismo Chile, Brasil, México, Argentina, Colombia, Perú. En fin, la región en su conjunto… salvo Venezuela, donde si bien no se conforman plenamente las palabras a los hechos, la exaltada retórica maximalista y ciertas decisiones disparatadas ya están creando situaciones difícilmente reversibles (11)

Durante la transición, la revolución bolivariana se orienta hacia un modelo de economía mixta que tome en cuenta ciertas realidades del mercado, tales como los incentivos materiales, el egoísmo del viejo hombre, el consumismo. Se nos promete que la convivencia entre los modos capitalista y socialista durará poco. El socialismo la aprovechará para fortalecerse. Se irán imponiendo los efectos de la participación de los ciudadanos en la macroeconomía y en la microeconomía y la creación de sectores crecientes de la economía nacional en los que rija el mencionado valor objetivo. Pero en principio coexistirán dos sistemas.

En uno se sigue bajo el régimen anterior; la gente comprando y vendiendo conforme a los precios regulados por la ley de la oferta y la demanda. En el otro se romperá con el mercado y la distribución de los productos se hará conforme a la economía equivalente, regida por el valor y no por el precio. ¿Cómo funcionará ese doble sistema en un mismo territorio? ¿En unos establecimientos nos recibirán el dinero y en otros nos pedirán o darán una prueba certificada del número de horas que hay invertidas en el artículo requerido? ¿Cómo operará en su relación con el mundo exterior? ¿Aceptarán los agentes económicos extranjeros que no se les pague o compre según precios sino de acuerdo con el tiempo de trabajo que se invirtió en millones de mercancías? Dos monedas, dos formas de retribución. Probablemente deberá construirse un Muro de Berlín para que el sistema más dinámico –por añadidura es el único que puede mantener el comercio exterior- no arrolle al menos dinámico, y los “precios” no acaben con los “valores” (12)
La ética socialista del Hombre Nuevo

Hemos entrado en la fantasía más extravagante. Por mucho entusiasmo que puedan despertar en quienes creen que la política es el arte de lo imposible; en los gladiadores del chavismo que saludan al César socialista antes de morir; en quienes predican que hay que ser como el Che, no hay manera de aplicar las teorías de Dieterich y El Troudi. No hubo un lugar en Cuba ni en parte alguna donde pudiera aclimatarse el marxismo antropológico del Che Guevara, que pedía un “Hombre Nuevo”, una reeducación profunda del animal humano.

Fue la empresa acometida por la revolución cultural china y el Kmer Rouge con los trágicos resultados que conoce la humanidad. Y que es precisamente lo que ahora se propone –esperando mejor suerte- el Socialismo siglo XXI que despunta en Venezuela.

Para decirlo con palabras de un diputado del MVR: hay que utilizar el Ministerio de Educación como aparato ideológico. Moral y Luces es un programa oficialista a gran escala que se dispone a repetir lo que otros quisieran olvidar. La tarea lo sobrepasa, pero no nos desanimemos. En el mismo terreno donde fracasaron los stajanovistas estalinianos, Mao, Pol Pot, Fidel y Che, preparan su We´ll come back los hermanos Chávez. Es cosa de tener fe.

El Troudi y William Izarra han insistido en ese tema, que ha ganado popularidad en el universo bolivariano. Se requiere una conciencia socialista como premisa indispensable para construir el socialismo. El Troudi lo expresa de este modo: es menester “una nueva ética socialista basada en la solidaridad en vez del interés” Esa variable supone una fuerte lucha interna contra quienes conservan decisivas posiciones de poder pero no han erradicado de sí la mentalidad capitalista. Se trata propiamente de un “renacimiento personal” como le pedía el manso nazareno a sus primeros discípulos. (13)

William Izarra lleva esa inevitable confrontación al plano del combate por la dirección del movimiento chavista, contra una burocracia estatal y partidista no formada para gestionar un programa que los desborda. Izarra, influido por el evolucionismo orgánico de Herbert Spencer, habla de la ley natural que condena a muerte a la vieja generación dirigente cuando ha cumplido su ciclo, como es el caso. En un léxico que le es propio, Izarra llama “cohorte” al núcleo dirigente. Reconoce su papel en la primera hora pero ya nada tiene que buscar en la fase de definición ideológica, en la que nos encontraríamos.

La situación está madura para que desde el corazón de la base una cohorte nueva asuma la responsabilidad de dirigir el movimiento bolivariano. (14)

Esa cohorte, fuertemente inficionada por la ideología antigua, con sus prácticas despreciables, debe ser derrocada inmediatamente para darle espacio a la nueva cohorte, emanada de la participación de la gente de la calle. Reclama Izarra una metódica por debajo que sustituirá la metódica por arriba, dominante hasta ahora en el movimiento.

El y muchos otros se identifican con una consigna que evoca al Lenin de las tesis de abril: Todo el poder al pueblo. Quieren combinar la educación en los valores y principios del socialismo con la metódica por debajo, con el fin de arrebatarle el poder a la burocracia bolivariana y entregárselo al pueblo organizado. La fórmula une la ética colectivista con la praxis socialista.

Y dado el postulado marxista del ser social y la conciencia, hemos de esperar que de ese proceso emane por fin el hombre nuevo, libre del egoísmo, del consumismo, la envidia y otras taras propias de la ideología burguesa. Como los héroes de Llaguno, por ejemplo. (15)

71 años de comunismo soviético no fraguaron ese modelo ideal de hombre; 45 años de intensa formación en el humanismo socialista tampoco han podido lograrlo en Cuba. (16)

Los herederos de la Gran Revolución Cultural Proletaria no son los jóvenes iracundos educados en el libro rojo del pensamiento Mao Zedong, sino los practicantes masivos del nuevo capitalismo con base en salarios bajos y sin sindicatos. ¿Será la Venezuela bolivariana la cuna histórica de ese sueño irredento, jamás materializado en nuestro castigado planeta?

¿Qué sucederá si, como ocurrió con tantos intentos frustráneos del pasado, ese macro objetivo no puede alcanzarse? Conciente de semejante peligro, Izarra refuerza posiciones usando simultáneamente siete estrategias destinadas a erradicar las madrazas de la ideología capitalista: “Nos encontramos –dice- en la tercera fase de la transición, que consiste en la definición revolucionaria”. La fórmula pareciera anunciar las típicas depuraciones del nunca olvidado socialismo real.

Izarra quiere desatar en cada revolucionario las potencialidades creativas del socialismo. Habla de la energía morfogenética, con lo cual lleva más allá el marxismo antropológico de Guevara. La morfogenética “es la que activa en el ser la disposición y voluntad para acceder a nuevos estadios de la civilización humana” (17)

En sus siete estrategias reúne, en abigarrado batiburrillo, la nueva ética socialista que, según se ha indicado de “nueva” tiene poco, con la sustitución plena de la democracia representativa por la democracia revolucionaria sobre la base del fortalecimiento de la economía socialista, y finalmente con la napoleónica nueva geopolítica que –según Izarra- “convertirá a Venezuela en una potencia mundial” Chávez entrará por la puerta grande al exclusivo club de líderes universales, codeándose con Bush, Putin, Angela Merkel, Shinzo Abe y Hu Jintao, que lo recibirán con los brazos cubiertos de flores. No cabe duda, es el humilde hombre nuevo, sin egoísmo, sin vanidad, sin egolatría y sin los sueños de grandeza y dominio a que nos tenía acostumbrados el ancien regime.

 

 

III - LA DINAMITA DEL PODER COMUNAL

 

Una ley rápidamente desbordada.


La Ley de los Consejos Comunales fue publicada en la Gaceta Oficial el 10 de abril de 2006. Para ese momento habían surgido muchos de estos Consejos, que después tuvieron que acoplarse al instrumento legal. Pero ya se sospechaba que el Poder Comunal sería el futuro del proceso bolivariano o la nuez del socialismo del siglo XXI. Esta certeza había tomado mucha fuerza debido al sostenido fracaso del sistema cooperativo revolucionario y de los ensayos cogestionarios y autogestionarios.

La revolución buscaba una identidad social y dado que nunca pudo afincarse en la clase obrera optó por atribuirle al “pueblo” el destino profético que los viejos manuales asignaban al proletariado. La masa popular dispersa en barrios urbanos, casuchas de extramuros y comunidades rurales e indígenas debía encontrar una expresión organizativa específica y ninguna mejor ni con más abolengo revolucionario, que las comunas o consejos comunales. Los Consejos Comunales nacen para llevar el poder a la base arrebatándoselo a la burocracia partidista y gubernamental.

Se puede jurar que los aspirantes a ascender en la estructura partidista serán en su mayoría bloqueados. Entonces derivarán hacia esos latentes centros de poder sustantivo que son o serán los Consejos. Cuantos más controlen más fuerza interna conseguirán. El presidente Chávez se ha trazado la meta de organizar 50 mil consejos comunales para el año en curso. Con que se fundaran sólo 5 mil ya el caos de una universal pugnacidad reventaría casi simultáneamente en todas partes. Una lucha nacional de escenarios versátiles.

El problema es que el Poder Comunal es autodinámico, aparte de nutrirse de la retórica presidencial y de otros dirigentes que tanto lo estimulan a conquistar el mando en la calle. La ley ya está siendo desbordada por esa realidad que late en su vientre. Sus 33 artículos abren cauce al proceso pero también intentan limitarlo, sin éxito. El artículo 2 dice mucho pero todavía no lo suficiente. Define los Consejos Comunales como “instancias de participación, articulación e integración” de la proteica organización popular más o menos espontánea. Le servirán al “pueblo organizado para ejercer directamente la gestión de las políticas públicas (…) en la construcción de una sociedad de equidad y justicia social” (sub por mí). Según la norma se trata de “instancias de participación” para ejercer la autogestión.

En sus últimas declaraciones Chávez no se conforma con eso. Ya no cree en simples instancias de participación. Los Consejos son mucho más, constituyen el germen del socialismo, el poder incompartido del pueblo. “La explosión del poder comunal, la bomba atómica para la vida, la bomba atómica de Venezuela” (20) El alcalde Barreto los invita “a tomar el poder”, mientras que Izarra define los CC como “la expresión más acabada de la democracia directa”. Y postula abiertamente que “sustituirán la intermediación partidista”. La consigna ha prendido en la base. El Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora asegura que “Los consejos comunales son la expresión genuina del poder popular. Por primera vez en la historia el poder real se pone en manos del pueblo”

Los artículos 6 al 11 precisan la forma como deberán integrarse y organizarse los CC. La Ley es excesivamente detallista, signo del deseo gubernamental de controlar cada uno de pasos de estos nuevos órganos, y al mismo tiempo les otorga un enorme poder, que no se ocupa de limitar. Se pone en evidencia la explosiva contradicción que llevan estos consejos en sus entrañas.

El artículo 7 dispone que el CC se integre por un órgano ejecutivo de carácter semi federado porque lo forman los voceros de los 14 y más comités de trabajo, una unidad de gestión financiera, que se denomina y es el Banco Comunal, y una unidad de contraloría social.

El Banco administra los recursos, promueve la organización de cooperativas y el desarrollo endógeno, realiza funciones de intermediación financiera, otorga créditos, invierte, etc. Como el grueso de sus ingresos proviene del Fondo Nacional de los Consejos Comunales cuyos integrantes son designados en su totalidad por el presidente de la República en Consejo de Ministros, se deja ver la directa subordinación al poder central que caracterizará al poder comunal. El artículo 29 es muy preciso al respecto: “El Fondo Nacional de los Consejos Comunales tiene por objeto financiar los proyectos comunitarios, sociales y productivos, presentados por la Comisión Nacional Presidencial del Poder Popular, en sus componentes financieros y no financieros” (sub por mí).

En el mismo sentido, el artículo 15,1 obliga a que en todos los equipos promotores de CC haya un representante designado por la Comisión Presidencial del Poder Popular, quien discrecionalmente decidirá o no darle fe pública al acto. Es lo que ha llevado a la historiadora Margarita López Maya, cuya opinión es frecuentemente bien recibida por el oficialismo, a preocuparse porque aprecia que los CC son exageradamente dependientes del Ejecutivo Nacional.

Tanto el Banco Comunal como la unidad de Contraloría Social tienen cinco miembros electos todos en la Asamblea de Ciudadanos, que es la instancia suprema del CC y la verdadera residencia del poder. Las funciones de contraloría son muy amplias, repiten las de la Contraloría General de la República, razón para que ese afásico crónico que es el doctor Russian se atreviera a romper su silencio avanzando una tímida protesta. De hecho la competencia legal de la CC rompe su propio límite e invade prácticamente la plenitud de la inversión nacional.

La ley lo dispone así: los CC decidirán igualmente “sobre los programas y proyectos de inversión pública presupuestados y ejecutados por el gobierno nacional, regional o municipal” (sub por mí). A la luz de ese texto los Consejos Comunales, actuando solos o en forma mancomunada, ganan un poder enorme que los pone en conflicto inmediato con la Administración Pública Nacional, Regional y Municipal. Veremos que precisamente esa es la connotación que han venido adquiriendo en el 2007.

La Ley establece que la Asamblea de Ciudadanos es “la máxima instancia de decisión del Consejo Comunal, integrada por los habitantes de la comunidad, mayores de quince años” (sub por mí). Y efectivamente, el artículo 6 no deja lugar a dudas respecto al predominio de la asamblea en la estructura del CC. A los efectos del proceso de confusión del Poder Comunal con el movimiento político de Chávez, no hay que olvidar que los únicos requisitos para ser miembro de un CC son vivir en la comunidad y tener 15 o más años de edad.

Cuando los líderes oficialistas confieren a los CC el carácter de instrumentos de la revolución bolivariana y les imponen talleres de estudio del socialismo siglo XXI con base en material didáctico suministrado por el Ministerio para la Participación y el Desarrollo Social, están violando su propia Ley. Si, como se avizora, el Poder Comunal desplaza de hecho o en forma virtual los órganos de la Administración Territorial (concejos municipales, alcaldías y gobernaciones) se reproducirá en Venezuela uno de los rasgos característicos de los sistemas totalitarios: la identificación del Estado con el partido.

¿Cómo queda el presidente Chávez? Infinito poder e ingentes recursos para una estructura inepta

Habría que resolver primero varias ambigüedades. La decisiva es cuál será el partido oficial a partir de ahora: ¿el preñado de contradicciones PSUV, o el Poder Comunal? La respuesta no es fácil. Tanto el PSUV como el Poder Comunal están muy lejos de consolidarse y muy cerca de ser arrastrados a luchas intestinas desgarradoras. Son historias que recién ahora comienzan a escribirse. Los progresos de esas dos entidades serán excluyentes y herirán intereses internos poderosos. Si el Poder Comunal se expande el PSUV se contraerá o quedará reducido a un objeto decorativo. Y por el contrario, si contra todo pronóstico el PSUV se desarrolla absorberá y estrangulará gran parte del Poder Comunal, como ha querido hacerlo, sin éxito hasta ahora, con el movimiento sindical oficialista.

La creación e impulso del Poder Comunal puede descentralizar funciones pero también –como se ha visto- las centraliza en el Presidente de la República. Tal como lo prevén algunos de sus inspiradores, obrará en el sentido de elevar la participación ciudadana. Es lo que resiente el Ejecutivo Nacional. Lo menos que quisiera el Presidente es que estas formas organizativas se le escaparan de las manos o gozaran de autonomía en el grado que se les otorga a municipios y estados. Desde el punto de vista formal ni la Constitución ni la Ley de Consejos Comunales reconocen autonomía al Poder Comunal, pero en términos prácticos se entrevé un futuro de tensiones entre la tendencia hacia una mayor independencia de los CC y la estricta tutela por parte del Ejecutivo Nacional.

Frank Parada, promotor de CC, considera que no debe haber supeditación al Ejecutivo, lo que representa un paso muy firme hacia el conflicto. De hecho ya se han producido choques con funcionarios del Estado, que han querido imponer criterios, lo cual es inaceptable porque la autoridad a la que se someten es la Asamblea de Ciudadanos “Este proceso –dice Parada- está generando que la correlación de fuerzas entre las comunidades y los burócratas comience a girar en torno a las primeras” (21)

Preguntemos de nuevo: ¿y el presidente queda exento de esa esencial contradicción entre el Poder Comunal y el Poder Ejecutivo? Tan difícil es para estos nuevos luchadores excluirlo como incluirlo, pero la onda puede llevar a escenarios muy conflictivos con el Presidente Chávez. William Izarra bordea el tema como quien camina sobre un sendero indio de piedras ardientes. Ratifica su criterio de que el poder tiene que estar en manos del pueblo, vale decir: de los Consejos Comunales e inmediatamente diseña una fórmula de aceptación del máximo líder que no traicione su “metódica por la base” No parece que lo haya logrado. Los CC serán a su juicio: “una comunidad plena de conciencia que sigue el ejemplo del presidente Chávez”.

No pasa de ahí, pero ya es bastante. Seguir el ejemplo no es lo mismo que seguir la dirección. Que no es éste un simple asunto semántico se encarga de demostrarlo la concepción doctrinaria, reiterada por años, que ha defendido Izarra. El punto es tan importante, que quisiera resumirlo de esta manera: el nuevo poder emergente no escapará al conflicto intestino. Como se ha señalado, los CC obedecen a una lógica contradictoria o más bien a una lógica ilógica.

Son política y presupuestariamente dependientes del Presidente y carecen de la autonomía constitucional y legal que adorna a los estados y municipios, mas al propio tiempo tienden a apropiarse de la totalidad del poder, que muchos han residenciado en las Asambleas de Ciudadanos. Por sobre la cabeza de ellas no se acepta poder alguno. ¿Ni siquiera el del presidente? Esa es la cuestión. Lo que sí puede asegurarse es que no tendrá respuestas emanadas de talleres o grupos de estudio. El punto va a dirimirse en ingentes conflictos locales

Consideremos una última cuestión. Las competencias legales de los CC son amplias pero sólo indicativas. De allí que tiendan a crecer desbordando toda prudencia. El caso es que los Bancos Comunales y las Unidades de Contraloría Social nada tienen que envidiarle a las instituciones financieras ni a la Contraloría General, porque incluso escapan a las restricciones de las Leyes de Bancos y de Contraloría cuyas normas no les son aplicables.

¿Con tan vastas atribuciones se exige acaso experiencia o conocimientos profesionales suficientes a los integrantes de los Bancos Comunales y de la Contraloría Social de los CC? Para nada. Los únicos requisitos solicitados son la pertenencia a la comunidad del respectivo CC y tener 15 años o más. Son electos por la Asamblea y más nada. Por supuesto, lo más importante será su lealtad política a la causa y al presidente ¡Y Chávez ya anunció que destinará más de cuatro billones a los CC en 2007, lo cual no es sino una parte de lo que recibirán! Grandes sumas, contrataciones multimillonarias, inversiones, gastos desproporcionados, poder e impunidad, se trasegarán a través de un personal carente de experiencia y formación profesional y técnica ¿Quién podrá detener el impacto de esta gracia sobre la inflación y el desmadre de la corrupción? (22)

En medios internacionales y en Venezuela, muchos piensan que el enorme poder financiero le permitirá al presidente absorber estos errores y continuar la política que viene realizando. Durante su mandato, debido a la incidencia del más largo período de mercado petrolero al alza, el presidente Chávez ha recibido más ingresos que los percibidos por la suma de las tres Administraciones anteriores.

Aparte de eso, el SENIAT se ha desempeñado con acierto en la administración tributaria, elevando los ingresos fiscales por este concepto en grado considerable. Pero el gasto público ha crecido a un porcentaje superior al incremento del Producto Bruto Interno. Asombra, por ejemplo, que la deuda externa total (República y otros organismos) se haya colocado en unos $ 40 000 000.

La sola deuda del Banco Central pasó de Bs 565 millones en 2000, a Bs 33.9 billones (millones de millones) para febrero de 2007. Eso significa un crecimiento porcentual de ¡6 millones por ciento! PDVSA sigue endeudándose mientras disminuye paulatinamente la producción de petróleo. El gobierno nacional, PDVSA y el Banco Central están técnicamente quebrados y la bonanza petrolera no les servirá de mucha ayuda mientras no opere un drástico viraje hacia la austeridad. La deuda y la inflación han estado financiando el gasto saudita de Venezuela. ¿Por cuánto tiempo lo soportará el país?

Consejos Comunales, sindicalismo oficialista y Partido socialista unido

Los líderes del movimiento bolivariano prometen que, si bien único, en dos sentidos el nuevo partido socialista no repetirá el esquema leninista: no será una organización de “cuadros profesionales”, sino de masas; y no practicará el centralismo leninista. Realmente eso equivaldría a una ruptura significativa con la esencia del partido de Lenin, lo cual podría ser una buena noticia si en lugar del antidemocrático modelo bolchevique se nos ofreciera otro capaz de superar sus perversiones. Desgraciadamente no se aprecia que así esté ocurriendo.

¿Cuál es la naturaleza del flamante partido del gobierno? Ya no busca ser una organización clasista, disciplinada y homogénea, sino policlasista, indisciplinada y amorfa. Ya no una organización de profesionales de la revolución adiestrada para dirigir amplias masas y para saltar sin desorganizarse desde la clandestinidad a la legalidad y viceversa, sino una millonaria y pasiva militancia cuya referencia sea el líder del proceso; ya no un instrumento revolucionario sino un fin en sí mismo.

Sin la menor duda puede afirmarse que el modelo leninista carece de savia democrática y de vivificante pluralismo, ¿pero la alternativa será un movimiento sin la elemental autonomía y eficacia de un verdadero partido, que por añadidura carezca también de pluralismo y libertad de crítica? La socialdemocracia ha pagado con cierta ineficacia partidista su caro y valioso juego democrático interno. No obstante y sobre todo en Europa ha podido salir airosa de muchas pruebas, conservando en debates francos y libres la decisión de actualizar sus programas.

Que lo haya logrado o no, es harina de otro costal. Lo que interesa ahora es admitir que se trata de organizaciones democráticas que han podido desenvolverse, a veces con acierto

¿Pero qué sentido tiene perder lo bueno de cada opción para recolectar sólo lo malo? El actual MVR ha estado siempre marcado por los rasgos negativos de los dos modelos. Es un movimiento que persigue implacablemente a la opinión disidente y hace del discurso presidencial un intocado evangelio, sin por eso ganar en eficacia militante. Con el agravante de que siendo un partido formado desde el poder (y por tanto alimentado por las finanzas y el favoritismo burocrático) carece de liderazgos internos auténticos.

De allí que todos los analistas independientes coincidan en atribuirle únicamente dos funciones: 1) la movilización electoral y 2) la organización en el Parlamento, las gobernaciones y las alcaldías, del penoso coro que en forma desdorosa le brinda unanimidad legal a los caprichos presidenciales. Ese “modelo”, si podemos llamarlo así, reaparece en el prometido Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), con un perturbador componente adicional: el dominio impaciente que ejerce Hugo Chávez sobre todo y todos.

El presidente ha presionado a sus seguidores de la manera más inicua y desconsiderada. Las fuerzas que lo han respaldado incondicionalmente y han aceptado la humillante relación ordeno-mando que aquel les ha impuesto, son excluidas y expuestas al desprecio público sólo por pedir ser escuchadas antes de someterse al ultimátum presidencial. Valiéndose de sudorosos cipayos, el presidente intriga dentro de ellos como lo hiciera en el pasado contra el MAS, una organización que le prestó su apoyo en momentos decisivos, aún sacrificando a sus prestigiosos líderes fundadores.

Los jefes de Podemos, que ayer se prestaron a la empresa de dividir otra vez el MAS, hoy han pasado de la condición de victimarios a la de víctimas. La historia se repite. Algunos dirigentes, militantes y sobre todo funcionarios públicos de Podemos y el PPT abandonan a sus antiguos compañeros para aferrarse frágilmente al poder. No ha faltado el que, resuelto a uncirse al proyecto presidencial, lo haga con una carta escondida. “La pelea es adentro”. ¡Y quién duda que lo será!

Con una miopía insóli


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