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Saratoga
26-05-2007, Yosvani Anzardo Hernández

Como ya nos conocemos, hoy iremos ‘directo al grano’, como decía el mellizo Fausto: un enfermero, famoso en mi pueblo, San Germán, por su habilidad de extirpar ojos de pescado y otras protuberancias. Y allá vamos:

En 1938, Arturo Cid es dueño del Hotel Europa, la esposa, Eva Ortiz, es la mujer de su vida. Y no quiero errores con los términos costumbristas, pues ya me dijeron que ella antes fue ‘mujer de la vida’. Y no sé lo que eso significa ni me importa, por lo que tampoco debe importarles a ustedes otra cosa que no sea que ella era puertorriqueña de nacimiento y una excelente esposa.

Y junto al perro Tocolo y dos pericos, decidieron viajar a España. Llevaron consigo una botella dividida en tres compartimientos, en los cuales tenían: una bebida amarga como la vida; otra suave como la muerte; y por último, una dulce como la venganza.

No sé si tendrían ascendencia Árabe. Cosa que no dudo. Pero al parecer resumían la filosofía de sus vidas en aquella botella tri sabor.

Dejaron en el hotel a Carlos Doce y a José Ramón Martínez. Felicia, la esposa de José Ramón es del Ferrol, Galicia, y como no quiero problemas con los descendientes de la gallega, diré que las aventuras de José Ramón con Rebeca, aprovechando la noche y a través de la baranda de su casa, fue antes de conocerla.

La gente es muy mal hablada y aseguran haber visto cosas que tal vez Rebeca sintió, pero nunca vio.

El día del incendio al lado del almacén de madera, propiedad de Bidoche, el vestido de ratiné con rayas azules y rojas de Rebeca se rompió y chamuscó con el empeño de Ramón por salvarla, cubriéndola con su cuerpo, única oportunidad que tuvo de romper la malvada baranda, y a pesar de que el incendio nunca llegó hasta su casa. Pero bueno, era mejor precaver, pensaría él.

Cuando Arturo regresó de España, Carlos Doce y Ramón pasaron a administrar la tienda de ropas Los Estado Unidos. Dicen que debajo de la pintura actual aún se conserva ese nombre. Luego la compraron para convertirla en el Nuevo Hotel Europa, pues Arturo acababa de construir el hotel Saratoga, que sirvió durante años como refugio en temporada ciclónica. Manuel Milia es el cocinero. Con el tiempo Arturo Cid lo vendió a la asociación de Colonos y fundó el Hotel Saratoga, en Holguín, en la calle Maceo.

Los Colonos trasladaron sus oficinas al antiguo hotel y también establecieron una clínica para atender a los campesinos accidentados. Etayo era el médico, y el jefe de enfermeros, Elio Gelpi.

Y a pesar de que al Saratoga le destruyeron el segundo piso, dicen que porque se escuchan conversaciones y risas, aún de las paredes que le quedan, y que constituyen el actual museo de San Germán, se escuchan suspiros y gemidos, y no es para menos, pienso yo, después de tanto tiempo de maltratos y abandono.

La vida para los que se mantienen cerca del recinto, ha sido amarga. ¡Aunque los fallecidos, también han encontrado suavemente a la señora de la guadaña!

Por cierto que dicen algunos por acá, esos que evidentemente le deben tiempo al otro mundo, que han visto a esta señora y pueden asegurar que lo de la guadaña es un cuento, porque lo que lleva consigo es una hoz y un martillo.

Puede ser, aunque si sigue “aplatanando”, pronto la verán con una bandera roja y negra y cantando la marcha, para así dulcemente cumplir lo que ya muchos llaman la maldición del Cid.

Cuando caiga totalmente el Saratoga, caerá también el sistema que condenó su existencia. Y si la creencia persiste, por primera vez atentaré contra el pasado y rezaré por el fin del Saratoga.


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