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Cuba, desconfianza y mentira
20-05-2007, Héctor Ramón Foret Sánchez

El cubano promedio vive en un mar de desconfianza. El régimen, a través de mecanismos sutiles y represivos le ha creado una mentalidad de desconfianza, que hoy constituye un rasgo distintivo de su psicología.

Y, ¿por qué este estado de desconfianza? ¿De qué se desconfía?

Se desconfía de todo. Es la consecuencia de un sistema que sólo sabe controlar al individuo, inyectándole miedo. Esto no debe asombrar, en todos los procesos totalitarios comunistas ha sido similar. En China, Vietnam, Corea del Norte, etc…

En Cuba, ¿de qué se desconfía?

El Estado lo persigue todo, por lo que el cubano debe meditar hasta sobre que alimento adquiere, y como, con su poco dinero disponible.

El cubano sabe que no puede comentar nada, que ha de actuar con sigilo si se comió un pescado de cierta calidad, un pedazo de langosta o unos camarones, y para qué mencionar un diminuto bistec de res.

Cualquier indiscreción que cometa, sea a un amigo, vecino, o incluso a un familiar, puede llegar a los agentes represivos, quienes sin mucho ceremonial le impondrán una elevada multa o le abrirán un proceso por “Receptación”, alegando la “dudosa procedencia del producto”, o esa aberración jurídica que llaman "delito de peligrosidad social", o cualquier otra definición en el amplio vocabulario de la fraseología represiva.

Es asfixiante vivir en una sociedad en la que de todo, y de todos, se tiene que desconfiar.

La desconfianza genera como secuela la mentira y con ello se inicia la destrucción del ciudadano.

La simulación, como subproducto de la mentira, llega en diferentes formas: funcionarios que para mantener sus puestos informan de logros inexistentes; órganos del gobierno que hablan de planes, metas y cifras inalcanzables y falsas; medios de comunicación oficialistas distorsionando hechos y resultados, todo con conocimiento de causa; y funcionarios indiferentes que aplastados por el miedo opinan sobre supuestas victorias y logros alcanzados.

Pero lo peor, algunos enseñan a sus hijos a mentir, porque nuestro país es inversamente proporcional a lo que dice la Biblia, "La verdad no nos hace libres", sino que nos encarcela y nos lleva a la exclusión social.

“El estado hace como que nos paga y nosotros hacemos como que trabajamos”, reza una frase muy en boga hoy en Cuba, que sintetiza todo este negativo estado moral, y que resume la fractura cívica de nuestra sociedad.

Es el miedo lo que origina todo este estado de cosas, porque en nuestro país para las autoridades no es necesario probar el delito, es suficiente con que el sufrido cubano no pueda demostrar su inocencia.

A pesar de todo, el cubano se recupera de este trauma. Ya se ve una sociedad civil formada por mujeres y hombres que se despojan de la mentira y proclaman la verdad, y las iglesias que están jugando un papel vital en la educación moral y cívica del pueblo.

El cubano saldrá adelante y será realidad entonces aquel deseo de nuestro Apóstol José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.


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