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Las mentiras de Michael
17-05-2007, Aguirre Ferré, Helen

DIARIO LAS AMERICAS/ Era conocido que Michael Moore era anti Bush. Ahora está más claro que el polémico cineasta es también antiamericano. Moore viajó a Cuba con una docena de trabajadores enfermos que trabajaron en servicios auxiliares limpiando los escombros de las Torres Gemelas en un intento por demostrar que el sistema de salud y medicina de los Estados Unidos es pésimo mientras que el sistema de salud comunista es excelente.

Que Michael Moore goce de privilegios poco vistos para un norteamericano en Cuba no es nada nuevo. Cuando él lanzó su escandalosa película Fahrenheit 9/11 en la que acusa a la administración de George W. Bush de una relación impropia con la familia real de Arabia Saudita y con la familia de Osama bin Laden, dio a entender que el Presidente Bush permitió el ataque terrorista como pretexto para invadir a Irak y beneficiarse económicamente.

La calumnia es de tal magnitud que ni siquiera merece discusión. Lo que sí es curioso es que esa película, llamada documental por algunos simpatizantes ideológicos de Moore, se pasó por la televisión en Cuba. No todo programa extranjero se ve en la pantalla chica cubana, ya que ese medio de comunicación, como todos los demás, está en manos del gobierno marxista, pero Michael Moore logró que su película se presentara.

Pareciera entonces poca casualidad que Moore sea simpatizante del sistema de medicina de Cuba y que lo use como modelo ejemplar para su última película titulada “Sicko” que se estrenará el 29 de junio. Cada cual con su opinión. Lo que sí es terriblemente cruel es que Moore lleve a estos pobres trabajadores ahora enfermos, estos héroes desesperados por encontrar una cura o milagro para sus males después de haber arriesgado todo para salvar y limpiar la zona financiera de Manhattan de la contaminación y devastación humana, prometiéndoles un cuidado y cura médica que bien se sabe no existe para el cáncer y mucho menos en la empobrecida isla de Cuba. Es bien conocido que la medicina en Cuba está dividida en dos categorías: una para los turistas extranjeros y la otra para el pueblo. Para los primeros, parece que el trato es mejor. Reciben el beneficio de consultorios limpios y recién pintados en donde se ofrecen tratamientos milagrosos para curar todos los males que los institutos más avanzados internacionales no han podido hacer. La gente termina muriendo igual, con sus sueños destrozados por las promesas falsas.

El pueblo cubano está mucho más claro sobre el asunto. Sus sueños se guardan en los rincones más profundos de sus corazones porque saben que el cuento de hadas sobre el milagro de la medicina de Cuba es igual que el mito de la felicidad del pueblo que no necesita elecciones libres y directas porque está satisfecho con la dictadura que padece. ¿Cómo estar feliz en un país en donde hay que hacer cola para una comida racionada, un sistema de educación que enseña a leer y escribir para luego prohibir la libertad de expresión y en donde los médicos del pueblo padecen de escasez de medicinas y hasta de algodón, curitas y palillos de oídos ?

Pero a Moore no le importa nada de esto porque es una verdad inconveniente para este director que quiere promover sus películas antiamericanas. Pero para los pobres infelices que acompañaron a Michael Moore a Cuba, que por culpa de la prensa mundial no saben que en Cuba no existe una medicina sistemáticamente aplicada justa y necesaria, en donde los médicos buscan asilarse para poder ejercer su profesión dignamente y sin tener que fingir, ¿qué de estos pobres que creen que la medicina en ese país comunista les puede brindar una cura? Son dignos de nuestra lastima y oraciones.

Si Moore fuera un verdadero patriota, un hombre verdaderamente generoso, hubiese usado sus recursos para recaudar fondos para aquellos que padecen de estos males físicos al servicio de su patria y prójimo. Pero no. Michael Moore es un egoísta más en este mundo, empeñado en el engaño para envolver a los inocentes con sus cuentos de opio.

El gobierno norteamericano esta investigando a Moore por la posible violación de las leyes que impiden los viajes a Cuba, aunque él alega que es un acoso político. Dicen que “a todo puerco le llega su sábado”.


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