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Fidel Castro: Fin de sus juegos semióticos
10-09-2006, Jorge Hernández Fonseca

Fidel Castro va a morir y con él desaparece la representación simbólica de la “revolución cubana”. Aquella representación que sustituyó en la mente de todos los “revolucionarios”, cubanos y extranjeros, la noción republicana de la “patria cubana”. Por eso, al desaparecer el representante material del signo revolucionario cubano, Fidel, desaparecerá su base simbólica.

Los revolucionarios cubanos hicieron mal eligiendo la imagen de Fidel, conscientemente, como figura símbolo de la revolución cubana. Fidel morirá, de hecho --y sin tener que discutir sobre su deteriorada salud-- se sabe que está muy próximo a morir, como se especula abundantemente. Pero no hubo alternativas con alguien que posee el ego caprichoso de un dictador caribeño.

En Rusia fue diferente. A pesar del extraordinario culto a la personalidad auto-profesada por Stalin, artistas e intelectuales rusos se dieron a la tarea de simbolizar la “revolución comunista rusa” con una verdadera profusión de índices, íconos y símbolos, –todos incentivados por el propio Stalin, que incluso participó “dando ideas” en los proyectos monumentales que hoy vemos en toda Rusia-- lo que posibilitó que, a su muerte, toda la semiótica comunista quedara intacta y los “comunistas rusos” no se sintieran huérfanos cuando murió “el padrecito”.

En la isla, el mismo ímpetu tropical que animó a Trujillo, Duvalier y Somoza antes, anidó en Fidel Castro como una megalomanía amazónica, lo que sumado a la evidente mediocridad de la intelectualidad que ‘se quedó’ oportunistamente en la isla, hizo que después de los primeros años de “improviso revolucionario”, se comenzara conscientemente el cultivo del aspecto semiótico de la “revolución cubana”, tomando como “representamen” al propio dictador.

Acabó el culto a la bandera de la estrella solitaria, el escudo cubano fue relegado al extremo de que prácticamente nadie lo conoce, el himno es usado para callar las multitudes en los actos de masas y así por delante. Comenzó la decontrucción de la “patria cubana” asociándola ex profeso a los “vicios del pasado”, de manera que el país tuviera un solo signo: Fidel Castro.

Asociado a este proceso de sustitución de los valores patrióticos en los cubanos y centrado en el “representamen” de Fidel, ejecutado eficaz y profesionalmente durante los últimos 35-40 años y trabajando el inconsciente colectivo a través de los métodos semióticos de llegar a los centros de decisión individual con una idea simple, el ‘bien contra el mal’ (Cuba contra EUA) la población cubana fue “educada” en las temáticas que la dictadura jerarquizó: “educación y salud”, los llamados “logros de la revolución”, “seguridad social”, la maldad consustancial del “capitalismo”, el odio al “enemigo imperialista”, entre otros. Todo centrado en el ‘signo Fidel’.

El proceso descrito es un mecanismo netamente mental, la famosa “conciencia revolucionaria”. En el país no hay comida, no hay ropa, no hay casas, no hay carros, no hay dinero. Todo es dirigido a mantener el autocontrol mental, centrado en una idea simbólica que sintetiza ‘el bien’, ‘la generosidad’, ‘el sacrificio’, ‘la valentía’; el ‘David luchando contra Goliat’, es decir… Fidel.

Si esto ha sido así, planeado y ejecutado conscientemente, ahora salta una pregunta: ¿por qué se ha mostrado, ex profeso, la imagen de Fidel fuera de los patrones establecidos para el símbolo icónico? El dictador está enfermo, pero su parafernalia propagandística, encargada del alimento simbólico del pueblo no lo está. La deducción evidente es: se hace a propósito.

Claro que el régimen tiene necesidad de demostrar que el dictador está vivo, que mejora, que todo no pasa de una situación provisional. Pero hay fuertes contradicciones. Mientras que los “legisignos” escritos, a través de la prensa, las Mesas Redondas y el radio continúan dando cargos secundarios a Raúl y hablando de Fidel como el Comandante en Jefe, las imágenes que muestra la televisión han sido fulminantes. El dictador no regresará nunca más, ¡se nos muere!

Las dos apariciones en video de Fidel han demostrado fehacientemente su fuerte deterioro. Entre las fotos publicadas por su cumpleaños y el primer video, había diferencias notables. Pero sobre todo, entre el primer y el segundo video la cámara se regodeó en mostrar los retrocesos en la salud física de un anciano aquejado visiblemente, ya nadie lo duda, de un cáncer terminal.

La iconografía tradicional de la “revolución cubana” consistía en un Fidel Castro mochila al hombro listo para la lucha, bajando en un salto de un taque de guerra, discursando frente a una masa humana gigantesca, cabeza perfilada en enormes fotos cuidadosamente retocadas. Ni siquiera un icono fuerte como el Ché Guevara se asocia a los valores internos de la sociedad cubana tan fuertemente como el soporte simbólico asociado a la imagen ‘Fidel’ y sus atributos.

¿Qué significa todo esto? En primer lugar, Raúl está queriendo decirnos que Fidel se muere --como diría Silvio-- ‘la vida toda’. En segundo lugar, que no fue creada la base simbólica capaz de mantener en la isla un régimen de escasez, penurias, vicisitudes y represión, como el que ha podido mantener Fidel con sus juegos semióticos. El saber que existen altos jefes conscientes de la situación calamitosa que atraviesa la isla no es suficientemente fuerte como para deteriorar los símbolos al extremo de un intento subversivo contra Fidel. Sin Fidel es otra cosa.

En Rusia, la hoz y el martillo, la koljosiana y el obrero, los brazos distorsionadamente poderosos enarbolando martillos y las campesinas pletóricas de grandes cestas de trigo, cebada, centeno y maíz, hicieron su parte a la muerte de Stalin, en momentos que incluso ya había comida en el “país de los soviets”. ¿Qué queda a la muerte de Fidel, sin comida, sin esperanzas y sin el alimento simbólico que mantuvo en pie de guerra a una isla en harapos? ¡Absolutamente nada!

Se trata de aspectos mentales, psicológicos, absolutamente personales. Son ellos los que mantienen a Fidel Castro en el poder actualmente, contando, claro, con la policía, el ejército y la estructura represiva. Pero todo montado encima de una idea que se materializa en un hombre, que se consume por un cáncer, como el que consumió a nuestros simples y mortales abuelitos.

No hay dos gobiernos dentro del aparato estatal actual como se especula con los ‘duros’ y los ‘reformistas’. Ahora hay uno solo gobierno, el de Fidel, basado en su imagen, caprichos y voluntad. Después de la muerte del dictador las cosas serán diferentes, y pudieran haber no dos, sino muchos gobiernos y lógicamente el caos y la guerra civil. Estamos en los finales.

Que el gobierno de Raúl emita señales, conciente o inconscientemente, de que Fidel va a morir pronto mientras dice lo contrario, habla mucho del tipo de problema que enfrenta. Raúl está en la fase de engañar al dictador, como se engañan a los enfermos terminales. Fidel lee en el periódico la situación ‘normal’ programada y escucha decir a todos que mejora (¿que le dirán sus médicos?) mientras Raúl muestra un anciano que se ha consumido en 15 días.

¿Qué pensar de todo esto? Estados Unidos repitiendo ‘creíblemente’ que Chávez pudiera ser el garante de la democracia en Cuba. Chávez diciéndole ‘desalmada’ a la funcionaria norteamericana responsabilizada por presionarlo respecto a Cuba. Un Senador cubano-americano pidiéndonos ’paciencia’ después de 48 años, 5,000 fusilados y la patria deshecha.

Ya se habla de una ‘transición sucesoria’ y todo nos parece un tiro al aire a ver si se consigue adivinar el futuro poco luminoso que se avecina. Intereses económicos, mezclados con la desunión que nos ha caracterizado estos largos 47 años, conjugado con formadores de una patria bolivariana, estarán seguramente en nuestro futuro, recomendado incluso hasta por EUA.

En todo esto sólo hay un problema: un icono como Hugo Chávez es más difícil de asimilar dentro de la isla --con o sin Raúl-- en un proceso carente por completo de pan con lechón.

NOTA: Este artículo, escrito el 4 de Septiembre en la noche, acaba de confirmarse hoy 5 de Septiembre, con la aparición de nuevas imágenes fotográficas (no televisivas) del dictador cubano puesto a disposición del aparato semótico dictatorial, tratando de eliminar el sentimiento unánime de pérdida inminente del símbolo que dejó el último video. ¿Habrán rodado cabezas?


Cortesía de NetforCuba

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