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La Cuba irreal
04-09-2006, Luife Galiano

No hace mucho, me solicitaron que explicara la percepción irreal que se tiene en España de lo que pasa en Cuba. Muy pocas personas tienen una idea clara y real del país.

De Cuba se tiene una percepción simplista: La de un paraíso educativo y sanitario que vive oprimido por el embargo norteamericano (prefieren llamarlo bloqueo) que se ha convertido en el parque de atracciones del son y del turismo sexual. A cualquier español que se pregunte va a mencionar una de estas tres opciones o una combinación de las mismas. También existen grupos animados por una euforia de izquierdas que gustan de salir a la palestra pregonando no sólo lo que es el país hoy en día sino lo que fue antes de la gloriosa Revolución. Es decir, actúan recordando las viejas mentiras para olvidar las nuevas desgracias. Así escuchamos de manera constante que Cuba era “el burdel de los norteamericanos” o que la “población era analfabeta”, entre otros.

Es triste percibir tan escasos y pobres conocimientos sobre lo que en España denominaban “la Perla de las Antillas” en tiempos coloniales. ¿Por qué? En mi opinión esta idea se ha ido formando con los años. No hay que olvidar que España terminó ondeando bandera blanca en el 1898 harta de los quebraderos de cabeza que le suponía la colonia a los múltiples y efímeros gobiernos de la época. Desde 1868 España había tenido que intervenir militarmente contra los grupos independentistas que se alzaron en la isla empujados por las corrientes libertarias del continente americano, las ideas rousseaunianas de la época romántica y la desidia de la metrópolis de no advertir el desarrollo económico que se estaba produciendo. La intervención norteamericana no fue más que la puntilla que remató al toro desangrado. España perdió Cuba por su falta de atención. Después, tras el Tratado de París, ya nunca más pudo volver la vista hacia ella. El oscurantismo económico y político en el que recibió el nuevo siglo, el estallido de la I Guerra Mundial que desvió su atención hacia el norte de Europa y las renovadas ansias colonizadoras de los años veinte, desastre de Annual y desembarco de Alhucemas incluido, no propiciaron el ambiente más idóneo para retomar las relaciones con la antigua colonia. Luego vinieron la Dictadura de Maura, el advenimiento de la II República, el exilio de la Casa Real y la Guerra Civil.

Curiosamente, el estallido de la guerra fue un momento de reencuentros. Muchos miembros del ejército cubano recién desarticulado por el dictador Machado en el 1933 se incorporaron a la República para defenderla de los militares alzados. Posteriormente, cautivo y desarmado el bando republicano, muchos españoles se asilaron en la isla huyendo de las represalias de la Dictadura. Allí no sólo se incorporaron a la dulce vida antillana sino que fueron coadyuvantes en el desarrollo del partido comunista entre otras actividades. Se vivió un nuevo resurgir de las casas regionales y se plantaron las semillas de muchos de los emporios comerciales que hoy florecen en la península. En este breve repaso tampoco olvido los aportes culturales que fueron muchos y variados. Sólo como muestra baste recordar la presencia de García Lorca o de don Jacinto Benavente por la importante vida cultural y literaria de la isla.

Unos años más tarde, la situación en Europa volvió a descomponerse y ello, junto a los años más oscuros de la Dictadura, distrajo la intensidad de la relación que renacía entre ambos países. No fue hasta la segunda mitad de los cuarenta y principio de los cincuenta que España reanudó el contacto con la isla; contacto que volvió a desaparecer por causa de la Guerra Fría hasta la llegada de la democracia en la península.

¿Qué ha pasado para tener, entonces, esa visión tan restringida y simplista de Cuba? En mi opinión existen varias razones. Unas de índole educativa y otras de carácter social. Siempre me sorprendió que el currículo educativo español careciese de una enseñanza más profunda de la Historia. Es muy importante que los ciudadanos de un país profundicen en su Historia. Su desconocimiento termina llevando a la población hacia una pérdida de perspectiva y amplitud de miras de los acontecimientos; por no hablar del batiburrillo histórico que provoca. Además, existe la queja de que la Dictadura había rescrito la Historia a su antojo pero, hoy en día, ésta se rescribe según el interés de las autonomías y de los partidos políticos.

En segundo lugar, ante la ausencia de los referentes históricos, es más sencillo acomodar el pensamiento a los manidos clichés y así se repiten como papagayos los argumentos de las playas de Varadero, las jineteras del Malecón, los avances de la Revolución en materia sanitaria y educativa y que Cuba no está en mejor situación porque el “bloqueo” la oprime.

Todo ello ha llevado al pueblo español a tener una visión miope de los acontecimientos. Tanto como se han criticado las dictaduras durante estos más de treinta años de democracia no han impedido que los gobernantes de hoy se abracen a la dictadura cubana, que rechacen vehementemente las condenas de la UE a Cuba y que continúen fomentando el establecimiento de empresas en la isla. En ningún momento se ha visto el más mínimo interés por las carencias de la población cubana. ¿Es de extrañar que el pueblo tenga el acceso restringido a los sitios de los turistas? ¿Es de extrañar que el cubano sea pobre cuando el empleador español paga su nómina al Estado en euros y éste le paga al empleado en pesos devaluados? ¿Es de extrañar que haya jineteras? Prima mucho más mantener el tópico y aceptar la intoxicación sobre los grandes logros que los intelectuales de siempre nos cantan mientras aprenden a bailar salsa al borde de la piscina y se ponen hasta arriba de mojitos y daiquirís.

Insisto en que España tiene que involucrarse en la transición que se avecina. Para ello debe, en primer lugar, tomar conciencia de la situación verdadera; sin exageraciones; sin mentiras de ninguna índole ni calibre. Cuba es la llave del Golfo y del resto de Latinoamérica. Si fracasa en Cuba, fracasará en el continente por mucho que se abrace a ciertos líderes, los provea de armamento y se enfrasque en vaya usted a saber qué extrañas batallas futuras.


Luís Felipe Díaz Galeano ( Luife Galeano) Cortesía de Basta Ya. Plataforma ciudadana www.bastaya.org

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