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Los que se sumaron a los justos
22-03-2007, Eloy A González.

No son hombres y mujeres marcados por la nulidad y caminando acompañados de la desidia y el desaliento, los que vemos en nuestra Patria levantando voluntades y haciendo del derecho tarea ingrata. Son los opositores de siempre que hacen valer su decoro y marchan a una lucha desigual que a muchos les parece inútil.

Así ha crecido en décadas un movimiento que pugna por un espacio político e intenta arrebatarle la Patria sufrida y estéril de las manos de los que, usurpando el poder, se han erigido en una casta de asesinos inescrupulosos que utilizando el miedo y aplicando las medidas más oprobiosas, han convertido a la nación en un muladar y a los hombre y mujeres que la habitan en seres marcados por la indigencia total y la desesperanza.

Sobre estos hombres y mujeres que conocen bien el cadalso amenazante del régimen castro comunista, se les vino encima en la madrugada de 18 de marzo del 2003 la maquinaria represiva del régimen que esta vez hizo de sus victimas a periodistas, bibliotecarios y sindicalistas independientes. Se trataba de opositores pacíficos con los cuales la dictadura político militar se ensañaba de manera torpe y selectiva.

La policía política ese día allanaba cerca de cien hogares, procedía a la confiscación de bienes y al arresto de más de 70 opositores pacíficos a la largo de toda la Isla. Lo hicieron en el momento indicado y con la sucia precisión que les caracteriza.

Aprovecharon el escenario mediático del momento, esto es el inicio de la guerra en Irak, para desviar la atención de la prensa internacional. En los primeros días de abril, sin dar tiempo a una recuperación y respuesta de la oposición, juzgaron y condenaron a los opositores detenidos a penas entre 6 y 30 años de cárcel. Esto se conoce como La Primavera Negra.

Hay algunas reflexiones que debemos de hacer en este aniversario. Este operativo de la policía política sin duda fue fríamente calculado y planificado desde hacia mucho tiempo. Se trataba de hacer uso de la Ley 88 o “Ley Mordaza” diseñaba para estos fines y que no se había mostrado como el instrumento legal- represor que era. Se trató de enviar una clara señal a la oposición de que seria desmantelada. Previo al procedimiento represivo, se hizo un trabajo de mesa que buscaba poner tras las rejas a un grupo representativo de lo que hasta ese momento constituía el desempeño más audaz de los grupos civilistas. De esta forma se incluyó un número considerable de miembros del Movimiento Cristiano Liberación, cuyo desafiante Proyecto Varela temían y aun temen los represores. Incluyeron, claro está, a los periodistas y bibliotecarios independientes.

La muestra elegida para reprimir era un claro mensaje de que se admitía y que no se admitía. Por último escogieron a los opositores en toda y cada una de las provincias del país como recordando que la “justicia revolucionaria” alcanza a todos. Es así que opositores que no tenían una labor intensa y destacada, fueron a parar a la cárcel. Esto no minimiza su decoro.

Traer al presente los eventos de la Primavera Negra me produce un profundo abatimiento y me trae evocaciones nada gratas. Algunos de los detenidos son amigos, otros conocidos, los más nombres que me resultaban familiares. Es así que cuando se producían estos hechos, el 23 de marzo 2003 hice una llamada telefónica a La Habana, no para saber lo que ya sabia, sino para intercambiar con una de las tres personas con la cual compartí información sensible antes de salir de Cuba en el año 1999. Del otro lado de la línea, una extraña voz me anunciaba que mi confidente había muerto, precisamente hacia dos días. Desde ese momento un toque de misterio acompañan a mis indagaciones aun inconclusas.

Lo cierto es que, cuando leo las entrelíneas del juicio celebrado el 6 de abril a algunos de los detenidos en la Primavera Negra, no puedo menos que mostrar preocupación y enojo. Antes de salir de Cuba había indicado con toda claridad que, el traidor que en ese momento se desempeñaba como Presidente del Colegio Médico Independiente, era un agente de la Seguridad del Estado. No se consideraron las advertencias que hice; el traidor fue el “testigo estrella” de la Fiscalia. Repensar aquellos días de la Primavera Negra, me ocasionan no pocos sentimientos encontrados. Cuando ésta se produce, hacia un mes que me había establecido en Miami procedente de Texas, de tal manera que, cuando se convocó un acto de solidaridad con los detenidos y condenados en el Bayfront Park, no dudé en asistir. En aquel parque localizado en la capital del Exilio,- la misma ciudad que acoge a 600 mil cubanos-, un grupo de apenas 50 personas nos empeñábamos en mostrar una solidaridad entre palabras y breves discursos ensombrecidos por las penas y la ineficacia. De lejos algunos automovilistas sonaban sus claxon en señal de relajo insolidario.

Nuestra acción es como siempre quejosa, no hay un hacer intenso y digno. Nuestros hermanos en Cuba esperan por un respaldo y defensa que nos les llega. Los encarcelados de la Primavera Negra, de decidida inspiración cristiana y que son parte del Movimiento Cristiano Liberación, a cuatro años de su detención están esperando por las muestras de apoyo de las Iglesias y grupos cristianos de presión en todo el mundo. Su clamor desde la cárcel no es escuchado, ellos como sus familiares esperan por un apoyo que nunca se ha hecho efectivo.

 


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