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QUE ESTA OCURRIENDO EN EL MUNDO
05-03-2007, Alan Dershowitz

He conocido a Jimmy Carter por más de 30 años. Lo conocí en la primavera de 1976 cuando, como candidato a la presidencia relativamente poco conocido, me envió una carta solicitando mi ayuda para su campaña en asuntos relacionados con crimen y justicia. Yo acababa de publicar un artículo en la revista del New York Times sobre reformas en el tema de las sentencias, y expresó su interés en mis ideas, pidiéndome que aportara otras adicionales para su campaña. Poco después, mi antiguo alumno Stuart Eisenstadt, llevó a Carter a Harvard para un encuentro con algunos profesores de la Facultad, yo entre ellos. De inmediato me gustó Carter: vi en el un hombre integro y de principios. Me comprometí para trabajar en su campaña, y trabajé intensamente por su elección. Cuando la revista Newsweek le pidió los nombres de las personas en cuyos consejos se apoyaba Carter, él me incluyo entre ellos. Continué trabajando para Carter durante varios años, y hace un año me encontré con él, en Jerusalén, donde discutimos brevemente el tema del Medio Oriente. A pesar que disentimos en algunos temas, continué creyendo que sus ideas tenían que ver con su profundo compromiso con los Derechos Humanos.

Recientes revelaciones sobre las conexiones extensas de Carter con el dinero del petróleo árabe, particularmente de Arabia Saudita, sacudieron profundamente mis creencias sobre su integridad. Cuando, por primera vez, me enteré que había recibido una recompensa monetaria en nombre del Sheik Zayed bin Sultan Al Nahayan, y se quedó con el dinero, aún después que Harvard devolvió dinero del mismo origen, a causa de su historia de antisemitismo, simplemente no lo creí. ¿Cómo podía, un hombre de tan aparente integridad, enriquecerse con un sucio dinero, proveniente de tan sucia fuente? Y que no haya equivocación respecto a cuán sucia es la Fundación Zayed. Yo lo sé, pues estuve algo involucrado, en ayudar a persuadir a la Universidad de Harvard a devolver más de 2 millones de dólares que una de sus escuelas, la Divinity School, financieramente en crisis, había recibido. Inicialmente, me mostré reluctante a poner presión sobre Harvard para devolver el dinero, pero una estudiante, Rachel Lea Fish, me hizo participe de los hechos. http://www.thecrimson.com/article.aspx?ref=348172

Estos eran increíbles. No podía terminar de asombrarme que en el siglo XXI hubiera todavía fundaciones con semejantes ideas. El Centro Zayed para la Coordinación y Seguimiento de un grupo de estudio ("think-tank") estaba financiado por el Sheik y dirigido por su hijo, e invitaba a conferenciantes para quienes los judíos eran "los enemigos de todas las naciones", atribuían el asesinato de John Kennedy a Israel y el Mossad y los ataques de 11/9 a los propios militares de Estados Unidos, y declaraban que el Holocausto era una fabula. http://www.adl.org/Anti_semitism/zayed_center.asp

También fueron anfitriones de una conferencia de Jimmy Carter. Debemos reconocer que Harvard devolvió el dinero, para su crédito. Jimmy Carter no lo hizo, para su descrédito. Jimmy Carter estuvo, por supuesto, al tanto de la decisión de Harvard puesto que esta fue ampliamente publicitada. Aún así se quedó con el dinero. Esto es lo que dijo al aceptar los fondos: "Este premio tiene un significado especial para mi pues lleva el nombre de mi amigo personal, el Sheik Zayed bin Sultan - Al Nahyan". El amigo personal de Carter resultó un fanático antisemita irredimible.

Al leer las declaraciones de Carter, recordé los malos viejos tiempos de Harvard, en la década de los años 30 del siglo pasado, cuando continuaron honrando a los académicos nazis, luego que la política antisemita del gobierno de Adolf Hitler se hizo bien conocida. Harvard de los años 30 fue cómplice de la perversidad. Con gran pesar, debo concluir que Jimmy Carter , del siglo XXI, se ha vuelto cómplice de la perversidad.
La extensión del soporte financiero de Carter, y aun la dependencia de dinero sucio no está aún totalmente dilucidada. Lo que si sabemos es por demás penoso. Carter, y su Centro, aceptaron millones de dólares de fuentes sospechosas comenzando por la financiación de los problemas económicos de los negocios maniceros de la familia Carter en los años 70 por el BCCI, un banco que ya no existe y que, en su momento, fue virulentamente anti - israelí, controlado indirectamente por la familia real saudita, entre cuyos principales inversores estaba el amigo personal de Carter, el sheik Zayed. Agha Hasan Abedi, el fundador del banco, le entregó a Carter $ 500.000 para ayudar, al ex presidente, a establecer su Centro y más de 10 millones para otros proyectos. Carter aceptó, con gusto, el dinero a pesar que Abedi consideró a su banco - ostensiblemente la fuente del dinero "la mejor manera de luchar contra la perversa influencia de los sionistas". BCCI no es la única fuente: El rey saudita Fahd contribuyó millones al Centro Carter -sólo en 1993, $7.6 millones-, y lo mismo hicieron otros miembros de la familia real saudita. Carter recibió, también, una promesa de un millón de dólares de la familia Bin - Laden, con base en Arabia Saudita, así como un premio al medio ambiente de $ 500.000 a nombre del Sheik Zayed, pagado por el Primer Ministro de los Emiratos Árabes Unidos

Vale la pena notar que, a pesar del influjo del dinero saudita al Centro Carter, y a pesar de las miríadas de abusos a los derechos humanos producidos por el gobierno de Arabia Saudita, el programa de Derechos Humanos del Centro Carter no desarrolla ninguna actividad en Arabia Saudita. Los sauditas, aparentemente, han comprado su silencio a un alto precio. La calidad de "compra" de las actividades del Centro Carter se hace más evidente, sin embargo, cuando se repasan las actividades sobre Derechos Humanos del Centro en otros países: Esencialmente, ninguna actividad en China o Corea del Norte, o en Irán, Irak, Sudán, o Siria, pero en cambio, actividad en lo que respecta a Israel y sus supuestos abusos, según el sitio Web del Centro.
La declaración sobre la misión del Centro Carter indica que "El Centro es apartidario y actúa como parte neutral en actividades de resolución de disputas". ¿Cómo puede ser así, siendo que sus cofres están llenos de dinero árabe, y su foco está alejado de los abusos significativos de los países árabes, mientras enfoca los menos serios israelíes?
Ninguna persona razonable puede discutir por lo tanto que Jimmy Carter ha estado y sigue estando dependiente del dinero del petróleo árabe, particularmente de Arabia Saudita. ¿Significa eso que Carter se ha visto necesariamente influenciado en su pensamiento sobre el Oriente Medio por la gran cantidad de dinero recibida? Preguntar eso a Carter. La premisa total de su criticismo a la influencia judía en la política exterior de los Estados Unidos es que el dinero habla. Es Carter, no yo, quien hizo hincapié en que si los políticos reciben dinero de fuentes judías, no están libres de decidir asuntos con respecto al Medio Oriente. Es Carter, no yo, quien ha argüido que reporteros distinguidos no pueden informar honestamente sobre el Oriente Medio porque están pagados con dinero judío. Así, según los propios estándares, seria económicamente "suicida" para Carter "adoptar una posición balanceada entre Israel y Palestina".
Por lo tanto, según los propios estándares de Carter, sus opiniones sobre el Medio Oriente están descontadas. Ciertamente es posible que ahora él crea en ellas. El dinero, particularmente grandes sumas, tiene poder de persuasión sobre cierta gente y sus posiciones particulares. No me sorprendería si Carter, habiendo recibido tanto dinero de origen árabe, está ahora honestamente comprometido con su causa. Pero su negativa a revelar cuán dependiente es del dinero árabe, y la ausencia de su propia reflexión acerca de si el recibir ese dinero ha influenciado incorrectamente sus opiniones, es una forma de decepción rayana en la corrupción.

Me he encontrado con lobbistas del tabaco, que están solventados por la industria tabacalera, y que han terminado creyendo honestamente que el cigarrillo es una forma sana de recreación del adulto, que los cigarrillos no son adictivos y que la industria del cigarrillo realmente trata de disuadir a los chicos para que no fumen. Estas personas se engañan a sí mismas (o nos engañan a nosotros tratando de hacernos creer que se engañan a sí mismos) del mismo modo que Jimmy Carter se engaña a sí mismo (o nos trata de persuadir para que creamos que se engaña a sí mismo). Si el dinero determina las opiniones públicas y políticas -como Carter insiste que el "dinero judío" hace- entonces las opiniones de Carter sobre el Medio Oriente han de estar influenciadas por las vastas sumas de dinero que él ha recibido. Si el que paga al gaitero indica la melodía, entonces, las melodías desafinadas de Carter han sido ordenadas por sus financiadores. Me duele decir esto, pero creo que no hay otra persona en la vida pública americana con un nivel tan bajo de relación entre su integridad aparente y su integridad real, que Jimmy Carter. La percepción pública de su integridad es extraordinariamente alta. Su integridad real, podemos ver ahora, es extraordinariamente baja. Carter no es mejor que tantos políticos americanos del pasado que, luego de abandonar la vida pública, se venden al mejor postor y se convierten en lobbistas de causas despreciables. Este es ahora el triste legado de Jimmy Carter.

Cita:
Alan Dershowitz es profesor de Leyes en la Universidad de Harvard. Su libro más reciente: "Preemption: A knife that cuts both ways" . Cortesía Departamento de Información y Prensa. Embajada de Israel-Guatemala.


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