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El mito del profesor Domínguez
13-01-2007, Miguel Cossio

Jorge Domínguez tiró por la borda su pedigrí como analista, como el cubanólogo que nos vendió Harvard. Ha escrito que ''Fidel Castro se convirtió en un mito'' que debemos honrar. Lo considera el hombre que ''transformó un pueblo en una nación'', que ''modernizó la sociedad'' y que ''es la figura más importante de la historia de Cuba''. En fin, una barrabasada con mayúsculas, que lo desacredita como intelectual.

Su texto El comienzo de un fin, publicado en el número octubre-diciembre del 2006 de la revista Foreign Affairs, está plagado de inconsistencias políticas e históricas. Para empezar, Domínguez ha confundido nación con Estado, un error imperdonable en un profesor de la Universidad de Harvard. Castro no inventó nuestra nación, sino que montó sobre ella un Estado totalitario. Cuba era una nación cuando el dictador llegó al poder. Tal vez en 1958 no existía un Estado desarrollado en su totalidad. Pero eso también es discutible.

Fidel Castro es el personaje más importante contra la historia de Cuba. Torció nuestras raíces. Nos ha transmitido una nefasta huella. Endeudó al país política y moralmente, imponiéndole un destino irracional. Lo convirtió en una nación improductiva y dependiente de cualquier otra economía. Y no se puede honrar a un vil traidor.

Se equivoca el profesor Domínguez al mitificar a Castro. Bajo su lógica debería admitir entonces que Hitler, Mussolini, Stalin, Mao, Franco, el Che y Pinochet también fueron mitos. Mitos para rechazar.

¿Dónde está la sociedad moderna que Fidel Castro construyó? ¿De qué modernidad habla este profesor cuando los cubanos sufren escasez, comen y visten racionadamente, no tienen acceso a internet, desconocen lo que es un simple cheque, una tarjeta de crédito o débito, un cajero ATM, el horno de microondas, la radio y la televisión por satélite, las grandes redes viales y de transporte público? ¿A qué desarrollo se refiere cuando en Cuba nadie decide casi nada libremente? Y cuando elegir es uno de los actos distintivos de la modernidad: escoger qué periódico leer, cuál marca de zapatos calzar, por cuál político votar, qué religión profesar, cuál idea apoyar.

Contrario a la afirmación de Domínguez, Castro no fue el arquitecto de una política de inversión en capital humano. Fue el hombre que retrasó a Cuba a un estadio inferior con prácticas sociales primitivas de subsistencia. Un dictador carismático que durante años explotó a su antojo a millones de cubanos entregados a la utopía de construir una sociedad mejor. Una ojeada analítica a la historia, a los hechos y a las estadísticas nos conducen a conclusiones diametralmente opuestas a las de Domínguez. Los éxitos sociales de Castro son cuestionables.

El profesor yerra también respecto al papel de Fidel en la historia reciente de África. La participación cubana en la independencia de Angola y Namibia es a duras penas reconocida por los propios gobiernos de esos países, a los cuales Fidel Castro ayudó a instaurar en el poder. El mejor ejemplo ocurrió el 21 de marzo de 1990 durante el acto de proclamación de la independencia de Namibia. Su primer presidente y jefe de la SWAPO, Sam Nujoma, no hizo una sola referencia al papel de Cuba en el proceso independentista.

La presencia cubana en África sucedió en el contexto de la guerra fría y Cuba pagó un altísimo precio de sangre para que finalmente en Angola se instaurara hasta hoy uno de los gobiernos más corruptos de África. El mito expresado por Domínguez de que Cuba contribuyó a la desaparición del apartheid en Sudáfrica ignora que fueron las propias fuerzas internas del cambio, blancas y negras, y el boicot internacional, las que llevaron al fin de ese régimen racista.

En su errático análisis, el profesor Domínguez olvida, por cierto, la intervención cubana en Etiopía, donde el antiguo aliado de Fidel Castro, Mengistu Haile Marian, terminó derrocado, prófugo en Zimbabwe y convicto por genocidio en su propio país.

Fueron las ansias imperiales de Castro y el carácter expansionista de sus ideas supuestamente revolucionarias la verdadera causa del envío y la permanencia de tropas cubanas en África, y no las nobles razones que Domínguez apunta.

En un abrir y cerrar de ojos, Jorge Domínguez ha pasado de ser el académico que muchos respetaron a un extraño propagandista de Fidel Castro.

*Director Editorial y de Noticias de América Te Ve, canal 41.


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