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EL PERIODO INVENTIVO
10-01-2007, Andrew Bernstein

Un número de American Heritage (noviembre 1999), una revista dedicada al análisis de temas culturales importantes de la historia de los Estados Unidos de América, tiene un artículo que provee una amplia cantidad de claves para entender la verdadera naturaleza de fines del siglo XIX en Norteamérica. La nota, "Gente de Progreso", enumera a los grandes innovadores del siglo XX, y toma como su punto de partida a la famosa pintura de Christian Schussele de 1862, "Men of Progress", un retrato de 19 grandes inventores y pensadores estadounidenses de la primera mitad del siglo XIX.

La pintura de Schussele retrata a hombres como Cyrus McCormick (1809-1884), el inventor y fabricante de la máquina segadora y otros equipamientos para la agricultura; Charles Goodyear (1800-1860), quien creó el proceso de vulcanización que hace útil al caucho; Samuel Colt (1814-1862) el inventor y fabricante de la pistola; Peter Cooper (1791-1883), el constructor de la primera locomotora a vapor de Estados Unidos; Samuel Morse (1791-1872), el pensador responsable del telégrafo eléctrico y del Código Morse; William Morton (1819-1868), el dentista que colaboró en el descubrimiento del éter como un anestésico; y Elias Howe (1819-1867), inventor de la máquina de coser. Éstos, al igual que otros doce reconocidos pensadores e inventores, forman el tema de la obra maestra de Schussele.

Los responsables de la Cooper Union for the Advancement of Science and Art (fundada por el inventor e industrial Peter Cooper en 1859) solicitaron a uno de sus mejores graduados, el artista Edward Sorel, que pinte una continuación del trabajo de Schussele -un retrato de 20 estadounidenses innovadores que cambiaron al mundo en el siglo XX. Sorel, con la colaboración de los editores de "American Heritage" y "American Heritage of Invention & Technology", eligió los temas. No es muy sorprendente que algunos de los genios pintados comenzaron sus brillantes carreras en la segunda mitad del siglo XIX.

Los historiadores anticapitalistas comúnmente se refieren a esta etapa como "la Edad Dorada" y se burlan de sus grandes industrialistas llamándolos "Señores del Robo". Sostienen que los amplios avances industriales de este período fueron alcanzados por medios esencialmente inmorales y sin principios. Están profundamente equivocados y han errado al identificar la esencia de esta era. Debe ser conocida como el Período Inventivo.

En la pintura de Schussele, Benjamin Franklin observa desde arriba a aquellos señalados como los genios inspiradores. Sorel le da este honor a Thomas Edison. Edison (1847-1931) es el ejemplo de esta era. Es ampliamente conocido como el inventor del sistema de luz eléctrica, el fonógrafo, el generador eléctrico, y los proyectores de películas. Más tarde sincronizó el cine con el sonido fonográfico para crear la primera presentación multimedia del mundo. Pero Edison no es el único capaz de ejemplificar a los genios científicos y tecnológicos de este período. El retrato de Sorel muestra a otras numerosas grandes mentes.

Entre ellas se encuentra la de George Washington Carver (1864-1943), el brillante afroamericano botánico y agrónomo que desarrolló un tipo nuevo de algodón, el Híbrido de Carver. Nacido esclavo, es famosamente conocido por convertir a las batatas y a los maníes en cosechas líderes, pero también inventó cientos de productos a base de plantas, enseñó métodos de mejoramiento de la tierra y, gracias a sus descubrimientos, condujo a los granjeros del Sur a que cultivaran granos en lugar de algodón. También se encuentra incluido Charles Steinmetz (1865-1923), el inmigrante alemán que fue a trabajar a General Electric como su primer director de investigaciones y desarrollos y en la década de 1890 fue de los primeros en entender la transmisión eléctrica.

GENIOS OLVIDADOS. Debido a que el retrato de Schussele se concentra en los comienzos del siglo XIX y el de Sorel en principios del siglo XX, hay muchos grandes pensadores de fines del siglo XIX que no son incluidos en ningunas de las dos pinturas. Aquí podemos mencionar aunque sea a algunos. Uno es George Eastman (1854-1932), quien en 1884 patentó la primera película fotográfica en rollo para ganar practicidad. En 1888 revolucionó la fotografía perfeccionando su cámara Kodak, y en 1892 fundó la Eastman-Kodak Company, una de las primeras productoras masivas de equipamiento fotográfico estandarizado. Otro es Cyrus W. Field (1819-1892), un emprendedor cuyos intereses en la telegrafía transoceánica lo llevó al tirado del cable transatlántico en 1866. Más tarde, Field fue fundamental en el trazado del cable que unió Estados unidos con Australia y Asia a través de Hawaii.

Los avances arquitectónicos realizados por William Le Baron Jenney (1832-1907) y Louis Sullivan (1856-1924) no se deben pasar por alto. Jenney, un ingeniero del ejército de la Unión durante la Guerra Civil, se estableció en Chicago y abrió un estudio de arquitectura. Fue de los primeros en utilizar el marco de metal para la construcción de grandes edificios, sistema que empleó por primera vez en el edificio de la Home Insurance Company en 1885. Su método revolucionario de construcción de pared cortina es utilizado en la actualidad y le dio el título de "padre de los rascacielos". Sullivan fue aprendiz de Jenney en los comienzos de su carrera. Más tarde, fueron sus diseños para edificios con marcos de acero los que resultaron más apropiados para la construcción de rascacielos como un edificio típicamente americano.

George Westinghouse (1846-1914) introdujo numerosas invenciones en distintos campos, pero se concentró en la industria ferroviaria. Antes de cumplir 20 años, desarrolló un sistema de señales ferroviarias accionadas por aire comprimido, una invención que permitió que los trenes cambiaran de carriles. Su avance más importante fueron los frenos automáticos de aire, inventados en 1866, que se convirtieron en un estándar en todos los trenes. Westinghouse desarrolló más de 400 patentes y, junto con el inmigrante croata Nikola Tesla (1856-1943), fue de los primeros en utilizar la corriente alterna (AC) en Estados Unidos. Tesla inventó el generador de AC en la década de 1880, el primero motor que funcionaba gracias a la corriente alterna. Vendió la patente a Westinghouse, quien la puso en uso comercial en el proyecto de las cataratas del Niágara. Westinghouse y Tesla demostraron que la corriente alternada era capaz de generar fuerza eléctrica a grandes distancias más económicamente que la corriente directa promovida por Edison.

John Roebling (1806-1869), un inmigrante alemán, inventó la construcción de los puentes suspendidos en los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX. Demostró la practicidad de utilizar cables de acero en la construcción de puentes - y hoy en día, a comienzos del siglo XXI, muchos de sus puentes aún siguen de pie, incluyendo el famoso Puente de Brooklyn en Nueva York, construido en la década de 1870. Otro gran inventor, comúnmente olvidado hoy en día, es el cirujano y bacteriólogo de las fuerzas armadas de Estados Unidos de América, Walter Reed (1851-1902). En la década de 1890, las investigaciones de Reed contribuyeron en gran medida a la comprensión de la fiebre tifoidea, lo cual permitió el control y la prevención de epidemias de esta enfermedad. En 1900 Reed demostró que el virus de la fiebre amarilla era transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti. Exterminando los mosquitos, la enfermedad quedaría virtualmente eliminada.

Un gran pensador del Período Inventivo que es muy recordado, es el inmigrante escocés, Alexander Graham Bell (1847-1922). En 1874, su trabajo en el telégrafo múltiple le dio la idea del teléfono. Los experimentos con su asistente de investigación, Thomas Watson, resultaron exitosos el 10 de marzo de 1876. Más tarde, ese mismo año, Bell presentó el teléfono en la Centennial Exposition en Filadelfia, un evento que lo llevó a la organización de la Bell Telephone Company en 1877. Las otras invenciones de Bell incluyen el audiómetro, un dispositivo capaz de medir le perfección auditiva y, más tarde, el alerón y otros avances aeronáuticos.

El espacio no nos permite siquiera la mención de todos los inventores, emprendedores y los industrialistas innovadores que florecieron durante el período. Los logros de Frank Julian Sprague (1857-1934), por ejemplo, ya no son recordados. Sprague, un ingeniero electrónico brillante que se graduó en Annapolis y trabajo para Edison, electrificó el sistema de tranvía de Richmond en 1888. Demostró que la electricidad era barata y que podía ser utilizada tanto en subterráneos como en vehículos terrestres. En 1890, cerca del 15 por ciento de las millas del tránsito urbano estaba electrificado, hacia 1902, el 97 por ciento.

En la víspera del siglo XX los avances tecnológicos de Estados Unidos tan solo estaban comenzando. En la mañana del 4 de junio de 1896, Henry Ford (1863-1947) tiró abajo la pared de ladrillo de su garaje con un hacha y condujo hacia el exterior el primer auto. Otros, por supuesto, habían construido y manejado autos, pero Ford fundó la Ford Motor Company en 1903 y logró que el auto fuera una realidad comercial. Pronto millones de estadounidenses manejaban sus autos. Ese mismo año, Wilbur (1867-1912) y Orville Wright (1873-1948), dos mecánicos de bicicletas de Dayton, Ohio, que se habían educado en base a los principios de la ingeniería aeronáutica, lograron realizar el primer vuelo a motor logrado por un vehículo más pesado que el aire, en Kitty Hawk, Carolina del Norte. A lo largo de la década de 1890, los hermanos Wright habían estado estudiando aeronáutica y experimentando con dispositivos de vuelo. Tanto los años automotrices como los aeronáuticos amanecieron a principios del siglo XX en Estados Unidos como un resultado de los logros obtenidos a fines del siglo XIX (Ford y los hermanos Wright están incluidos en la pintura de Sorel).

LA CAUSA OCULTA. ¿Cuál fue el factor oculto, responsable de esta explosión de innovaciones, invenciones, avances y nuevos productos sin precedentes? La respuesta debería ser obvia, pero desafortunadamente, para muchos historiadores no lo es. Fue la libertad política y económica del sistema capitalista que permitió que estos inventores y emprendedores florecieran.

Los finales del siglo XIX (hasta la proliferación de los controles del gobierno y la falta de confianza a principios del siglo XX) fue el período más libre de la historia de los Estados Unidos de América. Los más importantes economistas, profesores, teóricos legales y jueces sostuvieron los principios de derechos individuales, gobierno limitado, libertad económica, y aprovechamiento de las ganancias. Economistas como Amasa Walker, Artur Latham Perry, y Francis Bowen escribieron los libros más importantes de economía del momento. Sus trabajos -"Science of Wealth", "Elements of Political Economy", y "American Political Economy", respectivamente- destacan la habilidad del libre mercado de crear riqueza y movilidad económica positiva. William Graham Sumner (1840-1910), el científico social más importante de Estados Unidos de fines del siglo XIX, escribió acerca de "El Hombre Olvidado", el trabajador honesto que se mantenía por la producción de su trabajo. El principio del Hombre Olvidado se basa en que necesita la libertad del sistema norteamericano si quiere crecer. El es siempre la víctima de los esquemas socialistas para redistribuir el ingreso obtenido por individuos privados.

Los legalistas y filósofos de ese tiempo compartían el mismo compromiso hacia el gobierno limitado. Los más prominentes, Thomas Cooley y Christopher Tiedman, escribieron sus trabajos de más renombre en la segunda mitad del siglo XIX. El resultado de ambos, "A Treatise on the Constitutional Limitations Which Rest Upon the Legislative Powers of the American Union" (1868) de Cooley, y "A Treatise on the Limitations of the Police Powers of the States" (1886) de Tiedeman fue la defensa de los derechos de propiedad.

En la práctica, la mayor parte de los jueces estadounidenses de este período estaban de acuerdo en los principios individualistas de los filósofos legales del país. Luego de la Guerra Civil, las cortes de Estados Unidos generalmente asumieron como inconstitucional a cualquier ley que restringiera los derechos de propiedad y los derechos tanto del empresario como del trabajador de establecer los términos de trabajo que ellos consideren mejores. Por ejemplo, la Corte de Apelaciones del estado de Nueva York, en 1885, rechazó una legislación que buscaba limitar las horas de trabajo en la industria, en la creencia de que dicha ley violaba los derechos del trabajador y del empleador de realizar una transacción voluntaria.

Además, las cortes estadounidenses de fines de siglo XIX pusieron, repetidamente, severas limitaciones a los poderes del gobierno para cobrar impuestos y subsidiar sectores. Las cortes generalmente dieron un fuerte apoyo al principio capitalista de que la empresa productiva debía ser fundada, poseída y operada en forma privada. En 1898, un representante frente a la corte de Missouri se manifestó en contra del gobierno paternalista, ya sea federal o estatal, y proclamó que los individuos saben mejor que nadie cómo conducir sus negocios y sus cuestiones personales.

En esta era, la Corte Suprema de los Estados Unidos, gradualmente se convirtió en el defensor más importante de los derechos individuales a la propiedad, libertad de contrato, y libertad económica. Por ejemplo, Stephen J. Field (hermano de Cyrus Field), por muchos años un distinguido juez de la Corte Suprema, sostuvo disentimientos pro-liberales en disputas tan famosas como el caso Slaughter-House (1878) y Munn vs. Illinois (1877), sosteniendo que el gobierno no podía prevenir que ni los empleadores ni los empleados se metieran en temas de su propia elección, ni podía violar los derechos individuales de uso y desuso de la propiedad. La opinión de la mayoría en ese momento fue que la enmienda catorce sólo protegía los derechos de los esclavos recientemente liberados y que no había nada en dicho artículo que prevenga a los estados de interferir en las actividades empresarias. Pero hacia mediados de la década de 1880, luego del caso San Mateo (1882) y del caso Santa Clara (1886) el juez Field prevaleció. El presidente de la Corte, Morrison Remick Waite, en una declaración oral, sostuvo ante un jurado unánime, en 1886, que todos los jueces "entendían y aceptaban el hecho de que las corporaciones eran personas con la misma protección que otorga la enmienda catorce". El derecho de los individuos de trabajar y usar su propio trabajo y propiedad como ellos quieran, entonces pasó a estar bajo la protección legal de la Corte Suprema.

RELIGION Y CAPITALISMO. Los líderes religiosos de esta época, en forma característica, sostenían las virtudes del trabajo, la frugalidad, la sobriedad, y la riqueza ganada a través del esfuerzo honesto. El periódico religioso semanal, "El Independiente", editado por un tiempo por el notable ministro congregacionista, Henry Ward Beecher (1813-1887), defendió el libre mercado como el medio mediante el cual tanto capitalistas como trabajadores alcanzarían el éxito material. Por casi cuatro décadas, Beecher predicó desde su influyente púlpito de Brooklyn la habilidad de los individuos que trabajan duro para crecer económicamente en un sistema capitalista.

El clima intelectual, cultural y político del país defendía la libertad, el gobierno limitado y los derechos del propiedad. Los resultados económicos no son sorprendentes. Las mentes más innovadoras y creativas eran libre de desarrollar nuevos productos y métodos, para comenzar sus propias compañías, para brindar una innovación al mercado, para convencer a los consumidores de que los nuevos productos eran mejores que los viejos y, con el tiempo, ganar alguna fortuna. Había pocos burócratas gubernamentales y reguladores que prohibieran sus actividades, restringieran su producción, dictaran condiciones laborales o limitaran sus ganancias. "La primera condición para la proliferación era que las innovaciones no necesitaran el consentimiento de la autoridad... gubernamental", sostienen Rosenberg y Birdzell.

La mayor parte de los innovadores del Período Inventivo eran emprendedores que buscaban y creaban riqueza gracias a su trabajo creativo. Edison se retiró con una ganancia neta de 12 millones de dólares, una cantidad enorme en esos días. Sus inventos le dieron ganancias. "El laboratorio de Menlo Park de Edison fue concebido para obtener conocimiento científico para lograr innovaciones industriales... Sus inventos eran logros escogidos con un ojo astuto puesto sobre su venta".

Estas instancias eran numerosas durante el Período Inventivo. Eastman, Westinghouse (Westinghouse Electric Company), y Ford son todos ejemplos de inventores-emprendedores que desarrollaron sus nuevos productos en negocios rentables. Willis Carrier (1876-1950) inventó el aire acondicionado en 1902, que para 1940 ya tenía 80 patentes, y fundó la empresa fabricante que lleva su nombre (También aparece en la pintura de Sorel). La invención más famosa de Bell, por supuesto, lo llevó a fundar la empresa Bell Telephone Company. Roebling hizo una fortuna con su empresa de fabricación de cables, al igual que McCormick con su compañía productora de máquinas de segado y equipamiento para el campo. Colt fue un emprendedor que abrió su propia planta, Colt Patent Arms, en 1855. Fue de los primeros en utilizar métodos avanzados de fabricación como la producción en línea y el uso de partes intercambiables, logrando que su compañía se convierta en la armería más grande del mundo. Isaac Merritt Singer (1811-1875) quería una máquina de coser comercialmente práctica y patentó muchos productos parecidos para crear su producto inmensamente conocido. En 1860, él era el fabricante más grande del mundo de máquinas de coser. Un innovador en los negocios, Singer comenzó con prácticas tales como instalaciones en el hogar, campañas publicitarias y servicios post-venta.

Debido al clima de libertad política y económica durante el Período Inventivo, los emprendedores estadounidenses fueron capaces de revolucionar los campos de industria pesada en los cuales dependía la prosperidad general. Entre 1860 y 1900, el rendimiento del carbón bituminoso aumentó un 2.260 por ciento, el del petróleo crudo en un 9.060 por ciento, el del acero en un 10.190 por ciento y otras industrias incrementaron en cantidades parecidas. Industriales como Andrew Carnegie (1835-1919) y John D. Rockefeller (1839-1937) llevaron a Carnegie Steel y Standard Oil a producir en grandes cantidades, inundando al país de productos de acero y petróleo. En la década de 1880 y 1890, el gran hombre del ferrocarril, James J. Hill (1838-1916) construyó la Great Northern Railroad, sólo con fondos privados, mejorando grandiosamente la vida de la gente de la llanura del norte y los estados del noroeste. No es necesario decir que Carnegie, Rockefeller, y Hill ganaron grandes cantidades de dinero.

La lección del Período Inventivo puede ser aplicada hoy en día. La libertad económica y política lleva a la innovación en forma ampliamente expansiva. Este principio puede observarse en la industria de las computadoras, en la cual la relativa ausencia de las regulaciones gubernamentales ha permitido que innovadores tales como Steve Jobs, Stephen Wozniak, Bill Gates, Michael Dell y otros, crearan una revolución informática y ganaran grandes fortunas en dicho proceso.

Para defender la libertad contra las distorsiones de los historiadores anticapitalistas, es muy importante rechazar el título degradante y poco certero de "Era Dorada" para fines del siglo XIX. Debemos reconocer y celebrar la verdadera naturaleza de ese período. Fue el Período Inventivo.

Andrew Bernstein enseña filosofía en Pace University y actualmente trabaja en su libro, "El manifiesto capitalista".

*Este artículo fue originalmente publicado en la revista Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Foundation for Economic Education (www.fee.org) a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.

Traducción de Hernán Alberro. Cortesía de la Fundación Atlas


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