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El choteo anticastrista en Cuba
25-08-2006, Tomas Prieto

Que un jefe de estado tenga que posar grotescamente con un periódico en la mano como en los secuestros para certificar que está vivo y de ese modo desmentir los rumores, y que aun así tampoco se lo crean, dice mucho de la poca credibilidad de ese régimen.

Ya ha pasado el momento álgido de la telenovela que ha sido la supuesta cirugía y convalecencia de Fidel Castro, iniciada con una insólita proclama preoperatoria que tenía todas las trazas de ser su última voluntad y testamento.

Para ponerle la guinda, la designación por sustitución hereditaria de Raúl Castro como mayoral interino de la finca, fue seguida por la desaparición de la escena política del mismo hermanísimo y dictador en funciones. Y más misterioso aún, por la falta total de información sobre la salud del mayimbe mayor, cuya evolución él mismo, en un segundo comunicado, ordenó guardar celosamente como secreto de estado, hermético e impenetrable a todos los designios de la CIA, que es la manera castrista de referirse a la amenaza que más temen: la de un pueblo ya cansado de casi medio siglo de represión y penurias.

Si grande fue el asombro de la prensa mundial, ávida de información sobre la salud de Castro y el paradero del hermano, mayor fue la incertidumbre en que vivió todos esos días el pueblo cubano.

La calma y la tranquilidad que han reinado entre la población -- de lo que tanto se han jactado los pocos voceros del régimen que han hablado en público durante la presente crisis intestinal y hemorrágica-- ha sido en realidad un indescriptible estado de ansiedad por el cambio, unido a la zozobra ante lo que pudiera sobrevenir, más el inevitable miedo cerval a la represión que asoma los colmillos policiales en cada parque, en cada calle, en cada esquina. En cada pensamiento.

La gente ni se atrevía a opinar, a no ser muy en privado. En las paradas de autobuses, con un tiempo de espera promedio que da para leerse varias veces el aburrido y críptico diario oficial, a nadie se le ocurría abrir la boca para comentar y hacer conjeturas sobre lo que estaría en realidad pasando entre bambalinas en el circo de los hermanos Castro.

Ya en confianza, la opinión generalizada era que “el Caballo se partió pero lo tienen guardado en el ‘freezer’, y al Chino lo metieron en el tanque”, según los informes que llegaban de la Isla. Los comentarios sobre la muerte del Uno y la reclusión del Dos alcanzaron tal nivel que inundaban los oídos atentos de los informantes encargados de sondear ‘discretamente’ la opinión del pueblo.

Fue entonces que se publicaron las fotos de Castro al teléfono o sosteniendo un ‘Granma’ del día anterior, para que vean compañeros y compañeras que se trata de una foto actual, auténtica, veraz, verídica y verdadera. Para que no haya caída, señores periodistas de la prensa extranjera, tan preguntones y tan escépticos y desconfiados como son.

Que un jefe de estado tenga que posar grotescamente con un periódico en la mano como en los secuestros para certificar que está vivo y de ese modo desmentir los rumores, y que aun así tampoco se lo crean, dice mucho de la poca credibilidad de ese régimen, del poco caso que le hace el pueblo a los comunicados con diagnósticos ridículos de ‘estabilidad objetiva’.

Enseguida corrió un nuevo runrún y se empezó a hablar de fotomontaje o de que simplemente se trataba de uno de los dobles que tiene el dictador. En fin, que la gente seguía dando a los dos Castro por muertos o desaparecidos, o ambas cosas, aun cuando aparecieron con Chávez en las fotos del día siguiente.

No creían en las fotos porque no creen en ellos. Y porque ha sido una larga historia de todo tipo de mentiras y embustes, engaños y falsedades, descaros e insultos a la inteligencia, verdades a medias y omisiones, estadísticas manipuladas, tupes y globos... Vaya, que el pueblo está curado de espanto y la propaganda del régimen le resbala. Porque está hasta el forro de tanto cuento.

De ahí que no pudieran posponer más el vídeo que televisaron con el cake de cumpleaños, donde ni el trucaje de los estudios Minint pudo mejorar mucho a ese paciente en su lecho de enfermo y hablando con voz débil y apagada que es mi candidato favorito a difunto (con perdón del camarada cardenal Ortega y Alamino). Por más maquillaje que le pongan al paciente, esto es ya el final de Castro y, tal vez, el principio del fin del castrismo. Y Dios me oiga a mí y no al piadoso arzobispo de La Habana.

Una imagen que es la sombra de la sombra de aquel caguairán que en sus discursos sacudía la mata y llovían raíles de punta, se volvía una tromba y le echaba con el rayo al imperialismo, para deleite de tantos en todo el mundo que anteponen el antiamericanismo más elemental a los verdaderos intereses del pueblo cubano.

Pasó ya el clímax que había sido potenciado por el suspense, las elipsis escénicas y la desaparición misteriosa de los dos protagonistas de la telenovela, el Uno y el Dos, el caballo y la mariposa de la cubanísima charada china. Y al momento álgido del culebrón, le sigue ahora el anticlímax que detiene el ritmo acelerado de la respiración. Le sigue el relajamiento y hasta el relajo, que en su variante gruesa a la cubana es remedio santo contra el estrés postraumático (y postoperatorio).

Una ola de chistes sobre (y contra) Fidel se ha desatado en toda la Isla con la fuerza arrolladora de un tsumani subversivo. Campean por su respeto en la Habana y en el resto del país chistes como el de las veinte palabras que empiezan con ce, el loro opositor, la caída de la barba, el mono adidas con el mono Lazo, la bolsa de coloctomía Hollister con aro de caraya (éste entre el personal de salud), el caiguarán con comején y otros muchos más que crea a diario la imaginación creativa del cubano.

Aunque es casi irresistible la tentación de reproducir aquí algunos de esos chistes, no lo hago porque ya anda circulando por la red la mayoría de ellos. Y en definitiva, lo importante es constatar que si el pueblo no puede expresarse libremente ante las cámaras de la CNN porque sería un acto suicida, la onda general de San Antonio a Maisí es el bonchecito y la coña anticastrista.

Castro no habrá muerto en el sentido clínico pero su ‘mística’ ya va oliendo a cadáver, sometido como está a la disección post mortem de la guasa criolla y a la implacable deconstrucción del choteo cubano.


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