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LA FALSA MANO TENDIDA DE RAUL CASTRO
21-12-2006, Wilfredo Casañas Martín

Cuando Fidel Castro tomó el poder en Cuba, en 1959, le confesó a su amigo, Enrique Ovares, que si Hitler había escogido a los judíos para hacer su campaña política, él iba a utilizar a los norteamericanos para justificar su campaña en Cuba, porque Estados Unidos era el país más odiado en Latinoamérica.

Fidel Castro pudo haber iniciado en Cuba un proceso político y social con profundas aspiraciones nacionalistas, beneficiándonos del poderoso capital norteamericano que ya tenía sólidas bases dentro de la economía criolla, además de una proximidad geográfica ventajosa para ambos. Castro debió poner su inteligencia en función de una solución pacífica y negociadora con Estados Unidos, sin aplicar las leyes expropiativas que dictó “manu militari”, y sin proferir alardes prepotentes y guerreristas. Sin embargo, resulta casi ingenuo pensar en estas posibilidades, porque la vida nos ha demostrado que los hermanos Castro son la antítesis de todas estas dignas aspiraciones, porque desde un inicio sus malsanas intenciones se hicieron patentes al inocular en la mente del pueblo cubano un marcado sentimiento antinorteamericanista, premeditadamente y con las peores intenciones: buscar a toda costa un enemigo fuera de Cuba a quien echarle la culpa de todo lo que funcionara mal en nuestro país, y mantener una bien urdida amenaza en contra de Estados Unidos, iniciada en la década de los años 60 y en plena guerra fría, para congraciarse con los rusos y con el campo socialista de la época, esperando recibir a cambio -como la recibió durante tres décadas- una suculenta ayuda económica que mitigara la ausencia de las inversiones norteamericanas en la isla caribeña.


Durante 48 años el dictador y sus secuaces no han cejado en ese empeño, utilizando todas las estrategias imaginables para que proliferara el odio de los cubanos hacia Norteamérica, surgiendo una cruel y macabra expresión esteriotipada: “la guerra necesaria de todo el pueblo contra el imperialismo yanqui”, repetitiva y enfermiza, a pesar de que el gobierno norteamericano no agrede a Cuba desde hace más de 30 años.


En grandes pancartas diseminadas por todo el país, el régimen castrista también propagandiza: “Sólo hay una opción: salvar la Patria, la Revolución y el Socialismo”, que unido al grito prepotente de “Socialismo o Muerte”, representan el inequívoco carácter fascista y sanguinario de la dictadura, ejemplarizado en las decenas de miles de asesinatos, fusilamientos, torturas y encarcelamientos contra el movimiento opositor cubano, cada vez más pujante y nutrido, aunque el régimen pretenda ridiculizarlo y lo identifique como grupúsculos aislados y sin organización.
De qué forma van a organizarse los opositores cubanos dentro de la isla, cuando son perseguidos, hostigados y apaleados constantemente por los esbirros castristas ante la más mínima demostración de disidencia, aunque sólo sea oral y pacífica.

Otra forma de amenazar al pueblo cubano, y de tenerlo sojuzgado, ha estado reiteradamente plasmada en los discursos de Fidel Castro, cuando se refiere al caos que se crearía en Cuba si la “Revolución Socialista” fracasara y se rindiera ante los norteamericanos, perdiéndose todas y cada una de las “conquistas” del socialismo que tantos sacrificios han costado al pueblo cubano; conquistas que han resultado ser falsas vitrinas del régimen. Castro también se ha referido amenazadoramente a que regresarían al país miles de cubanos en el exilio para apoderarse de sus antiguas propiedades en Cuba. Tales amenazas significan un desvergonzado chantaje contra nuestro pueblo, porque en realidad los únicos que se han adueñado de todo el país, con todas sus deplorables consecuencias, son los hermanos Castro y su camarilla.

Por otro lado, de qué conquistas habla el régimen castrista, que no sean los cientos de privilegios que tienen los miembros de la élite en el poder en Cuba, que viven derrochando y usurpando las riquezas del país desde hace 48 años. Porque la gran mayoría de los cubanos vive con cientos de calamidades sufridas diariamente, prejuiciados y marginados dentro de esa enorme cárcel en que se ha convertido la isla, destruyéndose la economía nacional hasta la saciedad.

El colmo de la desfachatez de los hermanos Castro, es que ahora, cuando es inminente la muerte del dictador, Raúl Castro intente ofrecer una mejor imagen pública al liberar a dos de los presos políticos por razones humanitarias, y al declarar que le tiende la mano a los Estados Unidos con el propósito de mejorar las relaciones con Cuba.

Esa supuesta mano tendida es una farsa hipócrita, porque Raúl Castro es el prototipo del intolerante, del fanático fidelista y del cínico pseudomarxista, no existiendo nunca antes el antecedente de querer mejorar esas relaciones, y sólo busca ganar tiempo para adornar los entresijos del derrumbe que se les viene encima, y para continuar embaucando a los cubanos con un capítulo más de la triste novela en que la dictadura ha convertido la vida de mi pueblo, sin importarles nunca las múltiples frustraciones y desilusiones del pueblo cubano al constatar los reiterados fracasos de la revolución comandada por Castro.

Otra maniobra evidente de la debilidad de la dictadura castrista es la permisividad para que un grupo de congresistas norteamericanos, encabezados por el republicano Jeff Flake y por el demócrata William Delahunt, visiten Cuba en estos días con el supuesto objetivo de canjear favores.

El cacareado traspaso de poderes a Raúl Castro, que es la mayor patraña del régimen castrista en los últimos meses, y la salud o la gravedad de Fidel Castro no es lo único importante que ocurre en Cuba, y todo parece indicar que a los periodistas extranjeros es lo que más les interesa. Estos periodistas, valientes y demócratas, deben y pueden denunciar los diarios atropellos del aparato represivo castrista en contra del pueblo cubano y las constantes violaciones de sus libertades fundamentales. Si estos periodistas se quejaran de que el gobierno cubano no les permite hacer su trabajo, como reiteradamente ha ocurrido, ésa sería la prueba más contundente de que la dictadura oculta la verdad de lo que está sucediendo en Cuba, por lo que estos hechos también merecen ser denunciados.

Si Raúl Castro verdaderamente fuera capaz de tender la mano a alguien, debe tenderla primero hacia los cubanos de la isla, eliminando el sistema brutal y represivo que existe en contra de los opositores y disidentes; debe tenderla primero hacia los cubanos que continúan huyendo del país para evitar que mueran en el Estrecho de La Florida; y debe tenderla primero hacia los millones de cubanos que estamos en el exilio para que podamos regresar a nuestra Patria sin riesgos ni amenazas contra nuestras vidas.


* Médico cubano residente en la ciudad de Salamanca

 

 


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