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Los peligros del ‘regresionismo’
14-12-2006, Luís A. Baralt

Lo estamos viendo a diario en la Federación Rusa. Algunos creían, ilusos, que la dictadura comunista había encontrado su fin. Nada más lejos de la verdad. Simplemente se había cambiado de nombre y de colores, pero gobiernan los mismos. Nadie duda de que su presidente Vladimir Putin, denominado el ‘Nuevo Zar’ por quienes conocen el tema, gobierna como tal y apoyado por los antiguos agentes de alto nivel de la antigua KGB, ahora conocida como la FSB, a quienes reclutó casi al día siguiente de ser elegido en 2000, para ocupar ahora los principales puestos de su administración. O sea, que hoy en día tenemos a una de las principales naciones de la Tierra gobernada por una caterva de burócratas comunistas, todos ex-miembros del Comité para la Seguridad del Estado, cuyas especialidades son: el espionaje, la interrogación por medio de torturas, y el asesinato.

Quizás no haya pruebas acumuladas aún, pero no existe duda razonable que quienes están detrás de los múltiples asesinatos recientes (incluyendo contaminación con isótopos radioactivos como el Polonio 210) son grupos de asesinos de la KGB sujetos a las órdenes de una oligarquía bastante más codiciosa y corrupta que el peor ‘capitalismo avorazado’ de Occidente. Si no, ¿por qué prácticamente todos los afectados (Litvinenko, Anna Politskovsskaya, Viktor Yushchenko en grado de tentativa este último, y muchos más) han sido enemigos políticos de Putin y han acusado a éste de su muerte antes de morir, o del atentado fallido, como en el caso del presidente ucraniano? Están Rusia, y el mundo, amenazados por una caterva de asesinos y oligarcas oportunistas y ambiciosos que no tienen respeto más que hacia un solo valor – el dólar o el nuevo rublo, o el petróleo de Gazprom, que son una y la misma cosa.

En Chile, los ex-comunistas de Allende se movilizan para tratar de hacer al país retroceder a los tiempos de Allende, de su protegido y huésped de honor el Comandante Castro, visitante distinguido en su corto mandato e inspirador de la inteligencia represiva estatal chilena de su momento. Afortunadamente, Pinochet, a pesar de sus posibles excesos o los de sus mandos, había salvado a Chile del desastre económico y político. En tres años Allende hizo mucho por destruir la nación chilena, pero no logró destruir su tradicional fibra democrática, y un ejército con honor logró devolver el camino de la prosperidad a ese gran pequeño país. Pinochet dimitió democráticamente al perder un plebiscito, y los gobiernos sucesivos se han caracterizado por su moderación y sensatez. Pero los irreductibles comecandelas de la izquierda más calenturienta quieren hacernos regresar a los tiempos del miedo, el desespero y las caceroladas. Quiera Dios, y la sensatez de las mujeres, que bajo Bachelet no se produzca esa debacle.

Y en España, después de una Transición en muchos sentidos ejemplar, impera ahora un clima de confrontación peligroso. El actual presidente de gobierno Rodríguez Zapatero se dedica más a atizar los rescoldos de la Guerra Civil española y a postrarse ante los mercaderes del terror y el anacronismo regionalista/nacionalista que a gobernar sensata y constructivamente. ZP saca a relucir a un “abuelo que sufrió a manos de los franquistas” sin recordar que ese abuelo fue militar encargado de un pelotón de fusilamiento de obreros de las minas de Asturias en 1934. O sea, quiere que nos regresemos al pasado para reavivar odios, divisiones y desconcierto generalizado.

Y ahora me toca, como cubano, remarcar nuestras propias disyuntivas. ¿Existe la menor probabilidad de que las naciones democráticas del mundo acepten un continuismo de la canallesca e indescriptible dictadura cubana, simplemente por aceptar componendas con “herederos” falsos y totalmente desprestigiados como el hermanísimo Raúl Castro, o un Putin bananizado como el agente represivo Ramiro Valdés, o un burócrata de pacotilla como Pérez Roque, o un lame traseros como Ricardo Alarcón, o….. ¿Ya los EEUU. han contestado claramente a la descarada e impúdica invitación de RC a sentarse con ellos a decidir el futuro de Cuba. “NO, NO Y NO, el futuro de los cubanos es cuestión de los cubanos”; nos ayudarán, pero las decisiones deberán ser nuestras. Muy bien por Washington. No siempre se muestran tan claros.

A lo que iba, no se puede volver al pasado. Las civilizaciones avanzan siempre en una sola dirección: hacia el futuro. Por eso no concuerdo con mis amigos que siguen hablando del regreso a la constitución del 40, y no porque fuera mala. (Si una Cuba Libre vota por simplemente restaurar dicha constitución, me parece muy bien, igual que otra nueva con ligeros cambios si se estiman necesarios.) Sino porque la historia debe y puede avanzar y no retroceder. Ante el mundo, debemos demostrar que no estamos ciegos al paso del tiempo. Debemos, y tenemos que regresar, sí, a un Estado de Derecho, a una Cuba donde predominen los principios de la Libertad, de la Justicia, de la Democracia Participativa -- en síntesis, del Civismo y el Pluralismo. A Fidel Castro, en la Historia, habrá que contarlo, sí, pero como el ‘Último Caudillo’ – uno por cierto malo, cruel y corrupto – pero no otra cosa. Y a la caterva de adláteres que lo han acompañado a lo largo de estos cuarenta y ocho años sólo se les puede recordar en la historia como cobardes comparseros del líder más sangriento y voraz de la historia de América.

Desde Madrid, 11 de diciembre de 2006


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