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Estaban advertidos


17-01-2010, Cosme, Frank

Colaboraciones/ Ópticas: Neomaltusianismo


Cubamatinal/ Copenhague, capital de Dinamarca, es una ciudad que cuando llega la primavera se llena de festivales y espectáculos. El Festival de Jazz ya es famoso mundialmente. Esta vez no esperaron la primavera, en pleno invierno le ha tocado a esta capital europea un festival-espectáculo que cada cierto tiempo realizan las naciones y no precisamente de música.

 

La Habana, 14 de enero /PD/ Las conferencias sobre la contaminación ambiental y el cambio climático son ya de hecho “un festival y un espectáculo al unísono”. Festival, porque los delegados se enfrascan en “magistrales conferencias” donde el afán de destacarse parece prevalecer sobre el de ponerse de acuerdo. Espectáculo, porque las organizaciones ambientalistas siempre protestan en manifestaciones frente a las sedes de estos eventos por esta falta de responsabilidad ante el mundo.

Además del afán de protagonismo de algunos, la confrontación Socialismo-Capitalismo es la otra cara de la moneda. Tanto unos como otros contaminan, los países desarrollados y los menos desarrollados, los del Norte y los del Sur, los del Este y los del Oeste. En mayor o menor grado, todos tienen industrias, queman selvas enteras para nuevos cultivos y poseen vehículos automotores. Hasta un simple habitante del planeta contamina por el hecho de no botar ciertos desperdicios correctamente.

El 16 de diciembre pasado todavía no se habían puesto de acuerdo. Los países menos desarrollados paralizaron las conversaciones. El delegado de la República Popular China, el país más contaminante, aclaró que si no hay acuerdo entre las naciones, el futuro sería catastrófico para el planeta. Simples palabras con camuflaje, pues si esta nación y otras desarrolladas están convencidas de lo que dicen con bellas palabras, solo tienen que “actuar” en sus respectivos países y ahorrarse estos gastos en conferencias que siempre fracasan.

Esta historia de los cambios climáticos no es nueva, es simplemente desconocida por el gran público. Reconocidos científicos han demostrado que “los cambios climáticos han sido cíclicos a través de la historia del planeta”. Por este lado no hay nada nuevo. La novedad consiste en que el desarrollo alcanzado a partir de la Revolución Industrial inglesa, que comenzó con la leña y el carbón, evolucionó hasta llegar al uso por todos los países de combustibles fósiles. Entonces, el hombre sin querer comenzó a contaminar el planeta.

Esta combinación de cambio climático más la contaminación originada por el hombre, es la que nos ha conducido a la anarquía actual de la naturaleza.

Ondas de calor extremas quemaron los cultivos y ocasionaron fallecimientos en la propia Europa en el año 2003. Glaciares que suministran agua a millones de personas se derriten, otro tanto ocurre con el Polo Norte.

Hoy se desempolva en las bibliotecas del mundo una obra de 1798, “Ensayo sobre el principio de población”, que desde la época victoriana fue tirado al cesto de la basura histórica. Thomas Robert Malthus, su autor, había predicho que como la población humana se duplica cada cuarto de siglo, mientras que la producción agrícola no aumenta con la misma intensidad, el mundo sufriría en el futuro catastróficas hambrunas.
 

Parecía aterradoramente probable. En 1943 en la India murieron 4 millones de personas por escasez de alimentos. Sin embargo, la revolución verde, entre mediados de los años 50 y los 90, que duplicó las cosechas de maíz, arroz y trigo, terminó por completo con las teorías de Malthus. Pero la revolución verde resultó un arma de doble filo. Si por un lado evitó lo ocurrido en la India, por el otro, el hombre “descubrió que el abuso del riego intensivo, los fertilizantes y sobre todo los plaguicidas, han contaminado las capas freáticas, los alimentos y al ser humano al ingerir estos.

Para tratar de remediar el abuso de hidrocarburos que generan los gases del efecto invernadero y el calentamiento global, el hombre comenzó a destinar los ya mentados cereales para producir biocombustibles para autos. Esto causa menor disponibilidad para la alimentación humana. Para sembrar cereales en grandes cantidades, incendian hectáreas de selvas, lo que causa deforestación y más emisión de gases a la ya saturada atmósfera.

En esta trampa biológica-industrial todos estamos atrapados, incluidos esos que en Copenhague, tienen la “llave de los truenos” para resolver el problema.

Aunque Malthus no previó la contaminación ambiental, sí se han cumplido como un axioma matemático sus predicciones sobre la hambruna y otras teorías que ahora los estudiosos se afanan por entender.

El fracaso de Copenhague demuestra una vez más lo incapaces que son ciertos seres humanos para dejar a un lado las ofensas, las acusaciones de quién es el culpable, o apartarse de los intereses políticos-financieros y encaminarse a resolver unidos un problema que es de todos y que ya se ve y siente. Al parecer serán los grupos ambientalistas y no los políticos los que podrán hacer algo por este mundo en que vivimos.

Desde su tumba en Inglaterra parece alzarse burlón el fantasma de Malthus, que nos tira una gran trompetilla y nos recuerda: “Se los advertí hace 200 años”.


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