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Ahorrar a muerte


18-10-2009, Laritza Diversent

Colaboraciones/ Salud Pública

Cubamatinal/ Por estos días en Cuba la palabra prevención toma una relevancia sin precedentes. El desencadenamiento de enfermedades contagiosas se ha puesto a la orden del día: el virus H1N1, la conjuntivitis, las gripes de estación, el dengue y hasta la tuberculosis. Pero lo más preocupante es las condiciones de los hospitales cubanos para enfrentar tal situación.


La Habana, 17 de octubre /PD/ La semana pasada tuve a mi hijo con una fiebre muy alta y catarro. Como es de esperar, recurrí al hospital materno infantil de mi localidad: el Aballí. Consultas separadas para los casos con problemas respiratorios, médicos con los rostros tapados para prevenir un contagio. Aquel panorama aumentó mis temores. ¿Tendría mi hijo la influenza?

Después de los mensajes de prevención por la televisión, las pegatinas en los ómnibus del transporte público y las bolas callejeras de que una mujer embarazada residente en Párraga murió a causa de la pandemia y de las escuelas cerradas por los altos niveles de contagio, es difícil no preocuparse.

A pesar de los síntomas, mi hijo sólo recibió un examen físico externo. El diagnóstico, un posible virus. Nada de tratamiento médico. Solamente recomendaron abundantes líquidos y observación durante tres días.

Aún tenía la duda de si esperar ese tiempo no sería demasiado para darle otro tipo de atención al niño. En los medios de comunicación oficiales advierten “ante cualquier síntoma, recurra de inmediato al médico”. ¿Cómo podían tener la certeza de que no era la pandemia, si ni siquiera tomó la temperatura corporal?

Pasaron los tres días y mi hijo continuó con fiebres. Regresé al hospital y qué sorpresa:
¡Apagón! Los médicos no atendían. Los niños enfermos se concentraban en la sala de espera y áreas aledañas al local del cuerpo de guardia. Llegaban ambulancias con más menores remitidos de otros hospitales. El grupo electrógeno no podía ponerse en funcionamiento hasta después de las 6 de la tarde ¿Es así como piden evitar las aglomeraciones?

En ese momento decidí marcharme y regresar más tarde. Temía que si mi niño no había adquirido la pandemia, se contagiara allí en esas condiciones.

No estoy segura a quien dar las gracias, por la recuperación de mi hijo. De momento, prefiero agradecerle a Dios. No es que sea malagradecida ni que dude de la profesionalidad de los médicos cubanos. Todo lo contrario. No confío en las condiciones en que desarrollan su trabajo ni en la motivación que tienen para realizarlo.

¿Parece lógico que se corte la energía eléctrica a un hospital, en condiciones de propagación de epidemias? ¿Cómo puedo confiar en la salud de un sistema que ahorra a muerte?


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