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Desfiles y mas desfiles


10-10-2009, Cosme, Frank

Cubamatinal/ Un asunto muy serio el de los desfiles militares. Cuando se trata de una simple parada militar que todos los países hacen al conmemorar sus fechas patrias, no hay nada que objetar, pero cuando se observa un aparatoso, masivo y robótico desfile al estilo de la Alemania Hitleriana, se envía un mensaje no de paz, sino de guerra, a todo el planeta.

La Habana, 10 de octubre /PD/ Esto fue lo ocurrido el pasado primero de octubre cuando la TV cubana, empleó todo el horario nocturno en retransmitir el descomunal desfile de las Fuerzas Armadas Chinas al conmemorar esta nación los sesenta años de instaurada la República Popular.

Para el simplón, que solo se deja impresionar por la perfecta organización, exhibición del moderno armamento y marchas militares de miles de hombres y mujeres a un ritmo tan pasmosamente cronometrado que uno se pregunta si son seres humanos o un grupo de androides extraídos de una película de George Lukas, este desfile lo deja totalmente impresionado. En segundo término, anonadada y vencida su resistencia a pensar. Un viejo recurso psicológico empleado desde los tiempos del Imperio Romano.

El “observador” ve más allá y piensa que otras intenciones existen detrás de este aparatoso desfile, sobre todo cuando la dulce voz de la locutora, en un casi perfecto castellano, nos dice muy a las claras que el ejército chino está muy bien preparado para la “guerra futura” (¿!)

Este observador también esbozaría una media sonrisa irónica al ver al presidente chino con el clásico uniformito modelo Mao rodeado de todos los demás funcionarios “de cuello y corbata”, o circulando en un automóvil Estrella Roja, cuyo modelo no ha cambiado desde que fue exhibido por primera vez al mundo occidental en la también espectacular exposición china del Palacio de Bellas Artes en la Habana de los años 60. O cuando observó el famoso logo de la Mercedes Benz en los camiones que portaban misiles, o también en los cascos de los soldados, copiados del U.S. Army.

Ni siquiera se puede uno imaginar que más pueden tener en la manga estos modernos dirigentes chinos que han hecho una armoniosa simbiosis del socialismo y el capitalismo al exhibir solo una ínfima parte del armamento que deben poseer, pues no hay que olvidar que esta es la nación más grande del planeta.

Si se mira atrás en la historia, no deja uno de sorprenderse y a veces apesadumbrarse al palpar como los sucesos se repiten, generan las mismas consecuencias y los seres humanos olvidan constantemente, sin aprender jamás las lecciones históricas.

El 16 de junio de 1860 llegaron a New York tres delegados del emperador japonés con un séquito de 74 personas. De esta visita el Times de N.Y. dijo: “Se llevan modelos completos de nuestros mejores obuses y cañones Dalhgren con todos los datos sobre su fabricación y empleo, solo nos resta esperar que no nos contemos entre las primeras víctimas de nuestra amabilidad, tan grande como equivocada.”

Pasaron 81 años y después de haber sido Estados Unidos el mayor suministrador de chatarra al Japón, material imprescindible para fabricar acero y con este acero construir una poderosa maquinaria bélica, el 7 de diciembre de 1941 el Japón bombardeo Pearl Harbour.
Los acontecimientos en la actual China no son similares, sino iguales. La diferencia es que no solo los Estados Unidos han trasladado fábricas a China, casi toda la Unión Europea lo ha hecho. Adicionalmente hay que contar también con que los ingleses le entregaron Hong Kong al gobierno de la República Popular.

Detrás de este desfile, están todas las corporaciones, la libertad de comercio proclamada en las Naciones Unidas y la mano de obra barata que proporcionan millones de chinos.

No se puede dejar de ser reiterativo al ver estos acontecimientos. La advertencia de nuestro José Martí, “la política es historia, es el conocimiento de hechos ya sucedidos para evitar que vuelvan a suceder”, es aplicable a todo el mundo, no solo a nuestro país.

Quiera Dios que no pase con los chinos lo mismo que sucedió con el Japón. No obstante como dirían ellos en su cortés lenguaje, ha sido “una honorable equivocación…..la de estas potencias llamadas demócratas”.
 


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