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Con mucho para escribir
11-07-2009, Hurtado, Rogelio Fabio

Cubamatinal/ Me sorprende el cierre sin asunto para mi artículo semanal. No consigo el periódico dominical, que demasiado a menudo me da pie; tampoco puedo explotar los resúmenes de la emisora, pues llevo varios meses sin radio capaz; no queda sino la actualidad, es decir, la crisis de poder en la vecina Honduras…Para suplir mi escasa información, decido salir a la calle, en el mismo centro de Marianao, para oír la reacción popular.

La Habana, 9 de julio/ SDP/ En vano atravesé el parque del Anfiteatro y caminé por 51 hasta la esquina de la Plaza. Del problema hondureño nadie parecía enterado. En el parque, ni siquiera estaba la peña habitual de aficionados, porque la temporada de béisbol concluyó hace poco. La misma colita dominical para entrar en la tienda de Cuc, donde desde que empezó el mes, impera un calor alucinante que le impone a la empleomanía un rictus angustioso. En el mostrador de jabonería y perfumería hay animación. Salgo pensando que ya no vale la pena entrar a coger fresco.

En la Plaza de 124 hay mucho movimiento, alguna que otra mujer despampanante, tarimeros y tarimeras sudorosos, atentos a los cartoncitos que innecesariamente anuncian el caro precio de sus productos. Ya aparecieron los primeros aguacates de la temporada, de diez pesos para arriba. ¿Quién le hubiera dicho al plátano burro que iba a cotizarse a 4 pesos la libra? Compro 9 platanitos manzanos por 7 pesos y una libra de frijoles negros por 8. Ya en el portal, me cruzo con una adolescente cetrina, robusta y mal vestida. Otro transeúnte, campesino viejo, me espeta con expresión cómplice: “un bañito y ya está lista para la pelea”, haciéndome consciente de que mi mirada a la muchacha llevaba más lujuria de la cuenta.

Sigo mi camino sin asunto, porque ni el calor, ni los precios, ni la hipotética prostitución callejera son temas a mi alcance. Los primeros, porque no son noticia y el último porque el autor de Habana-Babilonia, publicado bajo el más comercial título de “Jineteras”, casi lo agotó. Además mi triple condición de viejo poeta católico me veda explorarlo.

Llego a mi apartamento y el trajín del almuerzo – estoy especializándome en un arroz con pollo a la marinera de competencia – y el seguimiento de la situación hondureña me distraen de la búsqueda del tema. Habían anunciado para las dos de la tarde la transmisión en vivo del partido de fútbol decisivo entre los equipos de Estados Unidos y Brasil y supuse que con eso mismo resolvería mi tema, despachando un comentario, pero resultó que la cuestión hondureña, cuya cobertura convocó desde la mañana a una MESA REDONDA ESPECIAL, determinó un ajuste de la programación, así que el juego de fútbol que iba a solucionar mi problema pasó al Canal Educativo 2, canal que a veces se coge bien por el 15 pero, cuando está en el 66, pierde nitidez, audio y color. Este era hoy el caso, por lo que tuve que volver al 6, para escuchar indistintamente al Teniente Coronel Chávez, al embarcado Zelaya o al pulcro Canciller Rodríguez Parrilla. Por fin, el fútbol fue magnífico, pero tendré que esperar por la segura retransmisión, algo que constituye una ventaja exclusiva de la TV cubana.

Lo último que vi de Honduras fue un reportaje de Tele Sur dentro de la residencia del Presidente depuesto, hecho sin ser molestados en lo absoluto por “los militares golpistas”, ¡Quién se lo hubiera dicho al viejo Pinochet! Por supuesto, al caer la tarde ya tengo mi propia opinión sobre lo sucedido y lo que está por suceder, pero para no meterme en camisa de once varas, optaré por esperar a que los mayores opinen, a menos que las gallinas hagan pipí, pero el microscópico patiecito del apartamento donde vivo no me permite criarlas.

Entonces, llega la hora de la comida, volvemos a atacar el arroz con pollo pero sigo en blanco, y mañana es mi cierre. Lo comento con mi esposa, quien deplora que yo no cuente con un carnet que me acredite para presentarme, por ejemplo, en los locales del MINSAP a investigar la actual Pandemia. Le digo que ni siquiera con el de la UPEC obtendría dato alguno, pues la administración de los asuntos públicos en el país se realiza en condiciones de clandestinaje; así la prensa divulga los éxitos y de los fracasos, que se ocupe la mentirosa prensa enemiga, si se entera de ellos. Recuerden aquel sencillo elogio hecho por el corso Napoleón Bonaparte luego de leer un ejemplar del cotidiano Granma: “Si yo hubiese tenido un periódico como este, los franceses no se enteran de Waterloo.”
El reloj indica las once de la noche, el contador de palabras dice que ya son 800.


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