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Los insultos del disparatador
28-04-2009, Alfredo Cepero

Cubamatinal/ El columnista, o más bien “calumnista”, Alejandro Armengol, ha hecho una carrera de insultar a una proporción considerable del exilio cubano desde las páginas de un periódico que a duras penas puede ocultar su desprecio hacia quienes nos negamos a bajar la guardia ante la tiranía castrista. No olvidemos que hace apenas un par de años uno de los altos ejecutivos del Miami Herald calificó de “perros chihuahuas” a los cubanos que objetábamos su política editorial e informativa con respecto a nuestra comunidad. Ahora, bajo el título de “Insulto y Disparate”, el búho barbudo de expresión siniestra tiene la osadía de calificar de insulto unas declaraciones del Congresista Mario Díaz Balart cuando éste comparó a empresarios y dirigentes políticos que promueven el levantamiento del embargo contra el régimen comunista de Cuba con quienes sostuvieron relaciones comerciales con la Alemania de Hitler.

Para ello, y sin el más mínimo pudor, el periodista echa mano a la distorsión y a la falsedad a la hora de citar las declaraciones del joven político cuando en su artículo dice: “Mario Díaz Balart, quién llamó colaboradores con el nazismo a quienes viajan a Cuba a ver sus familiares, algunos de los cuales son votantes de su distrito.” En ningún momento el Congresista se refirió a “viajeros” sino a quienes proponen el levantamiento del embargo. Y, a pesar de las argucias del articulista y los golpes de pecho de los mencionados personajes proclamando defender a quienes visitan a sus familiares en Cuba, todos sabemos quiénes son, en que organizaciones militan y en que foros, locales y nacionales, abogan por una política más “racional, pragmática y flexible” hacia el régimen vil y putrefacto de los hermanos Castro. Sabemos que no se trata de caridad cristiana y de compasión fraternal sino de agendas políticas y muy probablemente de intereses económicos, los mismos que describió magistralmente Don Jacinto Benavente.

Estas notas no tienen por objeto defender a Mario Díaz Balart. No soy su amigo, nada le debo y jamás le he pedido un favor político. Además este cubano joven ha demostrado que le basta el coraje y le sobra el talento para defenderse por sí mismo. Escribo estas líneas porque el artículo del escribidor del Herald tiene todas las características de una siniestra y solapada andanada política. Un pase de cuenta por los ocho años de George Bush y los disgustos que su política, apoyada por los hermanos Díaz Balart, propinó a los promotores del contubernio y los apologistas de la tiranía. En un obvio despliegue de su antagonismo hacia los Bush, el articulista afirma: “Fue Prescott Bush—el abuelo del ex mandatario George W. Bush—quién hizo negocios con los nazis.” La pregunta: ¿Qué relación puede existir entre Prescott Bush, el embargo, Mario Díaz Balart y la inmortalidad del cangrejo? La respuesta reside en la mente de un ideólogo que, en busca de argumentos que justifiquen un ataque artero, incurre en insultos y disparates superiores a los que atribuye al Congresista Díaz Balart. Su artículo lo convierte en serio contendiente al campeonato de los disparatadores.

Más adelante, este guerrero de papel y tinta se burla no sólo del exilio sino de quienes desde estas playas o antes de llegar a estas playas supieron tomar su lugar entre los iluminados que por cincuenta años han luchado por derrocar a la tiranía. A tal efecto y con cínico desparpajo afirma: “Este grupo que vocifera una ‘línea dura’, pero siempre se ha caracterizado por una actuación blanda cuando hay que ir más allá de las declaraciones”. Y ya en el plano del insulto afirma: “Repiten que son intransigentes cuando en realidad lo que son es unos ignorantes”. Sería interesante que este personaje descolorido y tenebroso nos dijera cuantos años estuvo hacinado en las mazmorras castristas, en cuantas expediciones participó para derrocar a los tiranos, cuantos familiares perdió frente a los paredones de fusilamiento y a cuantos disidentes ayuda en esta etapa de lucha no-violenta pero sin dudas riesgosa contra la tiranía asfixiante y vengativa. Asumiendo que su respuesta fuera negativa tendríamos que sugerirle al susodicho personaje que se lave las manos, se enjuague la boca, haga la señal de la cruz y se arrodille ante el altar de la patria antes de poner en dudas la valentía y la generosidad de los miles de cubanos que han muerto, han sufrido cárcel, han padecido vejaciones, y han conocido el aguijón agonizante del hambre en el noble empeño de lograr nuestra libertad.

Desde luego que en este panfleto corrosivo no podía estar ausente la insidia como arma de división y chantaje. Cuando Armengol afirma que: “La comparación con los judíos y la lucha de estos por la creación y el desarrollo de Israel como nación es una de las más notables tergiversaciones a la que han recurrido pero no la única” parece estar insinuando que cualquier cubano que haga comparación entre nuestra tragedia nacional y el sufrimiento de los judíos bajo Hitler desconoce la dimensión y tragedia del holocausto y, por lo tanto, los insulta. Personalmente, y creo en esto estar acompañado por la mayoría de los cubanos, nosotros sentimos tanto una genuina compasión por las víctimas del holocausto así como una profunda admiración por la capacidad de los judíos para enfrentar los retos contra su supervivencia como pueblo.

Por otra parte, los cubanos no necesitamos comparaciones para establecer la realidad de nuestra tragedia ni para proclamar la justicia de nuestra causa. Ellos tienen su historia, sus méritos y sus retos. Nosotros tenemos los nuestros y hemos demostrado que estamos más que dispuestos a cargar con nuestra cruz con dignidad e hidalguía. Por lo tanto, pierden su tiempo quienes como el escritorcillo siniestro del Miami Herald traten de amedrentarnos acusándonos de antisemitas. Ni Mario Díaz Balart ni quienes hemos votado y seguiremos votando por él mientras su conducta demuestre su dedicación a la causa de la defensa de la democracia vamos a flaquear un instante en nuestra lucha por la libertad de Cuba.

 


 


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