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Demócratas, ¿ahora qué?
01-12-2006, Larry Elder Elder

Tras la toma demócrata del Congreso, uno de los que realizó esa repugnante alegación simplemente se echó atrás alegando que era una mera táctica preelectoral. Ya sabe, simplemente "política". Así que resulta que los demócratas difaman al comandante en jefe en tiempo de guerra y, después de ganar las elecciones, eso resulta ser sólo politiqueo.

El representante John Conyers, presidente entrante del Comité Judicial de la Cámara, colocó una vez en su página web los presuntos actos del presidente que, en su opinión, constituyen motivo de impeachment. Pero ahora lo ha retirado. Y la nueva presidente de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, ahora "descarta" los llamamientos al impeachment.

Ciertamente, si realmente el presidente nos hubiera metido en la guerra mintiendo, se merecería muy mucho el impeachment. Pero ahora que los demócratas se hicieron con el Congreso, de pronto dejaron de creer que el Presidente Bush puso en peligro a hombres y mujeres como resultado de un engaño calculado, considerado y deliberado.

En el 2000 y 2004, muchos Demócratas pusieron la voz en grito con "las elecciones robadas" y las denuncias de que se había borrado del registro a sus electores. En una carta a los demócratas de Ohio, John Kerry afirmaba que los funcionarios electorales del estado le robaron las elecciones. ¿Pero qué pasa con la ausencia de gritos republicanos de fraude electoral, el borrado del registro y las demandas de investigación? Aparentemente, cuando ganan los demócratas, es que las elecciones funcionan sin contratiempos, pero cuando ganan los Republicanos hay gato encerrado.

Antes de las elecciones, los demócratas afirmaban poseer una estrategia "unificada" para tratar con Irak. El senador Chuck Schumer tenía "un plan de cuatro puntos". El representante Rahm Emanuel, arquitecto de la toma demócrata de la Cámara, promovía enfáticamente su "plan de cinco puntos". Pero la noche de las elecciones, después de que fuera obvio el cambio de mayoría en el Congreso, el representante Brad Sherman ofrecía ya una perspectiva ligeramente distinta.

Sherman: No creo que el partido se haya unido en torno a un plan que sea mucho más específico que la idea de que deberíamos salir un poco antes de lo que George Bush tiene en mente.

Elder: Eso no es precisamente un plan.

Sherman: Los votantes no nos exigieron tener un plan. Nadie sabe lo que va a suceder en el futuro o si la idea demócrata o el plan republicano sobre este tema o aquel va a ser buena.

Elder: Pero recuerdo ver programas de debate los domingos por la mañana y escuchar en ellos a Chuck Schumer decir que los demócratas estaban unidos en torno a un plan para Irak. Escuché a Rahm Emanuel decir que los demócratas estaban unidos en torno a un plan para Irak. Ahora lo que le estoy escuchando es que cualquiera que sea nuestro plan, no nos vamos a quedar tanto como se quedaría George W. Bush. De modo que, ¿en qué quedamos?

Sherman: Creo que los demócratas tienen un abanico de distintos planes que solamente tienen una cosa en común, que es irnos antes que George Bush. Creo que es difícil decir que los Demócratas están unificados en Irak en algo muy específico.

El ejército utiliza un término: TOA (Todas las Opciones Apestan). Retirar las tropas precipitadamente con un calendario simplemente anima a nuestros enemigos a esperar a que nos vayamos. De hecho, una semana después de las elecciones, un titular de portada del New York Times rezaba: "¿Fuera de Irak ya? No tan rápido, dicen los expertos"; algo tarde para influenciar las elecciones.

El gobierno iraquí, en persona, quiere que nos quedemos hasta que su ejército y fuerzas policiales se hagan más fuertes. Al retirarnos, dejando atrás un gobierno iraquí débil y frágil, traicionamos a los valientes iraquíes que acudieron a las urnas y votaron en favor de la democracia, así como a aquellos que ingresaron en el ejército y la policía para proporcionar seguridad a su vacilante gobierno. Corremos el riesgo de traicionar a nuestros aliados como hicimos en Vietnam con el consiguiente baño de sangre, y dejar una plataforma rica en petróleo para que los terroristas continúen los ataques contra "los gobiernos apóstatas" del mundo árabe así como contra Europa y Estados Unidos.

A pesar del buen funcionamiento de la economía durante estos años, los historiadores juzgarán la administración Bush –como éxito o como fracaso– basándose en Irak. Incluso con el nuevo Congreso demócrata, el presidente sigue siendo comandante en jefe durante dos años más. El presidente Bush debería ignorar las encuestas, los llamamientos que clamen por un "redespliegue estratégico" y las exigencias de "una cumbre" con los estados terroristas de Siria e Irán.

Si tal como dice, Bush rechaza abandonar Irak hasta que pueda defenderse y convertirse en un aliado fiable contra el terror, entonces la guerra debería librarse de manera más agresiva, no menos. Esto exigiría, como propone el senador John McCain, enviar más tropas. Una cosa más. Al margen de la violencia en Irak, el 61% de los iraquíes recientemente encuestados afirma que cualquiera que sean sus dificultades, deshacerse de Saddam fue lo adecuado.

El ejército dice que, al suministrar terroristas y armas, Siria e Irán trabajan para desestabilizar Irak. Tal vez sea hora de que les enviemos un mensaje.


*Controversial comentarista político norteamericano, muy conocido en los medios


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