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Una tribuna para Herodes
01-04-2009, Alfredo Cepero

Cubamatinal/ La noticia de que la emblemática Universidad Católica de Notre Dame, en Indiana, ha invitado al Presidente Barack Obama a pronunciar un discurso ante sus graduandos del 2009 el próximo mes de mayo ha desencadenado un vendaval de ira y una avalancha de frustración entre quienes defendemos el derecho a la vida. Y como para no quedarse atrás en este tsunami de adulación derramado desde su elección sobre este engreído presidente por la mayoría de la prensa y una parte considerable del pueblo norteamericano la universidad le conferirá un título de Doctor Honorario en Derecho.

Quienes discrepamos de esta decisión de Notre Dame y de la agenda materialista, demagógica y socializante de Barack Obama estamos obligados a poner los acontecimientos en contexto y a llamar a las cosas por su nombre. Cualquier otra cosa sería no solo traición a nuestros principios sino complicidad en la destrucción de una nación donde los ciudadanos nacemos con la garantía de que el estado respetará nuestros derechos a “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, según reza el elocuente documento de la Declaración de Independencia que nos legaran los padres de la patria norteamericana.

El homenajeado por Notre Dame es el mismo Obama que como legislador del Estado de Illinois votó en el 2002 en contra de la Ley de Responsabilidad hacia los Nacidos en Partos Inducidos (Induced Infant Liability Act). El objetivo de la legislación era proteger y dar atención médica a criaturas que sobrevivían un aborto inducido a una mujer en avanzado estado de gestación. La opción para Obama y los promotores del aborto, en los casos en que las criaturas escapaban a la mano del verdugo, era dejarlos morir entre las sábanas pestilentes de los cuartos de desechos de los hospitales o centros de abortos al por mayor.

El entonces legislador Obama explicó su voto diciendo que, en caso de ser aprobada, dicha ley violaría los derechos de una mujer a decidir sobre el curso de su proceso de gestación. Peor aún, pondría en peligro el fallo del Tribunal Supremo de “Roe V. Wade,” instrumento jurídico que otorga prioridad a la decisión de la mujer a hacerse un aborto por encima del derecho a la vida de la criatura en su vientre. Esta es el arma con la cual promueven su agenda de infanticidio estos terroristas que eufemísticamente se proclaman defensores del Derecho a Decidir o “Pro-Choice” y privan de la vida a los seres más vulnerables e indefensos de la creación divina.

Un año más tarde, en el 2003, y ya como Senador Federal, Obama votaría en contra de la Ley Contra el Aborto en Etapa Avanzada (Partial Birth Abortion Ban Act). Luego, únicamente los fanáticos adoradores del Mesías de la izquierda solapada o los tontos de capirote pueden albergar dudas sobre la posición del Presidente Obama con respecto al aborto. La Universidad de Notre Dame no tiene siquiera la excusa de encontrarse en alguna de las categorías anteriores.

Tampoco pueden los eruditos de Notre Dame argumentar ignorancia sobre el terrible impacto social, moral y hasta económico ocasionado por la práctica del aborto indiscriminado en el mundo y en los Estados Unidos. Aunque las estadísticas sobre el aborto son difíciles de obtener y precisar, los más informados afirman que por lo menos 42 millones de seres humanos son abortados todos los años en el mundo. En los Estados Unidos la cifra anda por 1 millón 500 mil abortos anuales, algo así como 25 veces el número de bajas sufridas por las fuerzas armadas norteamericanas en los 16 años que se prolongó la guerra de Vietnam. Sin embargo, no vemos por parte alguna las gigantescas marchas de protesta promovidas por la izquierda ilustrada contra la guerra de Vietnam y que convulsionaron a la sociedad norteamericana en la década de 1970. Irónicamente, son los hijos de los liberales de los años 70 los que promueven en este Siglo XXI la guerra sin cuartel contra los non-natos. Reto a cualquiera a que encuentre explicación razonable a las mentes torcidas y la conducta criminal de estos miserables.

Pero regresemos al tema central de este comentario para dejar sentada la posición de la Iglesia Católica sobre el aborto. El Concilio Vaticano Segundo no anduvo con rodeos cuando calificó tanto al aborto como al infanticidio como “crímenes execrables y horrendos”. En tiempos más recientes, su Santidad Juan Pablo Segundo, en su Encíclica “Evangelium Vitae”, emitida el 25 de marzo de 1995, dijo: “Las leyes que legitiman el asesinato directo de seres inocentes se encuentran en total oposición al derecho inviolable a la vida que tienen todos los seres humanos. Es más, contradicen el principio jurídico de la igualdad de todos ante la ley”.

 

Por su parte, la jerarquía católica norteamericana ha manifestado su disgusto ante la invitación de Notre Dame al Presidente Obama. Las primeras declaraciones fueron hechas por el Cardenal Daniel DiNardo, Arzobispo de Houston pero la lista es tan larga que nos obliga a la síntesis. Monseñor John D’Arcy, Obispo de Fort Wayne/South Bend, Indiana, como quien dice a la vuelta de la esquina de la universidad, dijo: “Notre Dame está violando la declaración de los obispos católicos del país, casi unánimemente aprobada, por la cual se pide a las universidades que no proporcionen tribunas a los promotores del aborto”. El Obispo D’Arcy hacía referencia a las declaraciones de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos emitidas en junio del 2004. Pero quizás el mas drástico fue Monseñor Thomas J. Olmstead, Obispo de la Diócesis de Phoenix, en Arizona, quién se dirigió directamente al Rector de Notre Dame, el Padre John Jenkins, para amonestarlo diciéndole: “Su decisión es un acto de desobediencia pública a los obispos de los Estados Unidos”.

Aunque no incurrió en el escándalo de invitar al libidinoso de Bill Clinton, esta universidad católica ha proporcionado tribuna con anterioridad a otros promotores del aborto. Sin embargo, tenemos la casi certeza total de que jamás se habría atrevido a pasar la línea de demarcación trazada por la izquierda liberal sobre lo que en este país se califica como “políticamente correcto”. El inefable Padre Jenkins jamás habría ofrecido tribuna a un racista como el líder del Ku Klux Klan, David Duke, o en otros tiempos a los gobernadores George Wallace, de Alabama, o Lester Madoxx, de Georgia. La discriminación racial es repulsiva y atentatoria contra la dignidad del hombre. Ahora bien, el aborto va más allá cuando atenta contra el derecho a la vida y el mandato divino dado por el Hijo de Dios al mundo. Por eso esta invitación al Presidente Obama rebasa todos los límites de la tolerancia y provoca este cataclismo de ira entre los fieles católicos.

Tanto por su popularidad como por su investidura este personaje es un ejemplo a imitar por un número considerable de jóvenes en los Estados Unidos. Honrarlo con un titulo Honoris Causa y ofrecerle un auditorio cautivo para diseminar su veneno del aborto indiscriminado constituye una complicidad imperdonable con la fuerzas del mal. Como resucitar a Herodes y darle una tribuna para que desate su furia destructiva sobre los inocentes del Siglo XXI.

 

NOTA IMPORTANTE: Todos aquellos que deseen comunicar su disgusto directamente a la universidad podrán hacerlo contestando el formulario que aparece en la siguiente dirección http://www.notredamescandal.com

 

 

 


 


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