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Inseguridad burocrática
21-03-2009, Pesant, Aleaga

Cubamatinal/SDP/ Una eminente personalidad prodemocrática, especializada en temas cívicos, llamó por teléfono para comentar las sustituciones en el gobierno, hechas públicas el pasado dos de marzo. Según el amigo, las sustituciones ocurrieron luego de tormentosas discusiones, entre “liberados” y “fiscales” en el seno del Buró Político. Su opinión, acostumbrada a la polémica, la discusión y el consenso, pudo jugarle una mala pasada de apreciación.

El documento oficial de las destituciones, no es público. Por la forma de redacción, la Nota Oficial parece un bando militar. El no tener firma ni fecha, puede argumentar la premura de su redacción y el secretismo de la decisión. Además, los “siquitrillados” conocieron de la noticia por vox populi. Por todo eso y algunas otras consideraciones, parece poco probable que las “liberaciones” fueran obra de alguna discusión.

Luego, la “reflexión” del ex comandante en jefe, aprobando los cambios y desentendiéndose de “los fieles intérpretes de su pensamiento”, indica reservas en los mandos intermedios de la burocracia. Atajar esas reservas fue la misión del “reflexionista”, para promover una imagen de unidad. El asunto fue menos creíble.

El triple discurso de los herederos, fidelidad a la familia Castro por un lado, al comunismo por otro y además eficiencia en la gestión de gobierno, crea desorientación en la burocracia política. Las acciones del tándem Castro-Machado, trasmiten inseguridad.

Fidel Castro, durante su gobierno pedía a sus funcionarios fidelidad a toda costa. Sin embargo, sus herederos quieren mezclar lealtad con eficiencia y eso es harina de otro costal. La dicotomía eficiencia-lealtad, en la era postmoderna, tecnológica, de organizaciones horizontales y trabajo en equipo, no está probada. O se es eficiente, o se es lacayo. Por eso el tándem Castro–Machado, desestabiliza, a la burocracia comunista. Lo único que no se debería desestabilizar, para mantener el perfil estratégico de continuismo.

El conocimiento científico especializado como aduce Walter Lippman en Drift and Mastery (Inercia y Maestría) es necesario para ofrecer una disciplina al poder, establecer patrones objetivos y asesorar a las dependencias sobre nuevas técnicas administrativas para determinar si los criterios de eficiencia se cumplen. De ahí que la sustitución de algunos abiertamente y otros de manera secreta, desestructure los patrones de comportamiento de la burocracia política.

Los conceptos de eficiencia nacen en el entorno empresarial. Los políticos deben adaptar el significado a la sociedad y al gobierno, para mostrar una gestión exitosa. Pero, los administradores modernos toman las decisiones sobre criterios de competencia, racionalidad y eficiencia, no en base al voluntarismo y la humillación. Surge entonces una tensión entre los métodos de los expertos para definir el interés público y procedimientos políticamente molestos para afirmarlos. Ahí se hace evidente la ruptura. El doble discurso, solo ahonda la grieta a que se enfrenta la burocracia comunista a través del diario Granma.

Entre los liberados públicamente el pasado dos de marzo, están reconocidos tecnócratas como José Luis Rodríguez y Alfredo Morales Cartaya. En la lista de innombrados, están Eliades Acosta, Carlos Valenciaga y Fernando Remires, miembros con altas responsabilidades en el Comité Central.

No es de extrañar, que las medidas tomadas por el gobierno bicéfalo, se enfrenten a la resistencia del funcionariado medio, excepto las dirigidas a la liberalización de las ventas de telefonía móvil y artículos electrodomésticos. Un año después de promovidas las nuevas reglas, no se aplicó la reforma salarial, ni se entregaron las tierras a los campesinos. No se aplica la resolución de seguridad social, los cubanos solo pueden hospedarse en algunos hoteles de menor calidad, la tarjeta blanca impide el libre tránsito al exterior.

Un diplomático de paso en La Habana por estos días, señalaba lo innecesario de “expulsar deshonrosamente”, a los que sirvieron fielmente al gobierno. Su expresión, se refería a la aparición en el diario Granma de las cartas de renuncia de Roque y Lage. Señalaba el europeo uno de los lastres no comprendidos por el dúo Castro-Machado, al auparse de una cohorte de conservadores provenientes de las desorientadas filas del partido comunista. Los extremismos y la intolerancia, no son una salida futura, aunque hoy te sientas fuerte.

En julio del 2006, durante el V Pleno del Comité Central, cuatro semanas antes de que Fidel Castro delegara sus poderes por enfermedad, el ahora tándem de gobierno, desarrolló un diseño para asegurar el control de la sucesión sultánica, a partir del resurgimiento del Secretariado del Comité Central, con una primera función, suplantar al Equipo de Coordinación y Apoyo al Comandante en Jefe.

Previamente, desde 1990, Machado ocupó el cargo de Jefe del Departamento de Organización del Partido comunista. Esa responsabilidad le permitió trabajar en la esfera del control del personal. Le facultó además, para escoger a los más conservadores y ubicarlos en puestos claves, como primeros secretarios comunistas en las provincias y en Ministerios del gobierno. Al mismo tiempo creó una cantera de jóvenes conservadores sumisos y disciplinados, que se enfrentan a los emotivos y guevaristas, apiñados alrededor del Comandante ausente.

Estos neocom, garantizan la transmisión del ordenamiento post Comandante en Jefe y, restablecen los escenarios comunistas soviéticos de los cuales, las cartas de renuncia de Felipe y Carlos o la “operación victoria” contra jóvenes trabajadores en el mercado libre, es solo la parte visible. Pero no garantizan la lealtad de la burocracia política, soporte fundamental del Estado totalitario en tiempos de cambio.


 


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