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Chilean dream
12-02-2009, Navia, Patricio

Cubamatinal/ En el pasado, los intentos por forjar un Chilean dream siempre privilegiaron los sueños colectivos por sobre los proyectos individuales. En las presidenciales de 2009, los chilenos podrán optar entre la propuesta colectivista de la Concertación, liderada por Eduardo Frei, y una propuesta individualista de la Alianza liderada por Sebastián Piñera. Una victoria de Piñera representaría un giro desde los sueños colectivos hacia la construcción de una sociedad donde la libertad y las oportunidades para que cada individuo realice sus propios sueños sea lo único colectivo del proyecto país.

La historia política del siglo XX chileno está repleta de sueños colectivos que buscaban una sociedad con más derechos y oportunidades de desarrollo. Desde el Frente Nacional de los gobiernos radicales (1938- 1952) hasta la marcha de la patria joven democratacristiana de 1964, los proyectos políticos implicaban la construcción de una sociedad homogénea donde el Estado era garante de derechos, motor del desarrollo y facilitador de la felicidad de las personas. El "gobernar es educar" de Aguirre Cerda suponía que el Estado debía impartir dicha educación. Simbolizado por la Corfo, el modelo de sustitución de importaciones suponía un Estado empresario y empleador. La inclusión social era posible, pero a través de empleos estatales o educación estatal.

El proyecto de la vía chilena al socialismo de la Unidad Popular profundizó el papel del Estado como motor fundamental. La revolución con empanadas y vino tinto se produciría desde el Estado. De ahí que la victoria de Allende se entendiera, por simpatizantes y adversarios, como la gran oportunidad para implantar desde arriba un modelo de sociedad donde los derechos fueran colectivos y el Estado se convirtiera en garante de igualdad y proveedor de oportunidades.

El golpe militar de 1973 también entendía al Estado como actor central. Pero esta vez la meta era garantizar la protección contra el cáncer marxista. La Constitución de 1980 incluso estableció a los militares como garantes de la institucionalidad. Aunque la dictadura sentó las bases de un sistema capitalista neoliberal basado en derechos de propiedad individuales, su propia naturaleza autoritaria y su legado de violaciones a los derechos humanos fueron intrínsecamente contradictorios con el discurso de libertades y derechos individuales.

La Concertación irrumpió con un llamado a soñar colectivamente un Chile democrático. La alegría ya viene se convirtió en el símbolo de un sueño de país incluyente, con mejores oportunidades para todos. La necesidad de sustentar la inclusión en bases económicas sólidas llevó a la Concertación a acuñar los conceptos de economía social de mercado y neoliberalismo con rostro humano. Pero los cambios serían impulsados desde el Estado. Las victorias de Lagos en 2000 y de Bachelet en 2006 se construyeron sobre propuestas de más inclusión y justicia social. El crecer con igualdad de Lagos y la red de protección social de Bachelet suponían que el Estado velaría por los intereses de los excluidos de los beneficios de la globalización y la modernidad que abundantemente llegaron a Chile desde el fin de la dictadura.

La Concertación fue especialmente exitosa electoralmente en buena medida porque la Alianza se quedó sin discurso. Asociada al legado de violaciones a los derechos humanos -y con líderes políticos que torpemente parecían más interesados en defender a Pinochet que en sentar las bases para una nueva derecha- la Alianza perdió la bandera del modelo económico cuando la Concertación se convirtió en defensora de la economía social de mercado. La propuesta presidencial derechista en 1993 careció de contenido. En 1999, en cambio, se centró en capitalizar el descontento ante la situación económica con propuestas populistas lanzadas al vuelo (¡vender el avión presidencial!) y decisiones tácticas irreflexivas (¡Viajar a reunirse con Fujimori!). Sólo en 2005, y gracias a que la Concertación profundizó su propuesta estatista, la Alianza logró un discurso atractivo basado en la promoción de oportunidades para el éxito personal. En ese sentido, Piñera fue mucho más exitoso en 2005 que Lavín en 1999, porque el empresario pudo atraer votos cuando la situación económica del país era inmejorable. Mientras Lavín construyó su candidatura en 1999 a partir de la frustración, Piñera lo hizo desde un discurso de esperanza.

En 2009, la campaña nuevamente se perfila como una disputa de dos sueños distintos de país. Mientras Piñera privilegia un discurso de emprendimiento personal y promoción de la iniciativa privada, Frei ha adoptado un mensaje centrado en el Estado como motor de desarrollo. Si Piñera quiere menos regulación estatal en el Transantiago, Frei estatizaría para solucionar los problemas del transporte metropolitano.

El electorado parece inicialmente más inclinado al estatismo que a las iniciativas individuales. En la encuesta UDP de fines de 2008, un 58% señaló estar de acuerdo con que el transporte público esté en manos de una empresa estatal. Sólo un 22% estuvo en desacuerdo. Un 67% está de acuerdo con tener una AFP estatal. Igual cantidad quiere más bancos estatales. Un 52% incluso quiere supermercados estatales. Si bien la tendencia a privilegiar más Estado es mayor entre las personas de menos ingresos, un 47% de los chilenos del nivel socioeconómico más alto (ABC) también quisiera ver supermercados estatales.

Pero la gente también cree en la iniciativa personal. Mayoritariamente, creen que la pobreza se debe a la falta de educación (31%) y empleo (28%). Mientras los de más ingresos lo asocian con la educación, los de menos ingresos asocian la pobreza con el desempleo. Sólo un 12% lo asocia con las políticas económicas o la ayuda del gobierno. Si bien pudieran ser estatistas, los chilenos también aspiran a tener un estado eficiente que ofrezca oportunidades (educación, empleo) y que fomente la competencia, como bancos y supermercados estatales que eviten la colusión de los actores privados.

Esta predisposición de los chilenos a tener más Estado es causa de entusiasmo en la Concertación y debiera ser razón de preocupación en la Alianza. Si la campaña termina siendo un debate entre una propuesta estatista de Frei y una anti-estatista de Piñera, la Concertación se anotará su quinta victoria presidencial. Si en cambio Piñera logra construir una propuesta que conciba al Estado como un motor que genere oportunidades para todos y que garantice que la libre competencia beneficiará más a los consumidores que a los empresarios, la Alianza tendrá una buena opción para ganar la presidencial. Piñera debe articular un mensaje que incorpore a un Estado fuerte y musculoso. Pero para distinguirse de la Concertación, debe proponer reformas que conciban al Estado como un medio para garantizar las oportunidades y no como el proveedor de oportunidades. Un Estado que enseñe a pescar más que uno que sólo distribuya con eficiencia y sin corrupción el pescado. Si lo logra, llegará a La Moneda y de paso logrará consolidar la idea de que el Chilean dream puede ser una realidad cotidiana que, en la diversidad y el pluralismo del país, se exprese en millones de sueños individuales que, al verse realizados, constituyen un gran sueño nacional.


 


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