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El terrorismo irracional contra Israel y Occidente
10-02-2009, Ernesto Poblet

Cubamatinal/ Los defensores de Hamás, Hisbollah, Al Qaeda y la Jihad Islámica pretenden intoxicar la conciencia de los pueblos con difundidos argumentos extremadamente falaces. Pretenden demostrar que Israel es Hitler y presentar a las víctimas del Ghetto de Varsovia en el papel de los desgraciados palestinos. La realidad es que los terroristas islámicos eligieron a los árabes residentes en las tierras bíblicas como escudos humanos obligados a resistir la decisión de las Naciones Unidas. Los tormentos del pueblo palestino han sido obra deliberada y ejecutada por el odio antijudío remanente y residual de la gesta nazi vencida en 1945.

El actual martirio de los desgraciados palestinos obedece a las consecuencias de las constantes agresiones de los grupos terroristas contra la población israelí. La iniciativa de la beligerancia despiadada y sádica contra el pueblo judío no ha cesado a pesar de los distintos sucesos que se operaron desde la decisión de la comunidad internacional estableciendo una partición justa. Si no se cumplió con la instauración del Estado Palestino ello se debió a la sistemática y violenta resistencia de los grupos religiosos fanáticos provenientes de distintos estamentos islámicos, inspirados en el odio transmitido por el nazismo, en ocasiones en forma vergonzante y en otras ostensiblemente exhibida como ha sido el caso del Gran Mufti de Jerusalem.

La actual guerra cruenta desatada en la franja de Gaza responde a la legítima defensa del Estado de Israel. Los cobardes terroristas bombardean desde años atrás y hostilizan desde décadas a las poblaciones y asentamientos instalados dentro del territorio de Israel. Con el mismo ensañamiento que llevaron la muerte a Buenos Aires, New York, Madrid, Bali y tantos otros lugares del planeta. En términos comparativos la expedición punitiva en Gaza ni siquiera alcanzó a la mitad de los muertos inocentes de las Torres Gemelas. No hay duda, en esta horrorosa conflagración se exhuman unilateralmente los odios más ancestrales de los fanáticos asesinos que dicen inspirarse en los mandatos de Alá pero provienen de la “Solución Final” de Himmler y el Gran Mufti. Por lo tanto, las discusiones no serán difíciles de abreviar. Para comprobarlo, observemos una síntesis del movedizo siglo veinte.

La presunta “usurpación” de Israel: El título de la pequeña porción territorial de la Palestina adjudicada a los judíos en 1948 ha sido otorgado en perfecto acuerdo normativo con la Carta de las Naciones Unidas. La Asamblea General de la ONU lo decidió dentro de las facultades que le concedieron los estados miembros por mucho más de los dos tercios de la comunidad internacional con el voto en contra tan sólo de determinados países de la entonces Liga Árabe. A los árabes residentes en la región palestina adjudicada a Israel se les dio la opción de constituir otro Estado en las tierras señaladas en la misma “Partición” (hoy Jordania) o bien optar por quedarse dentro del nuevo Estado de Israel como hicieron muchos -y les ha ido muy bien- o emigrar a cualquier lugar de los países árabes o no árabes. Quienes trataron mal y humillaron a los palestinos “refugiados” fueron los demás países árabes que no los recibieron como tantas veces otros pueblos han admitido regocijados y generosos a los extranjeros que se acercaban a trabajar dentro de sus fronteras. Conducta típica de nuestros pueblos de todo el continente americano, también de Oceanía y demás regiones. La Argentina es un feliz ejemplo de convivencia entre árabes -llamados turcos- y judíos. Dos hijos de árabes inmigrantes fueron presidentes de la república en México y Argentina: Plutarco Elías Calles y Carlos Menem respectivamente. No conozco palestino alguno alcanzar el mismo destino protagónico entre los países árabes.

Hasta el día de hoy ciertos países árabes mantienen cientos de miles de palestinos en la triste situación de “refugiados”, algo mucho peor que extranjeros (típico caso del Líbano por manejos violentos de Hisbollah y la dictadura Siria) mientras otros árabes de distintas nacionalidades se encuentran cómodos y prósperos viviendo en diferentes tierras del planeta. Los desgraciados palestinos que huyeron del territorio israelí se fueron motivados por uno de los más siniestros nazis de la segunda guerra mundial, como a continuación algo se detalla.

El Gran Mufti de Jerusalem: Llamado Haj Amín al-Huseini, este personaje rodeó e inspiró a Hitler con la más repugnante obsecuencia tendiendo a recargar las densas baterías de odio que almacenaba el fhürer contra los judíos. Llegó a imitar el ridículo bigotito cuadrado que inaugurara el cómico Chales Chaplin en la década del veinte. El “título” de Gran Mufti lo obtuvo Huseini de un jerarca inglés que lo instituyó como si fuera el pontífice musulmán de la ciudad de Jerusalem. Logró de ahí inocular el veneno del antisemitismo entre la diversa comunidad árabe golpeada por las largas décadas del dominio de los turcos. Difundió y propagó el Gran Mufti las delirantes falacias elaboradas por determinados zares perversos -presoviéticos- a través de los llamados “Protocolos de los sabios de Sión”. Nunca estupideces tan flagrantes -y delirantes- hicieron tanto daño a un pueblo indefenso y sempiternamente perseguido. El corrupto Gran Mufti esparció por el mundo las canalladas de “Los Protocolos…” y “Mi Lucha” autoría de su enfermo jefe alemán. Prisionero y condenado como criminal de guerra por los aliados logró zafar, huir de la justicia internacional, refugiarse en Egipto y deambular por los países árabes para adiestrarlos en una morbosa asechanza contra los judíos del holocausto y del mundo entero. Desde Egipto el Gran Mufti llevó su pescado podrido por todos los pueblos árabes a superlativizar las terribles supercherías inventadas contra los judíos. Durante esos tiempos se conocían los detalles del Holocausto y el pueblo judío lograba reivindicarse de siglos y milenios de cacerías tan trogloditas como absurdas. Las padecieron desde la esclavitud bajo los faraones y el babilónico Nabucodonosor pasando por la expulsión de Fernando de Aragón hasta Stalin y los gulags y los pogroms y los campos de concentración nazis. Y los barcos cargados de judíos inocentes -sin patria- rechazados inclusive en los mismos puertos de Occidente.

El rais Gamal Abdel Naser: Personaje distinto al abominable Gran Mufti pero talvez más eficaz en consolidar el odio y la desconfianza de los árabes contra sus hermanos semitas los judíos. Naser asume como dictador simpático de Egipto en 1954 después de una carrera bastante similar a la de Juan Domingo Perón. Como coronel operó desde 1943 hasta lograr el derrocamiento del lustroso Rey Faruk en 1952, siempre escudándose en el líder militar Mohamed Naguib. Proclaman la República de Egipto en 1953 hasta asumir Naser -de 36 años- todos los poderes derrocando a su fiel Naguib en 1954. Desde este sitial emprende una serie de estruendosas nacionalizaciones preparando su expansión hacia el mundo árabe mediante una fusión con la dictadura de Siria en 1958. Logra cohesionar a la Liga de pueblos árabes y organiza una pretendida mega invasión y frustrada ocupación del territorio del Estado de Israel en 1967. Anteriormente el episodio del canal de Suez en 1956 había llevado a Naser a su máximo momento de esplendor en el mundo. En el conflicto por Suez los israelíes cometieron el error de invadir el desierto de Sinaí -para evitar las consecuencias del bloqueo del Canal- con el apoyo de Francia e Inglaterra. El presidente Naser contesta con una espectacular “nacionalización” del Canal sorprendiendo al mundo la actitud de Estados Unidos y la URSS, potencias que -junto a la ONU- no apoyaron a Israel, Inglaterra y Francia en aquellos momentos de Guerra Fría. Este mal paso de Israel provocó una mayor cohesión de los pueblos árabes contra el Estado judío y una escalada desequilibrante en las relaciones del Medio Oriente.

Encabezando el presidente Naser en 1967 la desigual contienda de la Liga Árabe contra el pequeño Estado judío situado en la Palestina, sorprendió al mundo el triunfo rápido y rotundo de la pequeña Israel en todos los frentes. No obstante la feroz derrota y evidente depresión del presidente egipcio -llegó a llorar en público- su popularidad internacional no decreció aunque la admiración por los dirigentes judíos aumentó sustancialmente. Recuérdase a Ben Gurion - Moshe Dayan - Golda Meir - Moshe Sharet - Isaac Rabin, etc. Rememórase esta circunstancia para rebatir la falacia de considerar al Estado Israelí siempre encolumnado con Estados Unidos y recordar las cabriolas históricas que se produjeron en las relaciones del Reino Unido con la consolidación del sionismo desde 1917 hasta 1956/67, pasando por el suceso de la Partición en 1947/48, cuando Inglaterra viró en favor de los árabes en el ejercicio del mandato sobre la Palestina.

El triunfo del Israel agredido derivó en la posesión del desierto de Sinaí en desmedro del territorio egipcio, las alturas del Golán amputadas a Siria, la posesión de la ciudad de Jerusalem y el corrimiento de otras fronteras como elementos de negociación tras el triunfo obtenido. Así se llegó hasta la paz obtenida con Anwar el Sadat, sucesor de Naser en la presidencia de Egipto quien obtuvo la devolución del Sinaí. Naser había fallecido joven en 1970 -52 años- víctima de una diabetes y cardiopatía desencadenante. El asesinato del líder Sadat por un fanático de los grupos belicistas musulmanes y a su vez el crimen de Isaac Rabin ejecutado por un estúpido fundamentalista judío perturbaron el ansiado camino a la paz que tanta falta hace en la región para la natural convivencia y desarrollo de los pueblos conformados por judíos y palestinos. Mientras tanto los mercaderes de la violencia y la guerra manejados por determinadas tribus amparadas por los gobiernos terroristas de Irán y Siria (financiadores de Hamas y Hisbollah), los taliban de Afganistan, Pakistan y Yemen, a los cuales se les suman los fundamentalistas musulmanes de Egipto y el resto de la península arábiga. Estos grupos componen una masa informe y brutal de beligerancia que se ha propuesto exterminar a los judíos mediante consignas claramente similares a las de Hitler y el Gran Mufti. La Jihad Islámica va más lejos, anhela el exterminio de todo aquel que no profesa el Islam, no le basta con arrojar al mar a todo el pueblo judío. Los atentados terroristas de Al Qaeda y la Jihad pretenden la destrucción de todo el Occidente y en la Argentina mantienen sus cómplices desembozados.

*El autor es historiador, periodista y ensayista. Ha sido profesor adjunto de derecho internacional público de la Universidad de Buenos Aires. Cortesía Fundación Atlas 1853.

 


 


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