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D' Elia: los miserables y el poder
22-11-2006, Pablo López Herrera

“Colgamos a los pequeños ladrones.
A los grandes les damos un cargo público”
Esopo

 

Las luces del escenario de la semana política nos muestran la salida de D' Elia como si hubiera sido el efecto de una reacción saludable del Presidente. Más que analizar un asunto de Estado, buscamos en nuestro interior el calificativo más aplicable para los protagonistas, y nos surge espontáneamente el de miserables. Todo el acontecimiento obedece a la lógica de este tipo de personajes. Como hay diferentes modos de ser miserable, y de todos hay en nuestro país, haremos unas disquisiciones sobre el tema en general de los miserables, y el análisis de la provocación del piquetero y sus resultados luego.

 

Los cuatro tipos del miserable argentino

 

El "mataburros" nos da cuatro acepciones de la palabra miserable. Las cuatro nos sirven para calificar varios grupos sociales –colectivos dirían los españoles modernos- que son victimarios o victimas en Kirchnerlandia.

 

Con la primera acepción, que es la de "desdichado o infeliz" podemos calificar a la población en general. Particularmente la gente que trabaja y contribuye con sus impuestos a mantener a los energúmenos, los manipuladores, y de un modo más general al circo del poder público que vive de los impuestos y las retenciones, dineros que en lugar de ser utilizados para generar más riqueza y más trabajo se volatilizan y esfuman tras los manejos de los charlatanes de la política.

 

Con la segunda acepción: "abatido, debilitado, decaído, sin valor ni fuerza" calificamos a la innumerable cantidad de personas -que no forman parte de los sectores mas favorecidos- que se agotan en la esterilidad de sus esfuerzos para sobrevivir y crecer, y se entregan finalmente al convertirse nuestro país cada vez más en un campo hostil para las actividades económicas, políticas y sociales que deberían disponer de un marco interno mucho más favorable, o por lo menos neutro.

 

Con la tercera acepción comprendemos a los que solo tienen en cuenta su interés, generalmente pecuniario, y el de su núcleo de pertenencia: los "mezquinos"; ya sea en lo económico, o en la falta de entrega personal. Aquí no se puede dejar de pensar en la gran necesidad de liderazgos personales, y en las dificultades que encuentran quienes luchan por las ideas de la libertad económica y política para financiar sus actividades, mientras los principales beneficiarios miran para otro lado cuando de contribuir se trata. Aquí estarían los que alguien calificara como "miserables VIP".

 

Con la cuarta acepción nos referimos a los "perversos, abyectos y canallas”. Y aquí, sin entrar en calificaciones personales, no podemos dejar de pensar en que tenemos que discurrir sobre el tema del título, y al juego al que se han prestando tanto el presidente como D'Elía.

 

La provocación del piquetero y sus resultados

 

Sería tan superficial quedarse con reflexiones sobre calificativos como minimizar la importancia del piquetero de afilada lengua y lanza en ristre. Porque atrás de las componendas, de las operaciones políticas y de los ruidos de la comunicación, hay algo más importante y grave. La sociedad no es la misma luego del paso de estos personajes, para peor.

 

El ex piquetero-funcionario asume un rol como el de una Corte Suprema unipersonal y se pone por encima de la decisión de la justicia argentina al juzgar al dictamen judicial que acusa a Irán por el atentado a la AMIA como si no fuera funcionario público.

 

El ex piquetero-funcionario se pone por encima del presidente y del ministro de RREE al hacer la presentación de su carta en mano y con foto al encargado de negocios de Irán. Asume una especie de rol virtual y unipersonal como el de las Naciones Unidas al afirmar que ni los Estados Unidos ni Israel tienen "autoridad moral sobre la lucha contra el terrorismo".

 

El ex piquetero-funcionario d defiende de un modo explícito a Irán, soporte del terrorismo internacional, con el aval (¿solo moral?) de Chávez y en la misma línea ideológica de Hebe, madre putativa del presidente que apoyó al Hezbollah, a la ETA, y también explícitamente al piquetero-funcionario en agosto de este año con el tema de la ocupación de tierras en Corrientes (**). Los vasos comunicantes (¿virtuales o reales?) entre estos grupos de presión son evidentes(***).

 

El ex piquetero-funcionario, que también perteneció al movimiento Paz y Justicia manejado por Adolfo Pérez Esquivel, a la democracia cristiana y a la gobernación de Cafiero, al afirmar que: "si se derrumba Irán todo lo que hicimos en América latina va para atrás", reconoce la estrecha ligazón de las causas revolucionarias.

La causa que anima al piquetero está manifestada con absoluta claridad en su carta al encargado de negocios iraní en Buenos Aires, Mohsen Baharvand: "La FTV, como la inmensa mayoría del pueblo argentino, rechaza toda forma de terror. Y por encima de todo, el terror de estado, como las masacres cometidas por las tropas de ocupación en Afganistán, Irak, Líbano y contra el pueblo palestino, que dejaron países devastados y centenares de miles de muertos."
Del terror que aplican los terroristas no especifica nada, aunque al periodista imbécil se le contestará -si osara preguntar- que está implícito en "toda forma de terror". Del terror del socialismo cubano o soviético, tampoco se lo oyó nunca hablar.
¿Quién tiene la culpa?

 

Un conocido dirigente socialista calificó a D'Elía como "el hombre del presidente en la calle". El presidente lo usó para el apriete y la "contención" y D'Elía usa al presidente para obtener poder y dinero para sus fines políticos. Ambos tienen en común, de un modo diferente, un particular gusto por el autoritarismo, la prepotencia, la polémica agresiva y un espíritu mesiánico.

 

Con Bonasso, D'Elía estuvo en primera fila de la organización del acto en Mar del Plata paralelo a la Cumbre, en la que Kirchner "retó" a Bush sirviéndoles a Hugo Chávez y a Evo Morales y al mismo Kirchner para un juego de pinzas anti USA.

 

D'Elía se cansó de provocar al presidente que lo nombró -con la intención de utilizarlo como ariete- con el fin de empujar los límites del autoritarismo de Kirchner hacia un socialismo mas anárquico y real. Es evidente que se siente más cómodo con Chávez o con Morales que con los Kirchner.

 

El destino personal del renunciado subsecretario de Tierras para el Hábitat Social y de quien lo suceda de su equipo es irrelevante.

 

El problema de fondo

 

Mientras los medios se preguntan si la despedida es real o no, o si Kirchner sale perdiendo, al mismo tiempo dejan de ver que el piquetero es y seguirá siendo un activo militante de la revolución a la violeta, que es como se hace aquí la revolución, disfrazándola bajo las apariencias de "causas populares" y "movimientos sociales". El verdadero problema está allí. Los personajes como D'Elía solo cambian de monta y siguen con la misma militancia.

 

Castells, un hombre que va de frente y a quien miman los centristas como Blumberg y otros, tiene las ideas claras: "nos solidarizamos con D´Elía frente al ataque del kirchnerismo y hacemos propio el documento presentado en la embajada de Irán".

 

¡Que siga la fiesta! Usted paga la cuenta.

Luego de renunciado, el piquetero definió claramente a los medios la causa que apoya y los límites de su compromiso con el patagónico.

La causa: "Yo estoy orgulloso de la presidencia de Néstor Kirchner y muy comprometido por todo lo que está sucediendo en la región. Nuestra alianza es inquebrantable, estamos esperanzados en que se sigan produciendo importantísimos cambios" ... "Ratifico mi compromiso con el proyecto que encabeza Néstor Kirchner en el marco de una nueva oportunidad histórica para el continente latinoamericano, encarnada en los gobiernos de Lula, Chávez, Fidel, Evo y Tabaré"

Los límites: "Estamos arriba de un camión que va a 120 kilómetros por hora y no podemos pegar volantazos. Pero si el camión gira hacia Wall Street, los demócratas y Hillary Clinton por ahí ya no estemos más nosotros."

Y para los demás ... ¿que queda?


Mientras tanto, quienes pensamos distinto, sabemos que no tenemos derecho a ser miserables, ni tenemos derecho a la desesperanza.

 

Debemos y podemos hacer pié en nuestros principios y valores por encima de nuestra conveniencia personal, para no convertirnos en desdichados o infelices o abatidos o debilitados o decaídos, o en mezquinos o perversos, o en abyectos y canallas, y a carecer por fin de valor y de fuerzas.

 

Para ello solo nos queda inspirar nuestras acciones y reflexiones en los principios y la moral, y ocuparnos de que surjan finalmente los líderes y una verdaderamente "nueva política" digna de ese nombre. Debemos creer en que el poder de la virtud política y de los políticos virtuosos –en el sentido aristotélico- debería estar algún día por encima del poder de los miserables.


*Miembro del Consejo Consultivo de Atlas-1853. Autor de “Liderazgo: el arte de la alineación y del esfuerzo. / Artículo cortesía de la Fundación Atlas 1853


 


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