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Cuba y su Realidad Social 30-03-2017

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¿Un año nuevo?
24-01-2009, Hurtado, Rogelio Fabio

Cubamatinal/La Habana, enero/SDP/ Ojala este 2009 tan siquiera se acercase a merecer en Cuba ese adjetivo. Por la mezquina información que desciende de las altas esferas verde olivo, no podemos abrigar esperanzas de que así sea. A diferencia del 2008, que comenzó bajo el auspicio de una cierta apertura a las críticas, tras los varios huracanes se evaporó toda esa atmósfera, para reiterar el tono triunfalista y prepotente, ya incluso carente de aquel carisma ilusorio que las constantes intervenciones del Comandante en Jefe I conseguían insuflarle. El nuevo estilo es seco y ríspido, como cabría esperar de un General que al parecer no recuerda la enseñanza que Martí le impartiera al Generalísimo Máximo Gómez: “Un país no se gobierna como se manda un campamento”. Tampoco parece importarle demasiado el dicho de que en Cuba lo único que no se perdona es caer pesado.

Pasemos revista al año pasado, el primero de su mandato. El transporte urbano, al menos en la Capital, ha mejorado considerablemente. La energía eléctrica ha logrado estabilizar la generación, librándonos de los insoportables apagones programados. La oferta de productos de boca no ha marcado progreso ni abaratamiento alguno. Se ha considerado oficialmente positivo el hecho de mantener los niveles de precios que regían antes de los ciclones del verano. La presión económica que le imponen al pueblo los créditos bancarios concedidos para la adquisición de nuevos equipos electrodomésticos se hace sentir considerablemente, si bien hasta ahora no rebasan el nivel de protesta individual. El esfuerzo represivo contra las llamadas indisciplinas sociales y manifestaciones de corrupción, ha obligado a los practicantes de la economía sumergida a replegarse un tanto, pero está lejos de vislumbrarse la efectiva solución de esa compleja problemática. Como era de esperarse, los militares han cargado contra los ejecutores civiles, permitiéndole a la prensa oficial la divulgación de críticas elementales, siempre dirigidas contra las administraciones de base por sus frecuentes errores operativos.

En la economía agrícola, se dieron los primeros pasos para el arriendo de tierras estatales improductivas, pero aún no llegan a la mesa del cubano los beneficios de esta medida y los medios de prensa han dejado de mencionarla.
Respecto a la disciplina laboral, los muy trompeteados decretos de agosto del 2007 no parecen haber logrado gran cosa. El gobierno ha patentizado su voluntad de erradicar la vagancia, pero está enredado de mala manera, pues no dispone de acumulación financiera para crear nuevas fuentes de trabajo capaces de satisfacer ese interés, más político que económico, de la élite gobernante, que no se atreve a reactivar su vieja Ley, tan parecida a los Bandos que, en la década del 30 del Siglo XIX dictara el muy enérgico General Miguel de Tacón y Rosique.

En la vida política, permanecemos encadenados los más y aferrados los menos al Monopartidismo y a la estructura económica del Capitalismo de Estado, donde el Estado asfixia necesariamente a la Sociedad en nombre de unos ideales cada vez más abstrusos y divorciados de la realidad concreta.

Lo peor de todo, a mi entender, es la ausencia de voluntad de cambio que patentiza el equipo de gobierno, tan evocadora de aquel lema de los integristas en la Cuba colonial: Como va, siga. No parecen contar ya con la creatividad y la audacia que exige el presente y perseveran en la tosca línea represiva, tal como hicieron en el Siglo XIX sus padres y abuelos. Con soberbia tozudez, los gallegos de entonces, negándose a reconocer el derecho de los separatistas a la independencia, sólo favorecieron los intereses norteamericanos en la Isla, ante quienes no demoraron en rendirse. Cuando el actual Comandante General aparenta ignorar la existencia de cubanos opositores a su régimen, incurre en la misma torpeza política. Me gustaría recomendarle la lectura de los versos de Antonio Machado, sobre todo de aquel que dice:

El ojo que ves no es
Ojo porque tú lo veas,
Es ojo porque te ve.


 


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