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A cambiar la biografía de Cristina
23-01-2009, Martha Beatríz Roque Cabello

Cubamatinal/ Finalmente, se llevó a cabo la visita a Cuba de la presidenta de Argentina, Dra. Cristina Fernández de Kirchner. Desde que descendió del avión, en horas tempranas de la mañana del día 18 de enero, ya mostró cómo iba a ser su estancia en el país. A la prensa extranjera acreditada y otros órganos que vinieron a cubrir las conversaciones, los saludó con un mohín, desde bien lejos de donde estaba. No hubo alguna declaración a su llegada, lo que no les permitió a los periodistas preguntarle por los dos grandes enigmas que estuvieron latentes durante todo el tiempo que permaneció en la Isla: La oposición interna y la Dra. Hilda Molina Morejón.

Desde que el Ministro de Relaciones Exteriores de España visitara Cuba y se negara a reunirse con los que disienten del gobierno, comenzó el desfile de personalidades haciendo lo mismo: la Iglesia Católica, la Comisión Europea, etc., etc. Moratinos sirvió de referencia, pero de muy mal ejemplo. Y es que de esta forma, complacen a la dictadura y le permiten minimizar la oposición, o lo que es lo mismo multiplicarla por cero; aquí se conoce, en buen cubano como: “ningunear”. Aunque la Señora Presidenta tuvo oficialmente ocupado casi la totalidad de su tiempo, los interines seguramente los utilizó para los cambios de ropa y el cuidadoso maquillaje que ostentaba. Lo que descartaba la posibilidad que algunos acariciaron hasta el último momento, de que al final de la visita se resolvieran ambas intríngulis.

Su biografía, expuesta en la prensa, hablaba de su vocación por los derechos humanos, pero después de esta visita habrá que modificarla, ya que aquí hizo todo lo posible por agradar a los violadores y dejó sin atender a los que reciben el hostigamiento, las prisiones y las golpizas, incluyendo al pueblo cubano, ¡tan falto de libertades y de que se le respeten sus derechos!

En su afán de ser cortés con el régimen totalitario, en el Seminario de Oportunidades de Negocios, la dignataria reconoció el esfuerzo de la sociedad cubana para alcanzar los avances tecnológicos en circunstancias totalmente adversas, en clara referencia al “bloqueo” de los Estados Unidos de América.
Como es natural, ella sólo vio las vidrieras que le muestra el oficialismo. Se le explicó seguramente sobre los maravillosos centros tecnológicos, construidos a lo “Alejandro Magno”, pero no pudo ver la indigencia en que vive la sociedad cubana, con la cual -el actual gobierno, catalogado de populista por la izquierda en Centro y Sur América- no ha sido coherente, pues debió sacrificar un poco la prosopopeya que ha acostumbrado a utilizar para decir que es lo que va a ser, el mejor país en esto y en lo otro, y ocuparse más del pueblo. A los medios de prensa cubanos, al menos les dejó una crónica en la Escuela Latinoamericana de Medicina, a través de un pequeño papel que le enviara una alumna argentina, de lo cual se hizo todo un acontecimiento.

La Señora Presidenta trató –también- de agradar al público vistiendo una bata blanca de médico y refiriéndose a un estetoscopio como algo que le permitiría medir el corazón de algunos argentinos. Sería recomendable que comenzara por tantearse el suyo, que no mostró ninguna compasión por dos niños de su país que quieren reunificarse con su abuela paterna y que el dictador de turno -por continuar con uno de los caprichos de su hermano- no le permite hacerlo. ¡Qué decepción para su pueblo, que no pueda defender los derechos humanos de estos infantes!

Por su parte los disidentes, coinciden todos siempre en el mismo tema: la libertad de los presos políticos. Una conversación con ellos, hubiera versado sobre este tópico. Seguramente el régimen le dijo que no había esta categoría de prisioneros en Cuba. Pero son estos mismos, los que Raúl Castro ofreció cambiar por los cinco espías presos en las cárceles norteamericanas, como una señal de “gesto”, entre ambos gobiernos. También estaría en la conversación con los defensores pacíficos de los derechos humanos, la situación del “embargo”, pero no de ése al que ella se refirió como…”del que no se conoce historia en el mundo”, si no del otro, del que más daño le hace al pueblo cubano, del embargo de todas sus libertades.

La despedida de la mandataria al parecer fue tan insulsa como la llegada. No se hizo ningún reporte de conferencia de prensa, lo que parece indicar que la evitó en todo momento y fue premiada con una visita al “enfermo”, el actual “Compañero Fidel”, de la cual el pueblo cubano no tuvo información en su Noticiero de Televisión Estelar de las ocho de la noche; porque al parecer la noticia no había pasado el filtro oficial. Quizás no estuvieran preparadas las fotos que debían enseñarse, o que nunca se mostrarán. Pero a ella le quedó bien grabado el color del traje deportivo con el que estaba vestido Fidel Castro. Sin lugar a dudas era azul.

 

 


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