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Una aclaración sobre la solicitud de ayuda para mis nietos que dirigí a la presidenta de la Argentina
21-01-2009, Molina, Hilda

Cubamatinal/ Siempre que los cubanos necesitamos o deseamos salir de nuestra Patria o entrar en ella, tenemos obligatoriamente que pedir permiso al gobierno implantado en el país desde hace medio siglo. Sólo con ese permiso podremos lograr tan personalísimo objetivo.
Cuando en 1994 supe que iba a ser abuela, solicité mediante los trámites establecidos, el permiso de viaje imprescindible para visitar la Argentina, con vistas a asistir al nacimiento de mi primer nieto. Mi adorado primer nieto Roberto Carlos, cumplirá 14 años el próximo mes de Junio, y aun no lo conozco. Mi adorado segundo nieto Juan Pablo, cumplirá 8 años el próximo mes de Mayo, y aun no lo conozco. La Convención para los Derechos del Niño de la UNICEF, reconoce a cada niño del mundo, el derecho a crecer en una relación normal con toda su familia. Jamás mis nietos argentinos, han podido disfrutar de esta bendita relación con su familia paterna cubana. Y esto es así, porque el gobierno cubano viola permanentemente sus derechos, al negarme durante más de catorce años el permiso para visitarlos; y al retener por la fuerza en Cuba durante dos años a mi anciana madre, impidiéndole viajar a la Argentina.
Aunque estoy consciente de que la libertad de movimiento dentro y fuera de la propia Patria, es un derecho indeclinable que Dios nos concede al crearnos libres y a Su imagen y semejanza; aunque estoy consciente de que éste es un elemental derecho reconocido y respetado en el mundo civilizado, he solicitado sin cesar y disciplinadamente, el permiso de viaje a las autoridades de la isla, pero mis gestiones han sido inútiles, porque el gobierno no solamente me lo niega, sino que ha respondido con mentiras, burlas y humillaciones. Ante esta realidad, he pedido y continúo pidiendo respetuosamente ayuda, a personas de otros países, reconocidas por su sensibilidad y su histórica defensa de los derechos humanos. Resulta realmente doloroso y degradante para una mujer de mi edad, implorar en pos de derechos que incuestionablemente me pertenecen, y que hombres endiosados se afanan en usurparme. Pero cuando suplico no lo hago por mí. Yo estoy dispuesta a asumir y a enfrentar cualquier sufrimiento, cualquier agresión. He pedido ayuda, porque me es imposible mantenerme callada frente al sufrimiento de los seres que más amo: nietos, nuera, hijo y madre. He rogado ayuda, porque con mi silencio me convertiría en cómplice de los que torturan cruelmente a las personas más vulnerables de mi familia: mis inocentes nietecitos; y mi madre anciana, enferma e indefensa.
Desde la edad de 15 años, vivo en una sociedad radicalmente politizada, donde todo obedece y responde a la política única del gobierno, donde todo está sujeto a férreos controles políticos. Sin embargo, nunca me ha gustado ni me ha interesado la política. No tengo aspiraciones políticas; carezco de habilidades políticas. Pero esto no ha sido óbice para que cumpliendo con lo que considero un elemental deber, critique pacíficamente aquí en mi país lo que en mi criterio merece crítica; y exponga las traumáticas experiencias que he vivido en estos últimos 50 años. Es por eso que cuando levanto mi voz en defensa de mis idolatrados nietos, y en defensa de nuestros derechos familiares, el gobierno cubano y sus voceros internacionales, tratan de descalificar mis sentimientos de abuela, de madre y de hija; e intentan promover la absurda y antihumana idea de que mi indiscutiblemente lógica actuación, tiene un trasfondo político.
Agradezco desde lo más profundo de mi corazón al Dr. Néstor Kirchner, pues su gobierno fue el primero de aquella nación que se preocupó por el sufrimiento de mi familia; agradezco a los miembros de ese gobierno, que con gran respeto, interés y perseverancia, recepcionaron y atendieron nuestra solicitud desde el inicio. Agradezco a la Dra. Cristina Fernández, la sensibilidad que ella y su gobierno han mostrado hacia la situación que viven mis nietos; y en especial, sus valiosas gestiones, que permitieron el viaje de mi madre a la Argentina el pasado año. Agradezco también al General Raúl Castro, su gesto racional y piadoso, al concederle el permiso requerido.
Recientemente conocí que la Sra. Presidenta de la Argentina, Dra. Cristina Fernández, viajará a Cuba. De inmediato le solicité a través de una carta, que intercediera en aras de que el gobierno cubano cese en su empeño de continuar impidiendo la felicidad de mis nietos, sus pequeños compatriotas. No le he pedido a la Excelentísima Sra. Presidenta de la Argentina, que suscriba mis pacíficas opiniones críticas sobre el régimen cubano. No le solicito que respalde mi condición de disidente. No intento derrocar al gobierno, ni le pido colaboración al efecto. No le he solicitado ayuda para lograr el respeto de nuestras libertades conculcadas. Yo sé que el valiente pueblo argentino sufrió los horrores de dictaduras militares. Yo conozco que cuando figuras prestigiosas de otros países visitaban y brindaban su apoyo a los que se oponían a esas dictaduras, aquellos valerosos argentinos se sentían menos desamparados, menos indefensos, más comprendidos, menos calumniados, menos olvidados. Aunque realmente necesitamos de una solidaridad similar; aunque Cuba necesita que no solamente sea escuchado y atendido el discurso único, monocorde y perenne del gobierno, no he pedido a la Excelentísima Dra. Cristina Fernández un respaldo semejante al que los opositores argentinos recibieron en la época de las dictaduras. Le he rogado únicamente, con humildad y desde el fondo de mi corazón, como sólo una abuela puede hacerlo, que ayude a dos inocentes niñitos argentinos, mis maravillosos nietos.
El gobierno cubano, experto en reclamar, exigir y protestar en múltiples tribunas, defendiendo intereses propios y ajenos; experto en poner condiciones al mundo entero, al tiempo que no admite condiciones; experto en exigir y al unísono violar derechos, no admite ni acepta el justo y sencillo reclamo de nuestra familia. El gobierno cubano olvida que el amor maternal vive en los genes mismos de todos los seres vivos femeninos; olvida que hasta las hembras de los niveles inferiores de la escala zoológica, seres no pensantes, sin política ni ideología, aman a sus retoños y luchan por ellos. Y es en base a esa evidente realidad, que la sagrada relación sustentada en los universalmente venerados amores de madres y abuelas, no debe ser nunca invadida, no debe ser nunca profanada, ni por políticas, ni por ideologías, ni por brutales venganzas. Las siempre demoníacas agresiones a la maternidad y a la doble maternidad implícita en la condición de abuela, hieren letalmente las entrañas mismas de la naturaleza; y niegan los principios básicos y elementales de la condición humana. Por eso nuestro sabio y admirable apóstol José Martí, paradigma del respeto, el amor, y la consideración que merece la mujer, primera y divina cuna de la vida, dijo en uno de sus maravillosos versos sencillos, “…no empañes tu vida diciendo mal de mujer”. Sería ciertamente muy bueno para nuestra Patria que los gobernantes cubanos, que han proclamado a Martí como autor intelectual de su revolución, siguieran las enseñanzas sobre la mujer y las familias de este hombre excepcional, el cubano más grande de todos los tiempos.
La sentida y respetuosa petición de apoyo para mis nietos, que como abuela dirijo a la Sra. Presidenta de la Argentina, en manera alguna constituye una presión ni sobre el gobierno argentino ni sobre el gobierno cubano. En la Argentina viven todos mis amores. Cuba es mi Patria. Sólo deseo que las relaciones entre ambas naciones, resulten beneficiosas para sus respectivos pueblos. ¿Es que existe una razón mínimamente aceptable, capaz de explicar el ensañamiento interminables del gobierno cubano con mis nietos argentinos? ¿Es que existe una razón mínimamente aceptable, que explique por qué el gobierno cubano me impide ser abuela y madre? ¿Por qué los que gobiernan en Cuba se comportan como si mi visita a mis nietos, y mis derechos de abuela y madre, constituyeran un peligro para el poder que ejercen en el país? Ruego a Dios que este mensaje sea acogido por los destinatarios. Con la misma sinceridad y buena voluntad con que yo lo envío. Ruego a Dios que las personas civilizadas, sensibles y desprovistas de ese odio prepotente, irreflexivo y obnubilante que deshumaniza al ser humano, al leer este mensaje, comprendan la verdad y justeza de mi sencillo reclamo. La que escribe estas líneas, una humilde abuela cubana de más de 65 años, sola y enferma en mi país, ruego a la Excelentísima Dra. Cristina Fernández, defensora histórica del respeto a los derechos humanos; y Presidenta de mis nietos, que si le es posible, por razones no políticas sino estrictamente humanitarias, ayude a mis nietos argentinos a poder disfrutar por primera vez en sus dulces existencias, de una relación normal con su abuela paterna; y que contribuya con sus valiosísimas y nobles gestiones, a que se hagan realidad en ellos las hermosas palabras de nuestro José Martí: “Los niños nacen para ser felices”.
http://www.hildamolina.blogspot.com

 

 


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