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Mujeres, presidentes y dictadores
10-01-2009, Tania Díaz Castro

Cubamatinal/ No es nada ridículo, como piensan algunos, que la esposa de un jefe de Estado sea considerada Primera Dama.

La presencia de este personaje en la República de Cuba no sólo fue una constante entre los años 1902 y 1958 del siglo pasado, sino que fue vista por la población con respeto. Desde Genoveva Guardiola, esposa de Don Tomás Estrada Palma, hasta Marta Fernández, la segunda esposa de Fulgencio Batista, son muchas las que se conservan en la memoria popular como cubanas que compartieron las funciones políticas de sus maridos. Entre ellas se destaca América Arias de Gómez, voluntaria de los mambises durante años.

Con la excepción del presidente Grau San Martín, quien nombró Primera Dama a su cuñada Paulina Alsina, y en un importante acto político colocó a su derecha a la escritora Renée Méndez Capote, de quien estaba enamorado, además de dejarse fotografiar en traje de baño junto a la famosa vedette Lina Salomé (su amante, según la prensa de la época); cada uno de los 18 presidentes que tuvo Cuba durante la República dieron a sus esposas el lugar que merecían.

No ha ocurrido lo mismo con las mujeres de los dictadores, tanto en el siglo pasado como en este. Al parecer, muchos de ellos prefieren no compartir la fama con sus mujeres.
Los dictadores, conocedores de la psicología de las masas, gustan de manipularlas e hipnotizarlas hasta convertirlas en sus esclavas. Mientras mantienen a la mujer de la intimidad, bien guardada en casa, donde sólo manda en el jardín y la cocina.

Son varios los dictadores que han ocultado o a sus mujeres, concubinas o esposas, quienes sólo se han conocido después de morir ellos. Hitler, por ejemplo, jamás presentó al pueblo alemán a Eva Braun, mujer con quien contrajo matrimonio unas horas antes de suicidarse. También Mussolini se opuso a que Clara Petacci, su amante de muchos años, lo acompañara ante las masas. Fidel Castro ha hecho lo mismo con Dalia Soto del Valle, con quien no ha contraído nupcias según confesó al cineasta Oliver Stone, a pesar de tener con ella cinco hijos.

Otros, en cambio, han aceptado, hasta cierto punto, que sus mujeres sean figuras públicas: José Stalin, Sadan Husein, Francisco Franco, Antonio de Oliveira, Augusto Pinochet, Alberto Fujimori, Jorge Videla, Slobodan Milosevic.

A los personajes que más han impresionado a las masas, como Jesús, Buda y Mahoma, no se les conoció ninguna mujer. Buda abandonó a la suya para predicar hasta su muerte. Según El Corán, el hombre es muy superior a la mujer. Jesús es visto aún por la Iglesia de Roma como una figura esencialmente solitaria, aunque algunas especulaciones sin sólidos fundamentos científicos ni históricos, sitúan a María Magdalena no como su discípula, sino como su mujer.

Quizás sea por eso que algunos dictadores con evidentes pretensiones mesiánicas prefieran ocultar a sus mujeres.


 


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